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martes, 12 de julio de 2011

Fernando de Portugal, Señor de Eca.

Hijo de Don Joao, Infante de Portugal y Señor de Valencia de Campos y de su esposa María Teles de Meneses. 


Nació un año antes de la muerte de su madre en 1378.

                                                              Escudo de los Eça.

Se dice que Fernando estaba casado o tal vez con muchas mujeres, todos ellos con vida. Otras fuentes dicen que se casó seis veces, con tres o cuatro de ellos con vida a la vez, pero sólo el nombre de la sexta esposa es conocida. 
Llegó a ser un hombre rico y poderoso.
Al parecer, este sexto, fue Isabel de Dávalos, hija de Pedro López de Dávalos, Adelantado de Murcia , y nieta de Ruy López de Dávalos , condestable de Castilla . Por ella tuvo:
  • Don Duarte de Eça (nacido c. 1415), un clérigo , que tuvo un hijo con su amante , tema aparentemente extinto en la línea masculina.
  • Don Pedro de Eça, el primer Alcaide-Mor de Moura , segundo Señor de Aldeia Galega da Merceana (nacido c. 1430, murió 1492), que se casó con Leonor Casca de Camões (nacido c. 1420), heredera de Moura, aparentemente extinto en línea masculina, y también tenía problema de la mujer desconocida, al parecer también extinguido en la línea masculina.
  • Doña Branca de Eça (nacido c. 1420), casado en primer lugar, Vasco Fernandes de Lucena (nacido c. 1420), con quien tuvo una hija que se convirtió en abadesa del Monasterio de Celas, en Coimbra , y se casó en segundo lugar, João Rodrigues de Azevedo,? º Señor de la Fonte de Louro (nacido c. 1410), y tenía edición
  • Doña Inés de Eça (nacido c. 1450), casado con su primera esposa a (Dom) García de Sousa Chichorro (nacido c. 1450), y tenía un hijo
  • Doña Catarina de Eça (nacido c. 1440, murió en popa. 1515), Perpetuo abadesa del Monasterio de Lorvão , que había problema por Pedro Gomes de Abreu, quinto Señor de Regalados (nacido c. 1440).
Por otra de sus esposas , que tenía:
  • Don Fernando de la Eça, la primera Alcaide-Mor de Vila Viçosa , al servicio del duque de Braganza (c. 1410 - Barcelos , Martín . 15 de agosto de 1501 o BEF 1513), casado con Juana de Saldanha (nacido c. 1410) , y tenía edición, también tuvo un hijo con una mujer desconocida, tema aparentemente extinto en la línea masculina.
  • Don García de Eça, el primer Alcaide-Mor de Muge (nacido c. 1410), casó en primer lugar a Joana de Albergaria (nacida c. 1410), y había problemas, aparentemente extinto en línea masculina, y se casó en segundo lugar, con doña Catarina Coutinho (nacida c. 1440)
  • Doña Leonor da Guerra o de Eça (nacida c. 1410), casada con Galiote Leitão,? º Señor de la Torre de Ota (nacido c. 1410), Noble de la Casa Real , y tenía descendencia.
Por otro que tenía:
  • Don João de Eça, primero Alcaide-Mor de Moreira , primero Señor de Aldeia Galega da Merceana (nacido c. 1420), casado con Mécia de Antas (nacido c. 1420), y tenía una hija
Por otro :
  • Don Diego de Eça (nacido c. 1410), casado con Joana da Silva (nacido c. 1410), sin problemas.
  • Doña Brites o Beatriz de Eça (nacido c. 1415), abadesa del Monasterio de Celas , en Coimbra , quien había problema por Dom João Gomes de Abreu, Obispo de Viseu (c. 1410 - 16 febrero 1482)
  • Doña María de Portugal, una religiosa de Santa Clara de Asís de Porto
  • Doña Inés de Portugal (nacido c. 1415), casada con Gonzalo Fernández de Hijar, primero Señor de el Valle del Jalón (c. 1410 a 1450), y tenía descendencia.
  • Doña Isabel de Portugal (nacido c. 1415), casada con Juan de Sotomayor (nacido c. 1410), y tenía una hija.
Por los demás :
  • Dom João de Eça (muerto en el Palanque de Tánger ), Comandante de Cardiga .
  • Don Diego de Eça, murió joven
  • Don Antão de Eça, un monje
  • Doña Beatriz de Portugal
  • Doña Catarina de Eça
  • Don João de Eça (nacido c. 1420, murió en popa. 1475), casado con Leonor de Xira (nacido c. 1420), tuvo un hijo que murió soltero y sin descendencia, tuvo por tema la mujer desconocida, ahora extinto, en la línea masculina.
Todos de diferentes mujeres, se dice que había 42 niños, entre hijos e hijas.

Al final de su vida se arrepintió de su vida inmoral y se dedicó a hacer monasterios.

El epitafio en su tumba dice: "Aquí yace Fernando de Eca hijo del Infante D. Joao nieto del Rey D. Pedro I de Portugal y de la Infante Inés de Castro su mujer, bisnieto del Rey D. Alfonso, el que venció la batalla de Salado. Este D. Fernando fue padre de D. Catarina, abadesa de Lorvao, que el aquí mandó trasladar en la era de nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de mil&quatrocentos&setenta&nove años, XXV días de Enero".

Murió después de 1450, con más de 72 años en Galicia, España.

El siguiente antepasado de mi esposa sería García de Eça. De él hablamos en otro enlace.


D. Joao, Infante de Portugal, Duque de Valencia de Campos

Nació en 1349, siendo hijo de Pedro I de Portugal y de su amante y después esposa la noble Inés de Castro.


Como tal fue Infante de Portugal y uno de los candidatos a reinar durante la crisis que se suscitó desde 1383 a 1385. En Portugal fue Infante y en Castilla, Duque de Valencia de Campos.


Contó con el apoyo de su padre, y después de su medio hermano el Rey Fernando.

Igual que su hermano Dionisio y posteriormente su hermana Beatriz, llamados los «Infantes de Portugal» o los «Infantes Castro», fue uno de los muchos nobles y miembros de la realeza portuguesa que se exiliaron en Castilla durante el reinado de Fernando I de Portugal. Cuando llegó a Castilla en 1376, el rey Juan I le concedió varias rentas. Volvió otra vez a Portugal en 1379 con el propósito de casar con su sobrina Beatriz de Portugal, hija de su medio-hermano, Fernando, apoyado por los que preferían un candidato portugués como esposo de Beatriz. Ya se encontraba casado con María Téllez de Meneses, hija de Martín Alfonso Téllez de Meneses y Aldonza Eanes de Vasconcelos, y hermana de la reina Leonor Téllez de Meneses y de Juan Alfonso Tello, VI conde de Barcelos. María había casado anteriormente con Álvaro Díaz de Sousa con quien tuvo descendencia. Debido a las intrigas de sus hermanos, la reina Leonor y Juan Alfonso Tello, quienes le habían sugerido su matrimonio con la infanta Beatriz, la legítima heredera del trono portugués, asesinó a María en noviembre de 1379 supuestamente por celos pensando que le había sido infiel. Fue perseguido por el otro hermano de María, Gonzalo Téllez, conde de Neiva y señor de Faria, y al final volvió a Castilla en 1380 donde su hermana, ya condesa de Alburquerque por su matrimonio con Sancho de Castilla, intercedió para que el rey Juan I le diera el señorío de Valencia de Campos. También recibió en 1380 el señorío de Manzanares el Real y después de la batalla de Aljubarrota en 1385, el señorío de Alba de Tormes para compensar por la pérdida del de Manzanares. El rey castellano le casó con su media hermana, Constanza Enríquez, hija ilegítima de Enrique de Trastámara.


Según nos informa el cronista Fernão Lopes gozaba de gran popularidad del pueblo y de la nobleza, por lo que se tornaba en un candidato potencial al poder en falta de varón heredero del Rey D. Fernando.


Imitando a su padre, se casó secretamente con María Teles de Meneses, noble portuguesa de la poderosa familia portuguesa de los Meneses y hermana de la Reina Leonor Teles de Meneses.


En 1378 tiene un hijo que lo llama Fernando, Señor de Eca.




En 1379, asesinó a su esposa, puesto que no entraba en sus planes para casarse otra vez y poder ser Rey. Supuestamente la asesinó por infidelidad pero a todas luces fue por ambición del poder real al hacer arreglos para casarse con la Infanta Beatria, su sobrina, e hija de su medio hermano el Rey Don Fernando.


Lejos de conseguir tal matrimonio, fue perseguido por la familia de María Teles de Meneses, ya difunta. Huyó a Castilla donde también se encontraba su hermano Dinis donde permaneció hasta la crisis de 1383 a 1385 durante el cual fue uno de los que clamaba por el trono en concurrencia con la Princesa Beatriz de Portugal, João, Mestre de Avis, e João I de Castela. Fue preso por orden de este en Castilla en el inicio de la crisis lo que lo apartó concretamente de la lucha por el trono portugués.


Fue no obstante defendido por el partido Legitimista-Nacionalista durante las cortes de Coimbra de 1385.


Se casó una segunda vez con Constanza de Castilla, Señora de Alba de Tormes, hija natural del Rey Enrique II.


  • Maria de Portugal (nacida en 1381), Señora de Valencia de Campos, de quien desciende la familia castellana Acuña (en portugués sería Cunha), Condes de Valencia de Don Juan (título Castellano), al haberse casado con Martim Vasques da Cunha (precisamente el principal partidario portugués de su suegro, referido arriba), hijo de Vasco Martins da Cunha 7º señor de Tábua
  • Beatriz de Portugal (nacida en 1382);
  • Joana de Portugal (nacida en 1384).



Tuvo además otros cuatro hijos naturales:


  • Afonso, Señor de Cascais (nacido en 1370). De seu 1º casamento com Branca da Cunha, Señora de Cascais, descienden los Castro, Condes de Monsanto; de su 2º casamiento con Maria de Vasconcelos descienden los Vasconcelos, Condes de Penela;
  • Pedro da Guerra (nacido en 1380) casó con Teresa Andeiro, de quien desciende la familia Távora y los Almeida, Condes de Abrantes;
  • Fernando de Portugal, Señor de Bragança (nació en 1385);
  • Beatriz Afonso (nacida em 1370).

Su cuñado, el rey Juan I de Castilla, en 1387 le nombró duque de Valencia de Campos, villa que después fue llamada Valencia de Don Juan, y donde inició la construcción del magnífico castillo. En 1392, Enrique III le confirmó su señorío de Alba de Tormes, y el infante Juan quedó en Castilla donde fijó su residencia sin volver a intervenir en los asuntos del reino vecino.
No se conoce con certeza el año de su defunción. Pudo ser después de 1393 y antes de 1397 cuando su hermano Dionisio recibió el apoyo del partido legitimista de Portugal. Un año antes, el 19 de septiembre de 1396, el rey Enrique III de Castilla confirmó el condado de Valencia de Don Juan a las hijas del infante, María y Beatriz. El historiador y genealogista Anselmo Braamcamp Freire cita una carta del rey Juan I de Portugal datada el 20 de septiembre de 1400 en la cual el monarca portugués menciona al «iffante dom Joham nosso irmão a que deos perdoe» aunque opina que la fecha puede estar errada ya que el infante aparece en 1402 confirmando unos privilegios del rey Enrique III de Castilla a la Catedral de Palencia.
Como todos los hijos de Inés de Castro, recibió sepultura fuera de Portugal y sus restos reposan en el Monasterio de San Esteban de la Orden de los Predicadores en la ciudad de Salamanca.


El siguiente antepasado de mi esposa sería Fernando de Portugal, el hijo que tuvo con María Teles de Meneses. Su enlace sería como Fernando de Portugal, Señor de Eca.




Fuente: 

  • Wikipedia.

PEDRO I DE PORTUGAL ENTRE DOS MUJERES.

PEDRO I, "EL CRUEL".

PeterIofPortugal.jpg

Era hijo de Alfonso IV, el Bravo y de Beatriz de Castilla y Molina.

Nacía en Coímbra, un 8 de abril de 1320.

Si preguntáramos por su nombre pocos conocerían lo que hizo o quién fue, pero de lo que sí estamos seguros es de que todos le conocen por un solo hecho, el asesinato pasional en el que se vio inmerso.

Sigamos hablando de él, que por cierto, es uno de los antepasados de mi esposa y seguiremos su descendencia hasta ver cómo enlaza con los Egusquiza.

En 1329 tuvo acuerdos para casarse con Blanca de Castilla y Aragón, hija del infante Pedro de Castilla, prima del rey Alfonso XI y nieta de Sancho IV y María de Molina. Nunca se consumó, pues la joven a los 14 años, parecía ser tan enfermiza que el infante renunció a casarse con ella. Blanca se convirtió en Abadesa del Monasterio de las Huelgas.

En el año 1339 contrajo matrimonio por segunda vez con la infanta Constanza Manuel de Castilla (1316-1345), hija de Juan Manuel, duque de Peñafiel.
Constanza Manuel de Villena  - Archivo CSEC                                
Cosntanza Manuel.                                             Cosntanza Manuel.   
                                                                             
 De esta unión nacieron tres hijos:
  • Luis, nacido en el año 1340 y fallecido ese mismo año;
  • María (1342 - 1367), quien se casó con el infante Fernando de Aragón, marqués de Tortosa e hijo de Alfonso IV;
  • Fernando el Hermoso (1345 - 1383), rey de Portugal con el nombre de Fernando I.

Como dama de compañía de la Reina Constanza Manuel, vino a Portugal,la gallega noble Inés de Castro, prima de Cosntanza e hija de Pedro Fernández Castro primer señor jurisdiccional de Monforte de Lemos y de Aldonza Lorenzo de Valladares.
Su padre, Pedro Fernández de Castro, primer Señor jurisdiccional de Monforte de Lemos, precursor de la saga del Condado de Lemos y nieto del rey Sancho IV el Bravo, pertenecía a una de las familias más antiguas e ilustres de Galicia; su madre, Aldonza Lorenzo de Valladares, era descendiente del rey Alfonso VI el Bravo.
Inés queda huérfana de madre siendo muy niña, fue enviada al castillo de Peñafiel (Valladolid), donde creció en compañía de Constanza Manuel, destinada a ser su dama de compañía.

Antes de llegar a Portugal con Cosntanza, Inés y Constanza abandonaron la corte de Peñafiel en 1340, e Inés residió en Lisboa o Coímbra en calidad de dama parente, y añade la tradición que, en el instante de su llegada a la corte de Alfonso IV el Bravo, excitó una viva pasión en el corazón del infante heredero Pedro. Inés de Castro, amada apasionadamente por el heredero del trono portugués, y viviendo la esposa legítima de éste, era de muy noble estirpe para tomar ostensiblemente el título de prostituta real del infante; pero lo cierto es que los amores de Inés y de Pedro excitaron la pasión de los celos en Constanza. 

Don Pedro se enamoró locamente de esta joven, que a la vez era su prima segunda y que probablemente era 5 años menor que él.


La describían a Inés como:  “bellísima, de esbelto cuerpo, ojos claros y colo de garça”


En sus Diarios, Inés de Castro confiesa:

“Lentamente acercó sus labios a mi blanca piel y me desvistió. Como amantes, nos olvidamos de todo: de Constanza, del rey, de los criados que caminaban silenciosos. Jamás existió músico alguno capaz de componer melodía tan dulce, tan perfecta”.



Constanza urde una estratagema para separar a los enamorados; designa a Inés madrina del recién nacido infante D. Luis, confiando en que el parentesco espiritual así adquirido indujese a los amantes a poner término a la relación. No se sabe si el artificio surtió efecto, la fortuna, una vez más, se muestra esquiva con la princesa. El infante muere a los pocos meses y el romance continúa.


Ante el giro de los acontecimientos, el rey decide actuar con energía. Destierra a Inés de Portugal, confiando en que la separación física de los amantes mitigue su ardor. La maniobra surte poco efecto. En espera de tiempos mejores, de acuerdo con D. Pedro, la novia busca refugio en el castillo de Albuquerque, pequeña localidad extremeña a la vista de la frontera portuguesa.

A los nobles portugueses esta relación no les gustó mucho y declararon a sus hijos ilegítimos. Era todo un escándalo en la corte y era la comidilla de los rumores fuera de ella también.

Sin embargo, Cosntanza, el 13 de noviembre de 1345 muere de parto al tener a Fernando.


Pedro rescata a Inés de su destierro y se van a vivir al norte de Portugal alejados de la corte.
En 1354, nueve años después convierte secretamente a Inés, en su esposa,  santificando su unión ante el obispo de Guarda y de algunos servidores; pero si la unión fue bendecida, ningún documento pudo presentarse que lo probara; nada especificó los derechos que adquirían la nueva esposa y sus hijos, y ninguno de los testigos del matrimonio, ni el mismo príncipe, cuando llegó a ocupar el trono, pudieron asignar una fecha precisa a aquel matrimonio clandestino que debía dar una reina a Portugal.

Tuvo cuatro hijos con Inés de Castro:
  • Alfonso (¿? - ¿?), muerto en la niñez;
  • Beatriz (1347 - 1381), quien se casó con el infante Sancho de Castilla, hijo de Alfonso XI el Justiciero y Conde de Albuquerque y Haro;
  • Juan (1349 - 1387), duque de Valencia de Campos;
  • Dionisio (1354 - 1397).


 Mas adelante, ante la aparente calma de la situación, retornan a Coimbra, yendo a vivir en la vecindad del Convento de Santa Clara, en una finca situada en las laderas del valle que baña el río Mondego. En recuerdo de los sucesos que narramos, el solar se donde se asentaba es llamado “Quinta das lágrimas” 
Inecastro.jpg  

INÉS DE CASTRO.

 Inés influyó fuertemente en la política interna de Portugal durante el reinado de Alfonso IV. Alfonso IV el Bravo había trasladado su corte a Montemor-o-Velho, cuando varios personajes influyentes, enemigos de la familia Fernández de Castro, persuadieron al rey de que era preciso disminuir las pretensiones de aquella casa poderosa que se hacia temer casi tanto en Castilla como en Portugal, y que el medio más seguro de conseguirlo era quitar la vida a Inés, que iba a subir al trono de Portugal. Los principales instigadores de este atentado fueron tres señores enemigos de los Castro, llamados Alonso Gonçálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. Dudó el rey, pues veía por una parte el peligro de su nieto el hijo de Constanza, (Fernando) y por otra parte consideraba acción cruel matar a una mujer inocente de toda culpa. Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que el rey aprovechó un día en que el infante Pedro había organizado una cacería, y se dirigió secretamente al Monasterio de Santa Clara, próximo a la “Quinta das lágrimas” en Coímbra. Cuando Inés supo la llegada de su suegro el rey, y sus intenciones, se rodeó de sus hijos y salió a esperar al monarca, a quien supo conmover con lágrimas y súplicas. Se marchaba ya el rey, cuando algunos caballeros que con él iban para presenciar la muerte de Inés, entre ellos Gonzálvez, Coelho y López Pacheco, le suplicaron que les enviase a matar a Inés, y no debió oponerse el rey, puesto que los dichos caballeros entraron adonde estaba Inés y la mataron a puñaladas.


Pedro se levantó contra su padre, pero inexplicablemente le perdonó finalmente.

En el año 1357 al fallecimiento de su padre lo sucedió en la corona portuguesa, exactamente el 8 de mayo. Al ser coronado anunció el casamiento en secreto con Inés y su intención de que fuera nombrada reina de Portugal y también se ocupó de ajusticiar con prontitud a sus asesinos (Pêro Coelho y Álvaro Gonçalves). Según la crónica del propio rey, hizo exhumar y coronar a su lado.


Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que le rindieran pleitesía a la muerta; todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano. El cadáver permaneció allí por años, ante la mirada horrorizada y asqueada de sus hijos y súbditos.
Además de perseguir de forma brutal a los asesinos de su esposa, también persiguió a gente de todas las clases sociales y realizó reformas institucionales para liberar a la corona portuguesa de la intervención papal y de la iglesia. Su esposa Constanza era una princesa castellana; tal vez por esa razón Pedro se unió a una invasión del Reino de Castilla planeada por la Corona de Aragón.



Asesinato de Inés.


Archivo:Tumulo de Ines de Castro.jpg


Sepulcro de Doña Inés de Castro.

Suntuosos fueron los funerales que se hicieron a Inés; su cuerpo fue depositado en Alcobaça en una tumba de mármol blanco, con una efigie coronada que Pedro había hecho preparar de antemano, y cerca de la cual hizo erigir su propia sepultura. Dispuso que los catafalcos se tocaran los pies: quería que el día de la resurrección, al levantarse, su primera imagen a contemplar fuera la de Inés. La descendencia de Inés no ascendió directamente al trono, pero contrajo alianzas con todas las familias reinantes en Europa, en especial su hija Beatriz. Ciertamente de esta se desprendió una gran descendencia materno-lineal, con unos soberanos que posteriormente serían famosos: en primera generación sus hijos, en segunda, la hija de Beatriz, Leonor de Alburquerque, reina de Aragón; en tercera generación, Alfonso V de Aragón, María de Aragón (reina de Castilla), Juan II de Aragón, Enrique de Aragón,Leonor de Aragón (reina de Portugal) y Pedro de Aragón, conde de Alburquerque; en cuarta generación, Enrique IV de Castilla, Alfonso V de Portugal,Fernando de Avis, duque de Viseu, Leonor de Portugal y Aragón (emperatriz germánica) y Juana de Portugal (reina de Castilla); en quinta generación,Maximiliano I de Habsburgo, Kunigunde de Habsburgo (duquesa de Baviera) y Juana la Beltraneja; en sexta generación, Guillermo IV de Baviera y Luis X Duque de Baviera.


La última escena sucede siete años más tarde. Antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en el Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

De sus relaciones con Teresa Gille Lourenço nació un hijo ilegítimo:
  • Juan el de Buena Memoria (1357 - 1433), Fundador de la Dinastía de Avis, Gran Maestre de la Orden de Avis y rey de Portugal con el nombre de Juan I.

A su muerte en el año 1367, a los 47 años de edad le sucedió en el trono su hijo Fernando.


El tercer hijo de Inés de Castro con Pedro fue el siguiente antepasado de mi esposa, Juan o Joao, quien nació en 1349. Con él seguiremos en el enlace que lleva su nombre: D. Joao, Infante de Portugal, Duque de Valencia de Campos


Fuente:

  • Wikipedia.



martes, 5 de julio de 2011

LA LOCA FAMILIA DE ISABEL LA CATÓLICA.

JUANA LA LOCA..

juana-la-loca.jpg


Nacía en Toledo el año de 1479, el 6 de noviembre, fue la tercera hija de los famosos Reyes Católicos. Nacía ya con el título de Infanta de Castilla y Aragón.


SUS PADRES:


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Tenía gran parecido físico a su abuela paterna, doña Juana Enríquez, por lo que, embromándola, Isabel llamaba a su hija "mi suegra". Sus padres le procuraron una esmerada educación, entre sus preceptores se hallaba Beatriz Galindo.


Desde pequeña se dice que era inteligente y recibió como todas las infantas, una educación privilegiada. Aunque su madre no tenía mucho tiempo para ella, se dice, según T. de Azcona, a la que «nunca llegó a entender y dirigir».  


En un tiempo tuvo un pensamiento místico y quería ser monja.


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Como ya era costumbre en la Europa de esos siglos, Isabel y Fernando negociaron los matrimonios de todos sus hijos con el fin de asegurar sus objetivos diplomáticos y estratégicos. Conscientes de las aptitudes de Juana y de su posible desempeño en otra corte, así como la necesidad de reforzar los lazos con el Sacro Emperador Romano Germánico, Maximiliano I de Habsburgo, contra los cada vez más hegemónicos monarcas franceses de la dinastía Valois, ofrecieron a Juana para su hijo, Felipe, archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, de Habsburgo, de Hainaut, de Holanda, de Zelanda, Tirol y Artois, y señor de Amberes y Malinas entre otras ciudades. A cambio de este enlace, los Reyes Católicos pedían la mano de la hija de Maximiliano, Margarita de Austria, como esposa para el príncipe Juan. Anecdóticamente, Juana ya había sido considerada por el Delfín Carlos, heredero del trono francés, de la Dinastía Valois, y en 1489 pedida en matrimonio por el rey de los escoceses, Jacobo IV, de la Dinastía Estuardo. 

En agosto de 1496, la futura archiduquesa partió desde la playa de Laredo, Cantabria, en una de las carracas genovesas al mando del capitán Juan Pérez. Pero la flota también incluía, para demostrar el esplendor de la Corona Castellana a las tierras del norte y su poderío al hostil rey francés, otros 19 buques, desde naos a carabelas, con una tripulación de 3.500 hombres. Juana fue despedida por su madre y hermanos, e inició su rumbo hacia la lejana y desconocida tierra flamenca, hogar de su futuro esposo. La travesía tuvo algunos contratiempos que, en primer lugar, la obligaron a tomar refugio en Portland, Inglaterra, el 31 de agosto. Cuando finalmente la flota pudo acercarse a Middelburg, Zelanda, una carraca genovesa que transportaba a 700 hombres, las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales, chocó contra un banco de piedras y arena y se hundió. 



Juana, por fin en las tierras del norte, no fue recibida por su prometido, que se encontraba en Alemania. Ello se debía a la oposición de los consejeros francófilos de Felipe a las alianzas de matrimonio pactadas por su padre el Emperador. Aún en 1496, los consejeros albergaban la posibilidad de convencer a Maximiliano de la inconveniencia de una alianza con Castilla y las virtudes de una alianza con Francia. El ambiente de la corte con el que se encontró Juana era radicalmente opuesto al que ella vivió en su Castilla natal. Por un lado, la sobria, religiosa y familiar corte castellana contrastaba con la festiva, desinhibida e individualista corte borgoñona-flamenca. En efecto, a la muerte de la emperatriz María de Borgoña, la casa de Felipe, de 4 años, había sido rápidamente dominada por los grandes nobles borgoñones, principalmente a través de consejeros adeptos y fieles a sus intereses. A diferencia de Castilla, las grandes decisiones eran tomadas de acuerdo con los fines de estos importantes nobles a través del influenciable Felipe. 


Con ese matrimonio celebrado el 21 de agosto de 1496, con tan solo 16 amitos, adquirió los títulos de archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes.


Aunque no se conocían se enamoraron locamente el uno del otro, pero fiel a las hormonas de cualquier macho, cuando obtuvo la saciedad sexual, se aburrió de ella y cambió de menú. Al notarlo Juana, empezó a tener celos patológicos de Felipe.


El 24 de noviembre de 1498, en la ciudad de Lovaina, cerca de Bruselas, nació su primogénita, Leonor, llamada así en honor a la abuela paterna de Felipe, Leonor de Portugal. Juana vigilaba a su esposo todo el tiempo, y pese al avanzado estado de gestación de su segundo embarazo, del que nacería Carlos (llamado así en honor al abuelo materno de Felipe, Carlos el Temerario), el 24 de febrero de 1500, asistió a una fiesta en el palacio de Gante. Aquel mismo día tuvo a su hijo, según se dice, en los lavabos del palacio. Al año siguiente, el 18 de julio de 1501, en Bruselas, nació su tercera hija, llamada Isabel en honor a su abuela materna, Isabel la Católica. 


De sus devaneos de celos patológicos existen dos anécdotas:


Agredió a una dama de compañía, cortándola el cabello con sus propias manos, por tener sospechas – parece ser que con total fundamento - de ser una de las furtivas amantes de Felipe.


El 24 de febrero de 1500 nace su segundo hijo, Carlos, el futuro Emperador. Cuenta la tradición que el parto tuvo lugar en un pequeño retrete del palacio de Gante, porque Juana, a pesar de su avanzado estado de gestación, acudió a una fiesta para vigilar de continuo a su marido, sorprendiéndola allí la rotura de aguas.


A partir del nacimiento de Carlos, la pareja se volvía a unir pero probablemente porque Felipe quería acceder al poder en España como su rey.


Muertos sus hermanos Juan (1497) e Isabel (1498), así como el hijo de ésta, el infante portugués Miguel (1500), Juana se convirtió en heredera de Castilla y Aragón, siendo jurada junto a su esposo por las cortes en Toledo el 22 de mayo de 1502. Cuando en 1503 su marido, Felipe, se marchó a Flandes a resolver unos asuntos, parece ser que se agravó su estado mental. Decidió entonces partir a Castilla junto a sus padres, especialmente por petición de su madre, preocupada por su estado de salud, pues estaba encinta por cuarta vez. En Bruselas se quedaron sus tres hijos mayores. El 10 de marzo de 1503, en la ciudad de Alcalá de Henares, cerca a Madrid, dio a luz un hijo, al que se llamó Fernando en honor a su abuelo materno, Fernando el Católico. 


 El 10 de marzo de 1503 nacía en Alcalá de Henares el cuarto hijo del matrimonio: Fernando, futuro Emperador de Alemania y rey de Hungría y Bohemia.


Muerta la reina Isabel de un cáncer en medina del campo(26 de noviembre de 1504), se planteó el problema de la sucesión en Castilla. Su padre Fernando la proclamó reina de Castilla y tomó las riendas de la gobernación del reino acogiéndose a la última voluntad de Isabel la Católica. 

Pero el marido de Juana, el archiduque Felipe no estaba por la labor de renunciar al poder y en la concordia de Salamanca (1505) se acordó el gobierno conjunto de Felipe, Fernando el Católico y la propia Juana. Juana resolvió retirarse temporalmente a la corte de Bruselas, donde el 15 de septiembre de 1505 dio a luz a su quinto hijo, una niña llamada María. 
A la llegada del matrimonio de los Países Bajos, se manifestaron las malas relaciones entre el yerno (apoyado por la nobleza castellana) y el suegro de modo que por la concordia de Villafáfila (junio de 1506), Fernando se retiró a Aragón y Felipe fue proclamado rey de Castilla en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I. 


La alegría dura poco. A comienzos del mes de septiembre de 1507 don Felipe jugaba un partido de pelota en Burgos. Cuando termina, sudoroso, bebió agua helada; al día siguiente se sintió con fiebre. Nunca se repuso y el 25 de septiembre de 1507 fallecía. Se propalaron algunas especulaciones sobre la posibilidad de un envenenamiento, que la investigación histórica no ha podido corroborar.


Ella no quiere firmar absolutamente nada, solo mira al vacío.



En el momento de recibir la desgraciada noticia, viuda a los 26 años, no derramó una sola lágrima; pero su rostro adquirió para siempre un rictus de desconsuelo. Su amado Felipe fue enterrado de manera provisoria en Burgos, desde donde debía ser trasladado a la Capilla real de Granada, el lugar indicado por el protocolo. Pero una repentina epidemia aconsejo a la reina trasladarse a la Cartuja de Miraflores (Burgos), donde llevó consigo el féretro. Juana no dejó de acudir un solo día a la cripta; luego de almorzar en el monasterio, pedía a los monjes que abrieran el ataúd para acariciar a su marido. Le aterraba pensar que podrían llevar el cadáver de Felipe a Flandes, y necesitaba constatar a diario de que el cuerpo seguía estando allí.
El 20 de diciembre de ese año, en medio del durísimo invierno burgalés, con la reina en avanzado estado de gestación, comienza el traslado del cadáver hasta el panteón real de Granada, en un lúgubre vagar por los campos y ciudades abrazada al ataúd. El tétrico espectáculo de la comitiva, la cara pálida y aterrada de Juana, conmocionaban a la gente en los caminos. La comitiva, encabezado por la viuda, viajaba siempre de noche y alojándose en lugares donde las mujeres no pudiesen tener contacto con el cortejo, lo que aumentó las noticias de la locura de doña Juana.



En ese momento Juana decidió trasladar el cuerpo de su esposo, desde Burgos, el lugar donde había muerto y en el que ya había recibido
sepultura, hasta Granada, tal como él mismo lo había dispuesto viéndose morir (excepto su corazón que deseaba que se mandase a Bruselas, como así se hizo), viajando siempre de noche. La reina Juana no se separará ni un momento del féretro, y este traslado se prolongará durante ocho fríos meses por tierras castellanas. Acompañan al féretro gran número de personas entre las que hay religiosos, nobles, damas de compañía, soldados y sirvientes diversos que, cual procesión sirve ésta para que las murmuraciones sobre la locura de la reina aumenten cada día entre los habitantes de los pueblos que atraviesan. Después de unos meses, los nobles «obligados» por su posición a seguir a la reina, se quejan de estar perdiendo el tiempo en esa «locura» en lugar de ocuparse como debieran de sus tierras. En la ciudad de Torquemada (Palencia), el 14 de enero de 1507, da a luz a su sexto hijo y póstumo de su marido, una niña bautizada con el nombre de Catalina. 


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Ante el evidente desequilibrio mental de la reina, Fernando vuelve a ser regente de Castilla ante el llamamiento del Cardenal Cisneros, dada la creciente inestabilidad propiciada por la nobleza. 


La demencia de la reina Juana I de Castilla seguía agravándose. No quería cambiarse de ropa, no quería lavarse y finalmente, su padre decidió a encerrarla en Tordesillas el mes de enero del año 1509, para evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, encierro que mantendría su hijo Carlos I más adelante. 

En 1515 su padre, Fernando II de Aragón, cede a Castilla el Reino de Navarra, que había conquistado tres años antes. 



En 1516 murió Fernando II el Católico, y por su testamento, Juana se convirtió en reina nominal en Aragón, pero varias instituciones de la Corona aragonesa no la reconocían como tal en virtud de la complejidad institucional de los fueros; entretanto su hijo Carlos se benefició de la coyuntura de la incapacidad de Juana para proclamarse rey, aprovechándose de la legitimidad que tenía su madre como heredera de los Reyes Católicos en Castilla y en Aragón, de forma que se añadió él mismo a los títulos reales que les correspondían a su madre. Así oficialmente, ambos, Juana y Carlos, correinaron en Castilla y Aragón, de hecho, ella nunca fue declarada incapaz por las Cortes Castellanas ni se le retiró el título de Reina. Mientras vivió, en los documentos oficiales debía figurar en primer lugar el nombre de la reina Juana. A la muerte de Fernando el Católico, ejerció la regencia de Aragón el arzobispo de Zaragoza, don Alonso de Aragón, hijo natural de Fernando el Católico y en Castilla el Cardenal Cisneros hasta la llegada de Carlos desde Flandes. 


Al morir sus padres heredó los títulos de reina propietaria de Castilla y de León, de Galicia, de Granada, de Sevilla, de Murcia y Jaén, de Gibraltar, de las islas Canarias y de las Indias Occidentales (1504 – 1555), de Navarra (1515 – 1555) y de Aragón, de Nápoles y Sicilia (1516 – 1555), además de otros títulos como condesa de Barcelona y señora de Vizcaya, con lo cual unió definitivamente las coronas que conformaron España, a partir del 25 de enero de 1516, convirtiéndose así en la primera reina de España junto con su hijo Carlos I de España y V de Alemania.




Desde que su padre la recluyera, la reina Juana permaneció en una casona-palacio de Tordesillas hasta que murió, el 12 de abril de 1555, después de 46 años de reclusión forzosa y siempre vestida de negro, con la única compañía de su última hija, Catalina (hasta que salió ésta para casarse con Juan III de Portugal), ninguneadas y maltratadas física y psicológicamente por sus servidores. Especialmente duros fueron los largos años de servicio de los marqueses de Denia, Bernardo de Sandoval y Rojas y su esposa, que daban preferencia a sus propias hijas antes que a la reina Juana y a Catalina, hermana del emperador. 

El marqués cumplió su función con más celo y eficacia del que hubiera sido necesario, como parecía jactarse en carta dirigida al emperador y que comentaba N. Sanz y Ruiz de la Peña. En esa carta, el marqués aseguraba que, aunque doña Juana se lamentaba constantemente diciendo que la tenía encerrada «como presa» y que quería ver a los grandes, «porque se quiere quejar de cómo la tienen», el rey debía estar tranquilo, porque él controlaba la situación y sabía dar largas a esas peticiones. Todo ello demuestra, como señala Manuel Fernández Álvarez, que el confinamiento de doña Juana era cuestión de Estado, y así lo vieron tanto el Rey Católico como Carlos I. Si Juana no gobernaba era por incapacidad mental. Pero si se empezaba a rumorear que la reina estaba cuerda, los adversarios del nuevo rey afirmarían que era un usurpador. De ahí que la figura de doña Juana se convirtiera en una pieza clave para legitimar el movimiento de las Comunidades. 





Nunca más se le permitió salir del palacio de Tordesillas, ni siquiera para visitar la tumba de su esposo a escasa distancia de palacio durante un tiempo, antes de su traslado definitivo a Granada, ni a pesar de que en Tordesillas se declarara la peste. Su padre Fernando y, después, su hijo Carlos, siempre temieron que si el pueblo veía a la reina, la legítima soberana, se avivarían las voces que siempre hubo en contra de sus respectivos gobiernos. 


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El levantamiento comunero (1520) la reconoció como soberana en su lucha contra Carlos I. Sin embargo, la reina nunca tomó partido en esta guerra. 

Después del incendio de Medina del Campo, el gobierno del cardenal Adriano de Utrech se tambaleó. Muchas ciudades y villas se sumaron a la causa comunera, y los vecinos de Tordesillas asaltaron el palacio de la reina obligando al marqués de Denia a aceptar que una comisión de los asaltantes hablara con doña Juana. Entonces se enteró la reina de la muerte de su padre y de los acontecimientos que se habían producido en Castilla desde ese momento. Días más tarde Juan de Padilla se entrevistó con ella, explicándole que la Junta de Ávila se proponía acabar con los abusos cometidos por los flamencos y proteger a la reina de Castilla, devolviéndole el poder que le había sido arrebatado, si es que ella lo deseaba. A lo cual doña Juana respondió: «Sí, sí, estad aquí a mi servicio y avisadme de todo y castigad a los malos». El entusiasmo comunero, después de esas palabras, fue enorme. Su causa había de ser legitimada por el apoyo de la reina. 





A partir de ahí el objetivo de los comuneros sería, en primer lugar demostrar que doña Juana no estaba loca y que todo había sido un complot, iniciado en 1506, para apartarla del poder; y después, que la reina, además de con sus palabras, avalara con su firma los acuerdos que se fueran tomando. Para ello, la Junta de Ávila, se trasladó a Tordesillas, que se convertiría por algún tiempo, en centro de actuación de los comuneros. Después de estos cambios, todos, incluso el cardenal, afirmaban que doña Juana «parece otra» porque se interesaba por las cosas, salía, conversaba, cuidaba de su personal y, por si fuera poco, pronunciaba unas atinadas y elocuentes palabras ante los procuradores de la Junta. Palabras que, una vez refrendadas, se comenzaron a difundir. La cuestión en este caso sería averiguar si esas afirmaciones las realizó la reina en la forma en que se recogieron por los notarios presentes, puesto que las expresiones —como señala J. Pérez— se parecen demasiado a las afirmaciones que formulaban los comuneros. Pero la Junta necesitaba algo más que palabras de la reina, necesitaba documentos, necesitaba la firma real para validar sus actuaciones. Una firma que podía suponer el final del reinado de Carlos, como recuerda a éste el cardenal Adriano: «si firmase su alteza, que sin duda alguna todo el Reino se perderá». Pero en esto los comuneros, como antes los partidarios del rey, tropezaron con la férrea negativa de doña Juana, a la que ni ruegos, ni amenazas hicieron firmar papel alguno. A finales de 1520, el ejército imperial entró en Tordesillas, restableciendo en su cargo al marqués de Denia. Juana volvió a ser una reina cautiva, como aseguraba su hija Catalina, cuando comunicaba al emperador que a su madre no la dejaban siquiera pasear por el corredor que daba al río: «y la encierran en su cámara que no tiene luz ninguna».
Carlos se lleva a su hermana Catalina y Juana se declara en huelga de hambre hasta que regrese. La atan, la golpean, la obligan a comer.


La vida de doña Juana se deterioró progresivamente, como testimoniaron los pocos que consiguieron visitarla. Sobre todo cuando su hija menor, que procuró protegerla frente al despótico trato del marqués de Denia, tuvo que abandonarla para contraer matrimonio con el rey de Portugal. 



Desde ese momento los episodios depresivos se sucedieron cada vez con más intensidad. De su apatía apenas le sacaban las visitas de su hijo el emperador o de sus nietos. Vestida siempre de negro y haciendo una vida retirada. Había días en que se la oía llorar llamando desconsolada a su esposo, incluso, algunos sostenían que se la escuchaba dialogar con él como si estuviera presente, todo ello contribuyó a acentuar su problema mental.


El 12 de abril de 1555 fallecía doña Juana, tras ¡46 años! de cautiverio atenuado, cubierto su cuerpo de llagas al negarse a ser aseada y cambiada de ropa. Quizá los celos de la desdichada Juana degenerasen en una leve enfermedad mental, pero esta se vio agravada por las disputas de poder, primero entre su marido y padre y luego su hijo. Todos sus allegados prefirieron el aislamiento de Tordesillas en lugar de intentar la recuperación que, en su caso, pudiese haber sido, al menos, ensayado. Descansa para siempre, junto a su amado Felipe, en el panteón de la Catedral de Granada.




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Felipe el Hermoso.
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Fuentes:

  • http://www.portalplanetasedna.com.ar/juana_felipe.htm