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sábado, 17 de septiembre de 2022

LOS FILISTEOS.

Los textos egipcios, hebreos y asirios nos hablan de ellos. Eran politeístas (Baal-Zebub, Dagón y Astarté). Consultaban supersticiosamente a sus sacerdotes y adivinos para tomar decisiones. Cuando sus guerreros iban a la batalla, llevaban ídolos de sus dioses. Durante siglos, cada una de sus 5 ciudades fue gobernada por un señor del eje. Las cinco ciudades principales de la [pentápolis filistea nunca se unieron en un solo reino. ​Sus gobernantes se denominaban «señores» (serenim) o «reyes» y gobernaban como en conjunto como una federación, tomando las decisiones por votación. ​Se cree que el cargo de «señor» era hereditario.

Se han descubierto fraguas de hierro, así como centros de actividad industrial en numerosos asentamientos filisteos, algunos de los cuales datan del siglo XII a. E. C. ​Además, las ciudades filisteas se ocuparon del comercio de una manera similar a las fenicias (ubicadas algo más al norte). Este incluía esclavos, objetos preciosos y, presumiblemente, productos agrícolas como los ya mencionados.

Posiblemente fueran descendientes de Cam por medio de Mizraim, los Casluhim (alrededor de 2200 a. E. C) y que emigraran hacia el territorio de los caftorim (Creta). Desde Creta, la isla que está a la izquierda de la imagen, emigraron a la zona antigua de Canaán. Existe prueba que indica que los egipcios (también descendientes de Mizraim) comerciaron con los cretenses desde tiempos primitivos, posiblemente desde tiempos de Abrahán. Sobre 1919 a. E. C, Abrahán y Sara se mudaron a Guerar, donde el rey de esa ciudad filistea tomó a Sara para su harén, lo que indica que para esa fecha ya estaban instalados los filisteos en Canaán.



Al asentarse en Canaán sobre unos 30.000 con el tiempo quizás, la convirtieron en una pentápolis.

Estatuilla de basalto usurpada por Pa-di-iset alrededor del año 900 a. C., en la que aparece caracterizado como «imparcial mensajero a Filistea y Canaán». Se ha visto en esta mención una comprobación externa de que los filisteos todavía hablaban en esa fecha una lengua diferenciada del resto de lenguas cananeas.

EL IDIOMA FILISTEO.

Dejó de escribirse, y presumiblemente de hablarse, hacia finales del siglo IX a. C., cuando fue sustituida por alguna rama de las lenguas cananeas locales (fenicia o hebrea).

Parece probado que el idioma original de los filisteos era distinto de las lenguas de la región,​ pero las inscripciones de Tell es-Safi demuestran que en algún momento de la edad del hierro local los filisteos comenzaron a utilizar alguna de las ramas de las lenguas cananeas locales, así como su escritura.

Con el tiempo, la nueva lengua cananea enmascaró y reemplazó a las tradiciones lingüísticas anteriores, que para entonces habrían quedado reducidas a sustrato lingüístico, ya que dejan de registrarse en las inscripciones. A finales de la edad del hierro local, en el siglo VIII o VII a. C., el principal idioma escrito de la Filistea era un dialecto cananeo (fenicio o hebreo), escrito en una versión del alfabeto semítico occidental tan característica que Frank Moore Cross la denominó Escritura neo-filistea.​ Este dialecto se denomina en ocasiones «lengua de Ecrón» a raíz de la inscripción hallada en Ecrón en 1996, la más extensa relacionada con los filisteos.​ Un hecho llamativo es que la Biblia no menciona ningún problema lingüístico entre los israelitas y los filisteos, como sí hace en el caso de otros pueblos.​ Finalmente, los filisteos comenzaron a utilizar alrededor del 300 a. C. el arameo, que era entonces la lingua franca de la región y estaba emparentado directamente con el cananeo.

TERRITORIO.

Sus 3 enemigos eran los egipcios, los israelitas y los cananeos. Terminaron por absorber la cultura cananea.

El territorio se extendía desde el barranco de Egipto (el Shihor) al sur hasta la frontera de Ecrón, al norte. Al oeste estaba limitado por el mar Mediterráneo y al este por un territorio poco definido marcado por Judea. Se trataba, por tanto, de un país muy reducido, de unos 45 km de norte a sur y una anchura media este-oeste de 20 km.

Con todo, se trataba de una tierra muy fértil y producía cereales, olivares y frutales, y contenía varias ciudades y aldeas; cinco de ellas (Ascalón, Asdod, Ecrón, Gat y Gaza) controlaban el territorio formando una especie de (federación) Machinist, Biblical Traditions: The Philistines and Israelite History. 

Como complemento, tenían ganadería de ovejas, cabras y bueyes.

CERÁMICA.

La cerámica suele ser uno de los hallazgos más comunes en las excavaciones arqueológicas. Mientras que la cerámica cananea (incluida la hebrea) de los siglos XII y XI a. C. carecía casi completamente de decoración y era de factura muy sencilla, la cerámica filistea destaca por estar realizada en arcilla fina y bien cocida y presentar profusa decoración en forma de espirales, figuras geométricas y aves. Su similitud con la cerámica micénica y minoica es unos de los principales argumentos esgrimidos a favor del origen egeo de los filisteos.

ARMAMENTO.

La panoplia filistea era bastante peculiar. Destacaba sobre todo un tocado de plumas, con el que aparecen representados sistemáticamente en los documentos egipcios. ​Por lo demás, iban descalzos y vestían unas faldillas con borlas, como hoy algunos soldados griegos. El resto de armamento era de bronce o de hierro, incluyendo las espadas. ​La vestimenta de guerra hubo de ampliarse con el tiempo, a juzgar por la compleja armadura de Goliat mencionada en la Biblia, ante la cual los hebreos quedan maravillados.

Conocían además el uso de la caballería y los carros de guerra ligeros, construidos en madera reforzada con hierro.

Los filisteos poseían unos conocimientos sobre metalurgia muy avanzados en contraste con el resto de los pueblos del Levante mediterráneo, a excepción probablemente de los hititas. ​

El cobre, que es fácil de fundir y forjar, había sido el metal dominante para realizar herramientas y armas. Los filisteos no solo sabían alearlo con estaño para producir bronce, que es considerablemente más resistente, sino que también conocían cómo trabajar el hierro. Este último metal era muy difícil de fundir y trabajar, y sus propiedades eran tan estimadas que se atesoraba junto al oro y plata, como si se tratara de un metal precioso. 

​Los filisteos guardaron celosamente el secreto del proceso de fundición del hierro, lo que les otorgó superioridad tecnológica durante varios siglos. ​Hasta el siglo X a. C. tuvieron el monopolio incluso de la reparación y afilado de herramientas, negándose en ocasiones a reparar las que pudieran usarse como armas.

ASENTAMIENTO.

Teniendo en cuenta que se asentaron sobre el 2000 a. E. C, la población, entre los siglos XII y XI probablemente era relativamente numerosa para la región, lo que permitió a las ciudades mantener su independencia y una cierta predominancia política en la región.

El New Bible Dictionary (edición de J. Douglas, 1985, pág. 933) comenta: “Como no se menciona a los filisteos en inscripciones extrabíblicas hasta el siglo XII a. de C., y los restos arqueológicos relacionados con ellos no aparecen antes de esa época, muchos comentaristas rechazan las referencias que se hacen a ellos en el período patriarcal por considerarlas anacrónicas”. Sin embargo, para mostrar por qué tal postura no está bien fundada, se señala a la prueba de una gran expansión comercial egea que se remontaría hasta el siglo XX a. E.C. Se indica que el hecho de que un grupo en particular no sea lo bastante importante como para que se le mencione en las inscripciones de otras naciones, no prueba que no existiera. El New Bible Dictionary llega a la siguiente conclusión: “No hay razón para pensar que no hubiera pequeños grupos de filisteos entre los primeros mercaderes egeos, grupos que no destacaban lo suficiente como para que potencias más importantes los tuvieran en cuenta”.

Cuando Israel partió de Egipto, en 1513 a. E.C., Jehová decidió no conducir a los israelitas por Filistea (la ruta más directa desde Egipto hasta la Tierra Prometida) para que no se desanimaran debido a tener que guerrear en seguida y decidieran regresar a Egipto. No es probable que los filisteos vieran el paso de millones de israelitas como el tráfico internacional que habitualmente cruzaba su tierra. El pueblo filisteo estaba bien afincado, mientras que la región del Sinaí, a la que Jehová dirigió a Israel, estaba poblada en gran parte por tribus nómadas y tenía muchas regiones deshabitadas, de modo que Israel podría cruzarla sin provocar conflictos inmediatos.

Para cuando el anciano Josué (alrededor del 1450 a. E. C), repartió la tierra que estaba al O. del Jordán, la conquista todavía no había afectado los territorios filisteos. Sin embargo, más tarde los hombres de Judá capturaron tres de las principales ciudades filisteas: Gaza, Asquelón y Eqrón. Pero esto fue solo una victoria parcial, pues Judá “no pudo desposeer a los habitantes de la llanura baja, porque tenían carros de guerra con hoces de hierro”. 

Sobre el 1200 a. E. C. en una batalla los filisteos asesinaron a 30.000 israelitas, quitándoles el Arca.

Bajorrelieve del templo de Medinet Habu, construido durante el reinado de Ramsés III (1186 a 1155 a. E. C.), representando un grupo de peleset cautivos. Destaca el característico tocado de plumas que portan en la cabeza.

Posteriormente los israelitas fueron recuperando las ciudades perdidas.

Desde el reinado de Saúl hasta que David los subyugó. Sin embargo, esto no puso fin a las dificultades de Israel con los filisteos. Al parecer, antes del reinado de Saúl habían colocado guarniciones en territorio israelita. Los filisteos eran lo suficientemente poderosos como para prohibir a los israelitas que tuviesen sus propios herreros, y de esta forma los mantenían desarmados. Esto también obligaba a los israelitas a acudir a los filisteos para que les afilasen sus aperos de labranza. La situación era tan crítica, que hasta algunos hebreos se pusieron de parte de los filisteos y en contra de sus compañeros israelitas. No obstante, con la ayuda de Jehová, la primera campaña importante de Saúl contra los filisteos resultó en que Israel los derribase “desde Micmash hasta Ayalón”. 

Más tarde, sobre el 1090 a. E. C, cuando los filisteos se recuperaron de esta derrota, reunieron sus fuerzas para luchar contra Israel. Los dos ejércitos tomaron su posición a cada lado de la llanura baja de Elah. Durante cuarenta días, todas las mañanas y todas las tardes, un guerrero llamado Goliat salía del campamento filisteo desafiando a Israel para que presentase a un hombre que luchase con él en un combate individual. El pastor David aceptó el desafío, derribó a Goliat con una piedra de su honda y le dio muerte con la propia espada del gigante. Luego, los israelitas persiguieron a los filisteos que huían y los derribaron hasta llegar a las ciudades de Gat y Eqrón. 

Después David combatió con éxito a los filisteos. Cuando regresaba de la batalla, las mujeres decían para celebrar la victoria: “Saúl ha derribado sus miles, y David sus decenas de miles”. Esto hizo que Saúl tuviese celos de David, lo que resultó finalmente en que David tuviera que huir a la ciudad filistea de Gat para salvar su vida. Parece ser que una vez allí los siervos del rey Akís quisieron matarle, pero David se hizo el loco y así pudo abandonar la ciudad a salvo. Algún tiempo después, mientras todavía lo perseguía Saúl, David salvó de los saqueadores filisteos a Queilá, una ciudad que pertenecía a Judá. Una incursión posterior de los filisteos en el territorio israelita obligó a Saúl a desistir temporalmente de perseguir a David. 

Debido al continuo hostigamiento de Saúl, David decidió refugiarse de nuevo en territorio filisteo. En esta ocasión el rey Akís de Gat lo acogió y le dio la ciudad de Ziqlag. Uno o dos años más tarde, cuando los filisteos se estaban preparando para luchar contra las fuerzas de Saúl, el rey Akís, invitó a David a ir con él, creyendo que había llegado a ser “un hedor entre su pueblo Israel”; pero los otros señores del eje de los filisteos no confiaron en David, así que, ante su insistencia, él y sus hombres volvieron a Filistea. En el siguiente conflicto con Israel, los filisteos consiguieron una victoria decisiva: Saúl y tres de sus hijos perecieron. 

Finalmente, cuando se ungió a David como rey sobre todo Israel, los filisteos invadieron la llanura baja de Refaím (al SO. de Jerusalén), pero sufrieron una derrota humillante. Una ofensiva filistea posterior finalizó también en victoria israelita. Durante su reinado, David entabló numerosas batallas contra los filisteos y tuvo éxito en subyugarlos. Sin embargo, en una ocasión estuvo a punto de perder la vida. 

Desde el reinado de Salomón en adelante. Durante varios años a partir de ese momento, no hay registro de guerras con los filisteos. Salomón, hijo de David, disfrutó de un reinado pacífico (1037-998 a. E.C.), y sus dominios se extendieron hasta la ciudad filistea de Gaza. 

Unos veinte años después de la división del reino, los filisteos ocuparon Guibetón, ciudad asignada originalmente a Dan. Mientras los israelitas intentaban capturar esta ciudad, Baasá mató al rey Nadab de Israel y empezó a gobernar. Unos veinticuatro años más tarde, Guibetón todavía estaba bajo el control filisteo, y para ese tiempo, Omrí, el jefe del ejército de Israel, acampó contra ella. 

Al principio del siglo X a. E.C. el faraón Sisaq de Egipto afirmó que había tomado Eqrón.

Parece ser que el rey Jehosafat (936-c. 911 a. E.C.) tuvo sometidos a los filisteos, pues le llevaban regalos y tributo; pero durante el reinado de su hijo Jehoram, los filisteos y los árabes invadieron Judá y se llevaron una cantidad considerable de despojo de Jerusalén. También se llevaron cautivos a las esposas e hijos de Jehoram, con la excepción de Jehoacaz, el más joven. Décadas después, el rey Uzías de Judá luchó contra los filisteos, capturó Gat, Jabné y Asdod, y hasta edificó algunas ciudades dentro del territorio filisteo. Sin embargo, durante el reinado de Acaz, nieto de Uzías, los filisteos capturaron varias ciudades israelitas y se pusieron a morar en ellas, desde el Négueb hasta el límite septentrional del reino de Judá. 

El rey Hazael de Siria arrebató a Jehoás la ciudad de Gat poco después del año vigésimo tercero (876 a. E.C.) de este rey de Judá. 

Los filisteos debieron recuperar el control de la ciudad más tarde, pues Uzías la capturó de nuevo en su campaña contra ellos.

En cumplimiento de una profecía de Isaías (14:28, 29), Ezequías (745 a. E. C), hijo de Acaz “derribó a los filisteos aun hasta Gaza”.

El rey asirio Sargón se jactó de conquistar Gat poco después de 740 a. E.C., y desde entonces no se hacen más referencias históricas a esa ciudad.

Las ciudades filisteas dominaron la región hasta la conquista asiria de Tiglatpileser III en el año 732 a. C. Seguidamente, fueron sometidas a los imperios regionales y parecen haber asimilado progresivamente las culturas dominantes.

En un prisma de piedra de Senaquerib de Asiria se menciona que “Mitinti de Asdod” le llevó regalos costosos y le rindió homenaje, y añade lo siguiente concerniente al rey Ezequías de Judá (745-717 a. E.C.): “Las ciudades que había pasado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de As̆dod”. (La Sabiduría del Antiguo Oriente, edición de J. B. Pritchard, 1966, pág. 237.) Parece que para el tiempo de Jeremías (después de 647 a. E.C.) Asdod estaba en una condición debilitada, puesto que él habló del “resto de Asdod”. Nabucodonosor, cuya gobernación empezó en el año 624 a. E.C., hace mención del rey de Asdod como uno de los prisioneros en la corte de Babilonia.

Nabucodonosor saqueó Asquelón, al principio de su reinado (c. 624 a. E.C.)

Nabucodonosor II devastó el territorio filisteo en 604 a. E. C. 

En el período postexílico, Asdod todavía constituía un foco de oposición para los israelita, y Nehemías reprendió con severidad a los judíos que se habían casado con esposas asdoditas, cuyos hijos hablaban “asdodeo, y no había ninguno de ellos que supiera hablar judío”.  

332 a. E. C-El comentarista C. F. Keil observa: “Alejandro Magno y sus sucesores pusieron en libertad a muchos de los prisioneros de guerra judíos que estaban en sus tierras (compárese con la promesa del rey Demetrio a Jonatán [Jonatás]: ‘Pongo en libertad a los judíos prisioneros de guerra que se encuentran en nuestro territorio’, Ant., F. Josefo, XIII, 2, 3), y parte de las tierras filisteas y fenicias estuvieron por un tiempo bajo el dominio judío”. (Commentary on the Old Testament, 1973, vol. 10, “Joel”, pág. 224; compárese con Abd 19, 20.) Cabe mencionar también que Alejandro Magno capturó la ciudad filistea de Gaza. A muchos de los habitantes los mataron y a los sobrevivientes se les vendió como esclavos.

En la segunda mitad del siglo IV a. E.C., Alejandro Magno tomó Gaza después de un sitio de cinco meses (dos meses según Antigüedades Judías, libro XI, cap. VIII, sec. 4). Muchos de sus habitantes sufrieron una muerte violenta y se vendió a los sobrevivientes como esclavos. Pasaron más de doscientos años, y el judío Alejandro Janeo devastó por completo la ciudad después de un sitio de un año. (Antigüedades Judías, libro XIII, cap. XIII, sec. 3.)

Para dicho momento, parece que los filisteos ya habían perdido buena parte de su identidad cultural.

Durante el período macabeo, Judas Macabeo atacó la idólatra ciudad de Asdod (llamada Azotus) alrededor del año 163 a. E.C., y más tarde, hacia el año 148 a. E.C., la atacó por segunda vez Jonatán, el hermano de Judas, ataque en el que se quemó el templo de Dagón. (1 Macabeos 5:68; 10:84.)

Análisis recientes de ADN de individuos enterrados en la ciudad filistea de Ascalón muestran que los filisteos eran una población inmigrante en Oriente Medio y que sus parientes más cercanos se encontraban en Creta, Cerdeña, Grecia o incluso España, es decir, eran de origen europeo.

Se localizaron restos humanos de distintos períodos: sepulturas del Bronce Medio-Final (hacia 1650-1200 a. E. C.); tumbas infantiles datadas hacia 1100 a. E. C. y tumbas filisteas individuales en una necrópolis del Hierro final (hacia los siglos X y IX a.C.). O sea, muestras desde cerca de 1650 a 850 a. E. C. 


Los filisteos generalmente enterraban a sus muertos en fosas individuales y con sus propios objetos funerarios, por ejemplo un pequeño frasco cerámico que contenía perfumes y que se depositaba junto a la nariz del difunto. 

En la actualidad, los investigadores han realizado análisis de ADN a diez individuos pertenecientes a cada uno de estos períodos y los resultados parecen sostener la teoría del origen extranjero de estas personas, pero también revelan que los odiados filisteos mantuvieron relaciones sexuales con las poblaciones locales.










sábado, 3 de septiembre de 2022

ROSTROS TRAÍDOS AL PRESENTE DE MOMIAS EGIPCIAS.

IMHOTEP.

Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

                         
Vivió durante el siglo XXIII a. E. C. Fue un erudito egipcio polímata, sabio, inventor, médico, matemático, astrónomo y el primer ingeniero y arquitecto conocido en la historia. 

Sumo sacerdote de Heliópolis, fue chati del faraón Necherjet Dyeser (Zoser), y diseñó la Pirámide escalonada de Saqqara, durante la dinastía III. El significado de la palabra Imhotep es «el que viene en paz».

Es el primer científico cuyo nombre ha llegado hasta el presente. No solo era médico, también era matemático, ingeniero, arquitecto y astrónomo: esto indica que tenía los conocimientos operativos de aritmética y geometría necesarios para manejar aquellas disciplinas.

Los títulos honoríficos atribuidos a Imhotep son:
Tesorero del rey del Bajo Egipto, Primero después del rey del Alto Egipto, Administrador del Gran Palacio, Señor hereditario, Sumo sacerdote de Heliópolis, Imhotep el constructor, escultor, hacedor de vasijas de piedra...
Inscripción en la base de la estatua de Dyeser (Zoser) hallada en Saqqara.

Antes de él, nadie había tenido su nombre inscrito al lado del de un faraón, y en sus títulos no se menciona el de médico, pero sí el de productor de recipientes: quizá sólo constan los que usó para la construcción.

La importancia de la medicina egipcia se traduce en la figura de Imhotep, considerado como el fundador de la medicina egipcia, y autor del papiro Edwin Smith acerca de curaciones, dolencias y observaciones anatómicas (aunque este texto probablemente fue escrito alrededor del 1700 a. C., con añadidos de otros médicos). La concepción mítico-religiosa de la enfermedad, en el Egipto de Imhotep, conducía a un enfoque mágico-religioso y empírico a la terapia médica. Es decir, una combinación de ritos, prácticas quirúrgicas y un extenso recetario farmacológico. También se registran algunos intentos de racionalización, como los que se aprecian en el papiro Smith, que describe 48 casos clínicos sin mencionar causas ni tratamientos mágicos y aportando un enfoque racional sobre el tratamiento de ciertas enfermedades y las heridas.

En este texto Imhotep recomienda el uso de vahos de opiáceos como anestésico. Describe observaciones anatómicas, el examen, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de numerosas heridas con todo detalle. Los tratamientos son racionales, y en un solo caso se recurre a remedios mágicos. El papiro contiene las primeras descripciones de suturas craneales, de la meninge, la superficie externa del cerebro, del líquido cefalorraquídeo, y de las pulsaciones intracraneanas. Según un grabado de una losa sepulcral en Saqqara, Imhotep preconizaba la aplicación de presión en las arterias carótidas para calmar el dolor de cabeza, al disminuir el flujo de sangre al cerebro. Imhotep afirmaba que el pulso era un índice del corazón y de las condiciones del enfermo.

Es citado en el Canto del arpista, composición literaria datada en el Imperio Medio:
He oído sentencias de Imutes (Imhotep) y de Dyedefhor, que se citan como proverbios...
Hazte por tanto el día dichoso, y no te canses nunca de esto.
Canto del Arpista.

Arquitecto
Imhotep fue el autor del complejo funerario de la "Pirámide Escalonada" de Saqqara, cerca de Menfis6​ en tiempos del rey Dyeser (2650 a. C.). La pirámide necesitó la extracción, transporte y montaje de miles de toneladas de piedra caliza, desafío notable ya que, hasta ese momento, tal material nunca se había utilizado en grandes construcciones, para las que se usaban ladrillos de barro sin cocer (adobe), fáciles de hacer y baratos.

Complejo funerario de Saqqarah.
Un gran problema técnico era el peso de la piedra: Imhotep lo solucionó en parte usando bloques relativamente pequeños, más fáciles de transportar y manejar. Por otra parte, las columnas son decorativas o están adosadas a los muros, sin sustentar mucho peso. Hay que tener en cuenta que en esta época el metal utilizado en herramientas era el cobre, poco adecuado para estos trabajos.

Tuvo que organizar todo el proceso de construcción, controlar el trabajo de cientos de obreros, y realizar la primera ciudad funeraria: rodeada por una muralla de unos mil quinientos metros de perímetro, construyó diversas edificaciones como decorado, y hacia el centro erigió una pirámide de seis gradas con una altura de sesenta metros. A su vez, se excavó en la roca del terreno, bajo la pirámide, la que sería la tumba de Dyeser (Zoser) y un conjunto de galerías para almacenar miles de vasijas funerarias, muchas grabadas con los nombres de sus predecesores.

Imhotep como dios
Durante siglos, los egipcios consideraron a Imhotep como el dios de la medicina y la sabiduría y se le representa sentado, como a los escribas, con un papiro desplegado sobre sus rodillas, tocado con un casquete. Ciertamente, en la época de Ptolomeo fue elevado a rango de dios.

En el Imperio Nuevo fue venerado como patrón de los escribas y deificado en el periodo tardío de Egipto, para lo cual fue identificado con Nefertum, hijo de Ptah y Nut (o Sejmet). Posteriormente se le vinculó al dios Thot –una práctica común en el Antiguo Egipto–. Su veneración como protector de los escribas se debe a una de sus grandes innovaciones relacionadas con la mejora de la escritura gracias a la utilización de una tinta más eficaz hecha a partir de ahumar el agua, procedimiento que fue incorporado por otras culturas y civilizaciones posteriores​.

Su culto principal estaba en Menfis. También fue venerado en Tebas, File y Deir el-Medina, en la época ptolemaica, junto a Hathor, Maat y Amenhotep, otro ingeniero deificado. Su prestigio era tan grande que su fama llegó hasta los griegos, que lo conocían como Imutes y le asimilaron a su dios Asclepio, el Esculapio romano.

ZOSER.


Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Vivió durante el siglo XXIII a. E. C.

Fue el segundo faraón de la tercera dinastía y del Imperio Antiguo de Egipto.

En las inscripciones de su tiempo se le denominó Necherjet (nṯr ẖt), que significa "Cuerpo divino". En documentos posteriores, durante el Imperio Nuevo, lo denominaron Dyeser (ḏsr) «Sublime», narrando acontecimientos de su reinado, y la construcción de la Pirámide Escalonada, confirmando que Necherjet y Dyeser eran el mismo personaje.

En la Lista Real de Saqqara figura como Dyeser (ḏsr); en la Lista Real de Abidos aparece como Dyeser-sa; en el Canon de Turín se indica que Dyeser-it estuvo reinando 19 años.

Copiando al sacerdote egipcio Manetón, Sexto Julio Africano lo llama Tosortros y escribe que este rey gobernó durante 29 años; Eusebio de Cesarea lo denominó Sesortos.

En muchos textos actuales aparece como Zoser, una errónea transcripción de ḏsr.

Como la reina Nemaathapy, esposa de Jasejemuy, último rey de la segunda dinastía, aparece con el título de "Madre del Rey", algunos autores afirman que era la madre de Dyeser (Zoser) y que Jasejemuy sería su padre. Quizás también había sido el hermano más joven de Sanajt (Vercoutter), o su hijo (von Beckerath y Nicolas Grimal). Según W. Helck, Dyeser fue yerno de Jasejemuy por su casamiento con Hetephernebti.

Tres damas son conocidas durante su reinado: Hetephernebti, Inetkaues y una tercera, cuyo nombre se perdió, que pudo ser Nimaethap. La primera podría haber sido su esposa. Según W. Helck, Dyeser fue yerno de Jasejemuy por su casamiento con Hetephernebti. La relación entre Dyeser y su sucesor, Sejemjet Dyeser Teti, es desconocida.

Al principio de su reinado residió en Abidos, donde se comenzó a construir su tumba, en Bet Jalaf. Sin embargo, posteriormente trasladó su residencia al cercano Menfis, la capital del país.

Este faraón ordenó realizar varias expediciones militares a la península del Sinaí, durante las cuales las tribus de nómadas fueron dominadas, para extraer los valiosos minerales de la región, como turquesa y cobre. También era estratégicamente importante como vínculo entre Asia y el valle de Nilo. Pudo haber fijado la frontera sur del reino en Elefantina, junto a la primera catarata del Nilo.

Célebre por haber encargado a su chaty, Imhotep, construir el complejo de la pirámide escalonada de Saqqara, considerado el primer gran complejo monumental en piedra de Egipto y del mundo.

Julio Africano comentó:

"Durante su reinado vivió Imutes (Imhotep), que a causa de su habilidad médica tiene la reputación de Asclepio entre los egipcios, siendo el inventor del arte de edificar con piedra cortada. Además, también se dedicó a la literatura".
Julio Africano.

Debido a la magnitud de las edificaciones construidas durante su reinado, fundamentalmente por la pirámide de Saqqara, es por lo que algunos eruditos defienden que Dyeser debe haber gobernado al menos 29 años.

En la actualidad, la falta de fondos ante la ausencia de visitantes deja interrumpida la rehabilitación del monumento a Zoser poniendo en riesgo la integridad de la construcción.

Testimonios de su época

Estela del hambre en la isla de Sehel, de época ptolemaica, citando al faraón Dyeser (Zoser).
Su nombre y títulos: Necherjet o Dyeser se han encontrado en:

Estatua de rey Necherjet, en Saqqara (Museo Egipcio de El Cairo)
Fragmentos de una capilla en Heliópolis (Nueva York 1999)
Impresiones de sello en la tumba de Jasejemuy en Abidos (Dreyer)
Impresiones de sello de la tumba 2305 en Saqqara (Quibell)
Impresión de sello de la tumba de Hesyra en Saqqara (Quibell)
Impresión de sello de Hieracómpolis (Quibell-Green)
Impresión de sello de Elefantina (Kaiser)
Inscripción en Uadi Maghara (Sinaí) (Gardiner-Peet-Cerný)
Algunos fragmentos encontrados en Heliópolis y Gebelein mencionan el nombre de Dyeser, y sugieren que había encargado los proyectos de construcción de esas ciudades.

Una inscripción, conocida como Estela del hambre, grabada durante la dinastía Ptolemaica, narra cómo Dyeser reconstruyó el templo del dios Jnum en la isla de Elefantina, junto a la primera catarata, acabando así con la hambruna que había asolado Egipto durante siete años. Esa inscripción de época de Ptolomeo V, en la isla de Sehel, aunque pudiera ser una leyenda, muestra como más de dos milenios después de su reinado, Dyeser era recordado todavía.

En el año 2007, se descubrió, en torno a unas fosas funerarias del periodo tardío de Egipto (1075-341 a. C.), cerca de la pirámide de Unis (Saqqara), un bloque de piedra que se data en la época del faraón Dyeser (Zoser) que contiene los nombres del rey, su esposa y su hija.

NEFERUSOBEK. 

Vivió unos 40 años.














Diseño propio. Autor: José Manuel Lamas.

Esta egipcia además de pertenecer en su niñez a la realeza, se convirtió en reina, no en regente. Fue una de las pocas. Vivía allá por 1820 a. n. e. y se cree que empezó a reinar sobre el 1790 hasta 1786 a. n. e. Casi 4 años.

Neferusobek no figura en la Lista Real de Abidos (un bajorrelieve con los nombres de 76 faraones), tal cual pasa con otras mujeres reinantes, pero sí en la Lista Real de Sakkara, es denominada Sebekkara en esta lista, (una tablilla con 58 gobernantes hallada en una tumba y que llega hasta Ramsés II, saltándose a los hicsos)y en el Canon Real de Turín (otra relación, en este caso en papiro). Manetón la denominó Skemiofris (Julio Africano), y le asigna cuatro años de reinado.

Amenemhat IV probablemente muere sin un heredero masculino. Consecuentemente su hija, Neferusobek, asume el trono, aunque algunos eruditos creen que era la hija del faraón Amenemhat III. Manetón indica que era hermana de Amenemhat IV.

Es el primer gobernante femenino de Egipto (o la segunda, si Merytneit reinó como soberana y no como regente; la famosa Nitocris, supuestamente de efímero reinado a finales de la sexta dinastía, ahora se sabe que es solo legendaria). Con el final de su reinado concluye también la duodécima dinastía y el Imperio Medio de Egipto.

Fue un hecho extraordinario que esta mujer fuese reina en Egipto. Solo gobernaban para establecer un puente para evitar el caos político y social. De hecho sus nombres tendían a acabar borrados de las listas reales. Las anteriores Merneit, Setibhor y Nitocris (si es que existió) o las posteriores Hatshepshut, Semenejkara, Tausert y Cleopatra VII fueron islas en un mar de hombres.

HATSEPSUT. 


Vivió unos 48 años.



Diseño propio. Autor: José Manuel Lamas.


Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Fue una reina-faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Quinta gobernante de dicha dinastía, reinó de ca. 1513-1490 a. C. Gobernó con el nombre de Maatkara Hatshepsut, y llegó a ser la mujer que más tiempo estuvo en el trono de las "Dos Tierras". Fue la segunda mujer faraón históricamente confirmada después de Sobekneferu.

Hatshepsut era la hija única de Tutmosis I y su esposa principal, Ahmose.​ Su esposo Tutmosis II era hijo de Tutmosis I y una esposa secundaria que se llamaba Mutnefert, que llevaba el título de hija del rey y probablemente era hija de Amosis I. Hatshepsut y Tutmosis II tenían una hija llamada Neferura. Después de tener a su hija, Hatshepsut no pudo tener más hijos. Tutmosis II con Isis, una esposa secundaria, sería el padre de Tutmosis III, quien sucedería a Hatshepsut como faraón.

Sin embargo, fue a raíz de la finalización del templo de Deir el-Bahari, sobre el año 15-16 de reinado, cuando la estrella de Hatshepsut comenzó a menguar a favor de la de Tutmosis III. El rey era un joven que cada vez ansiaba más el poder, y a cualquier precio. Así, no es de extrañar que en apenas un año murieran los dos principales sustentos de la reina y sus más grandes apoyos, Hapuseneb y Senenmut. Y por si no fuera poco, poco después murió la gran esperanza, el arma secreta de la reina, la princesa Neferura.

Los golpes que sufrió Hatshepsut en torno al año 16 de su reinado fueron tan grandes que a partir de entonces la reina se retiró parcialmente del cargo y el otro rey, Tutmosis III, comenzó a tomar las riendas del gobierno. Al parecer, la ambición de Hatshepsut era aún más grande y no estaba satisfecha con ser ella sola "faraón", sino que se proponía inaugurar una auténtica dinastía femenina de reyes, y por esa razón declaró "Heredera" a su amada hija Neferura. La muerte de la princesa fue tan repentina y favorable a Tutmosis III que hay quien piensa que fue intencionada, y que consiguió su objetivo, derrumbar a la reina-faraón.

Hatshepsut murió en su palacio de Tebas tras un largo reinado de 22 años, abandonada por todos. Se ignora la edad de su muerte, pero se estima que debería oscilar entre los cuarenta y los cincuenta años. Años atrás no se sabía cómo murió exactamente, si fue muerte natural o durante un golpe de estado liderado por su hijastro, Tutmosis III, que en esa época era virtualmente el único rey, pues Hatshepsut se había retirado de la lucha.

Según el National Geographic y el arqueólogo Zahi Hawass, la momia fue escaneada y se encontró que la reina había padecido en vida, de una avanzada osteoporosis y un cáncer maligno en la zona del abdomen que le pasó al hueso de la cadera; además había contraído un absceso séptico en su cavidad bucal que bien pudo provocar un shock septicémico como causa más probable de su muerte que un atentado a su vida. Según estas últimas investigaciones, su muerte estuvo precedida de largos meses de intensos dolores y fiebres.

Su tumba se encuentra en el Valle de los Reyes y está catalogada como KV20. Existen indicios de que mandó ampliar la tumba de su padre para ser utilizada también para ella. El amor y la lealtad que la hija profesó al padre tuvo que ser tan grande que quiso permanecer junto a él eternamente.

A su muerte, Tutmosis III se convertiría en un gran faraón que, emulando a su abuelo Tutmosis I, realizó numerosas campañas y ascendió a Egipto al rango de gran potencia mundial. Pero jamás lo habría logrado sin la preparación a la que lo sometió su tía-madrastra.

El nombre de Hatshepsut y el de su fiel colaborador Senenmut fueron borrados sistemáticamente de los anales y edificios egipcios siendo víctimas de una "damnatio memoriae". Durante mucho tiempo se creyó que el postergado Tutmosis III había sido quien ordenó el virtual "olvido" de esta enérgica reina, pero cada vez más egiptólogos apoyan la teoría que su nombre fue borrado por cuestiones más bien de conveniencia que de venganza. Existía en Egipto un conjunto de familias identificadas con Hatshepsut, su familia antes de desposarse con Tutmosis II. Al morir la reina, Tutmosis III pudo haber borrado el nombre de su madrastra a fin de legitimar su ascendencia al trono, como heredero real de Tutmosis II, y así frenar las pretensiones de la poderosa familia de Hatshepsut. Esta postura está adquiriendo cada vez más fuerza, por las evidencias arqueológicas encontradas en Deir el-Bahari. Si hubiera habido una venganza, su legado artístico y arqueológico hubiera sido borrado de Egipto. Sin embargo, la reina fue hallada en un excelente estado de conservación con parte de su ajuares funerarios.

AMOSIS I.

Murió sobre los 35 años.




Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Nebpehtyra Ahmose, o Ahmose, fue el faraón fundador de la Dinastía XVIII del Imperio Nuevo de Egipto, aunque es más conocido como Ahmose I, o como lo denominó Manetón, Amosis,​ según Eusebio de Cesarea en la versión del monje Jorge Sincelo. Reinó de c. 1575 a 1550 a. C.​ Sus títulos de trono y nacimiento eran Neb-pehty-Ra Ah-mose.

Era miembro de la casa real de Tebas, hijo del faraón Seqenenra Taa y hermano del que sería el último faraón de la Dinastía XVII, Kamose. Durante el reinado de su padre —o de su abuelo–, Tebas se rebeló contra los hicsos, que gobernaban el Bajo Egipto. Cuando contaba con siete años su padre falleció de forma violenta, posiblemente guerreando,​ y tenía alrededor de diez años al morir su hermano por causas desconocidas, tras un corto reinado de probablemente unos tres años. Amosis I asumió el trono tras la muerte de su hermano,​ y tras su coronación fue conocido como Neb-pehty-Ra.

Durante su reinado, Amosis completó la conquista del Bajo Egipto y la expulsión de los hicsos del delta del Nilo, restaurando el gobierno de Tebas sobre todo el territorio de Egipto. También restauró el poder egipcio sobre los territorios de Nubia y Canaán.​ Después reorganizó la administración del país, reabrió canteras, minas y rutas de comercio, comenzando grandes proyectos de construcción de un tipo que no se había abordado desde la época del Imperio Medio. El reinado de Amosis puso los cimientos de la creación del Imperio Nuevo, en el que el poder egipcio llegó a su cúspide.

En el controvertido documental de 2006 de James Cameron, El Éxodo descodificado se señala a Ah-Moses (Amosis I) como el auténtico faraón que enfrentó la rebelión de los hebreos y descarta a Ramses II. 

El reinado de Amosis ha sido datado de forma diferente, según distintos autores: 1570–1546, 1560–1537 o 1551–1527.​ Manetón escribe que el reinado de Amosis fue de 25 años y 4 meses,​ y el dato está apoyado por una inscripción que hace mención al año 22 de su reinado, encontrada en las canteras de Tura.​ El examen médico de su momia indica que murió con una edad aproximada de treinta y cinco años, lo que apoya también una duración del reinado de 25 años, si tenemos en cuenta que llegó al trono con diez años de edad. El historiador David Rohl ha sugerido fechas alternativas para su reinado (de 1194 a 1170 a. C.), pero sus conclusiones son rechazadas por la mayoría de los egiptólogos.

El conflicto entre los reyes locales de Tebas y el rey de los hicsos Apepi Aauserra ya había comenzado en algún momento del reinado de Seqenenra Taa, y finalizaría tras casi treinta años de guerra intermitente durante el reinado de Amosis I. Es probable que el propio Seqenenra Taa muriese luchando contra los hicsos, tal y como sugiere el gran número de heridas halladas en su momia. Se sabe que su sucesor, Kamose (probablemente el hermano mayor de Amosis), prosiguió la guerra, puesto que atacó y saqueó las tierras que rodeaban la capital de los hicsos (Avaris, en la actual Tell el-Daba).​ Kamose, considerado el último rey de la dinastía XVII, tuvo más éxito que Seqenenra Taa en la guerra y consiguió hacer retroceder a los enemigos: en el sur recuperó Elefantina y logró liberar Menfis y todo el Delta del Nilo a excepción de Avaris, la última fortaleza hicsa. Es evidente que el reinado de Kamose fue corto, dado que tan solo se registran datos relativos al tercer año de su reinado, y que fue sucedido por Amosis. Apepi, el rey de los hicsos, pudo morir también por aquella época. Existen dudas sobre si los nombres "Apepi" encontrados en los registros históricos pertenecen a dos monarcas, o si son dos nombres del mismo rey. Si se tratase de reyes distintos, se cree que Apepi Awoserre habría muerto aproximadamente por el mismo tiempo que Kamose, y que fue sucedido por Apepi II Aqenienre.​

La temprana muerte de Kamose implicó que Ahmose ascendiese al trono siendo solo un niño, por lo que su madre, Ahhotep, fue regente hasta su mayoría de edad. A juzgar por algunas descripciones sobre sus títulos reales mientras estaba en el poder, e incluyendo el general y honorífico "cuidadora de Egipto", parece que consolidó efectivamente la base de poder tebano en los años previos a que Amosis asumiera el control. El asedio a Avaris no cesó durante todo aquel tiempo, y la eficacia de Ahhotep como gobernante y jefe de las tropas no tardaría en ser recompensada por su hijo con el mayor galardón militar egipcio, tres gruesas «moscas de oro» que mostrarían a la reina como una auténtica heroína en esa larga guerra. Si realmente Apepi Aqenienre fuera el sucesor de Apepi Awoserre, entonces se cree que permaneció en el delta durante la regencia de Ahhotep, porque ese nombre no aparece en ningún monumento u objeto al sur de Bubastis.

La independencia de Tebas
Amosis comenzó la conquista del territorio del Bajo Egipto, que era el que se encontraba bajo el control de los hicsos, alrededor del undécimo año del reinado de Jamudy (rey de los hicsos), pero existe cierta controversia acerca de la secuencia exacta de los hechos.

Analizar los eventos que tuvieron lugar durante la conquista y antes del asedio de la capital de los hicsos es extremadamente difícil, debido a que prácticamente toda la información de la que disponemos procede de un breve aunque valiosísimo comentario de carácter militar, ubicado en el reverso del Papiro de Ahmes (también llamado Papiro Rhind), que consiste en unas breves notas fechadas,​ una de las cuales dice lo siguiente:

Undécimo año de reinado, segundo mes de shemu, Heliópolis fue penetrada. Primer mes de ajet, día 23, este Príncipe del Sur penetró en Tyaru.
Si bien en el pasado se asumía que la mención al año de reinado hacía referencia al año de reinado de Amosis, hoy en día se cree que realmente hace referencia al reinado del oponente de Amosis, Jamudy, puesto que el documento se refiere a Amosis por el título inferior de "Príncipe del Sur", y no como rey o faraón, que sería la forma en la que se habría dirigido a él un súbdito suyo.

Anthony Spalinger, haciendo una revisión del libro de Kim Ryholt de 1997, The Political Situation in Egypt during the Second Intermediate Period, c.1800-1550 BC, hace notar que la traducción que Ryholt hace de la parte central del texto realmente quiere decir "mes de ajet, día 23. Él, el del Sur, ataca contra Tyaru. Spalinger, que prefiere no cuestionar la traducción de Ryholt, se pregunta en su revisión del libro lo siguiente:

¿Es razonable esperar que un texto escrito desde Tebas describa al faraón de esta manera? Puesto que si la fecha hace referencia a Amosis, entonces el escriba debía ser un súbdito de dicho gobernante. Para mí, la muy indirecta referencia a Amosis —debe ser Amosis— debería indicar a un vasallo de la dinastía de los hicsos; por tanto, los años de reinado deben hacer referencia a este monarca y no al tebano."
El Papiro Rhind también ilustra parte de la estrategia militar de Amosis cuando atacó el delta. Amosis entró en el delta por la ciudad sagrada de Heliópolis en julio, y luego se movió hacia la parte oriental del delta para tomar en octubre la ciudad de Tyaru, la mayor fortificación fronteriza del Camino de Horus, la principal vía de comunicaciones entre el Bajo Egipto y Canaán. Con esto bloqueaba completamente a los hicsos en Avaris, ciudad que había evitado en su movimiento, lo que indica que estaba planeando aislar la ciudad, privando a la capital de los hicsos de la ayuda y suministros que pudieran conseguir de sus aliados de Siria y Palestina (Canaán).

Se encontraron registros en los que se describen los acontecimientos posteriores de la campaña en las paredes de la tumba de un soldado que participó en la guerra, y que curiosamente comparte el mismo nombre que el faraón, Amosis, hijo de Abana. Según estos registros, Amosis I habría dirigido tres ataques fallidos contra el bastión de Avaris, la capital de los hicsos. Además, Amosis se vio también obligado a regresar al sur a sofocar una rebelión interna, a la que ni siquiera la reina Ahhotep pudo hacer frente.

Avaris aguantaría sin ser conquistada hasta el cuarto embate del rey egipcio. En ese momento los hicsos tuvieron que huir más hacia el este.​ Con Jamudy aún al frente, los hicsos se refugiaron en la fortaleza de Sharuhen, cerca de Gaza, pero Amosis completaría su victoria expulsándoles también de este enclave.

Se calcula que Amosis habría conquistado Avaris, como muy tarde, durante los años 18º o 19º de su reinado. Estos datos se infieren de un grafito encontrado en la cantera de Tura, en donde se afirma que se usaron "bueyes de Canaán" para la apertura de la cantera durante el 22º año del reinado de Amosis.​ Teniendo en cuenta que el ganado habría sido probablemente importado después del asedio de Amosis sobre la ciudad de Sharuhen, que a su vez sucedió a la caída de Avaris, esto implica que el reinado de Jamudy habría terminado como muy tarde durante los años 18º o 19º del reinado de Amosis, que llegó a reinar 25 años.

Campañas en el extranjero

Estatua de Ahmose I (Amosis I). Metropolitan Museum, NY.
Tras la expulsión de los hicsos, y por primera vez en más de cien años, todo Egipto volvía a estar dirigido desde un único centro. Amosis, gobernante de todo Egipto, ubicó la capital en la ciudad de Tebas, la artífice de la rebelión. Considerado el fundador de la dinastía XVIII y del Imperio Nuevo, el faraón tuvo ante sí la difícil tarea de restaurar el debilitado sistema económico y financiero del país, así como restablecer vínculos comerciales con otros países y reconstruir los templos y edificios oficiales que los hicsos y la propia guerra habían destruido. Amosis tampoco se olvidó de quienes habían prestado apoyo a su causa: aparte de los premios y honores concedidos a la reina Ahhotep, los diversos príncipes locales que habían secundado la rebelión de Tebas fueron generosamente recompensados.

No obstante, Amosis no se contentó con ver a los hicsos expulsados y dispersados por Asia. Recordando que muy poco antes la extinta dinastía XV (la de los gobernantes hicsos) había estado aliada con los diferentes reinos de Canaán y Nubia, emprendió acciones bélicas en estos lugares a fin de disuadir a los gobernantes de repetir la experiencia hicsa y, de paso, vengar a sus antiguos amigos. Tras derrotar a los hicsos, Amosis comenzó campañas en Siria y en Nubia. En una de las campañas, correspondiente al vigésimo segundo año de su reinado, llegó hasta la ciudad de Djahy, en el levante mediterráneo, y puede que tan lejos como el Éufrates, si bien es a Tutmosis I, el faraón posterior, a quien se suele considerar el primero que llevó la guerra hasta tan lejos. Amosis sí que llegó, cuando menos, hasta Kedem (ciudad que se cree que estaba ubicada cerca de Biblos), según aparece en un ostracon encontrado en la tumba de su esposa, Ahmose-Nefertari. Los detalles de esta campaña en particular son escasos, puesto que la fuente de la mayor parte de la información de que disponemos procede de la tumba del soldado Ahmose, y éste sirvió en la armada egipcia durante aquella época, por lo que no tomó parte en esta expedición terrestre. Sin embargo, a partir de las investigaciones arqueológicas realizadas al sur de Canaán se puede inferir que lo que ocurrió a finales del siglo XVI a. C. fue que Amosis y sus sucesores inmediatos atacaron la región con la intención de acabar con el poder de los hicsos destruyendo sus ciudades, sin intención de conquistar Canaán. Esta interpretación se infiere del hecho de que muchos lugares fueron destruidos durante el periodo, y no consta ningún intento de reconstrucción. Esto no sería lógico si el propósito del faraón hubiese sido la conquista con la finalidad de poder exigir tributos en el futuro.

Las campañas de Amosis I en Nubia están mejor documentadas. Poco después de la primera campaña en Nubia se produjo una rebelión de los nativos contra Amosis comandada por un nubio llamado Aata, pero la rebelión fue sofocada. Tras este primer intento, un egipcio contrario a Tebas consiguió agrupar a muchos rebeldes nubios para un nuevo levantamiento, pero también fue derrotado. Amosis restauró el gobierno egipcio sobre Nubia, que se controlaba desde un centro administrativo establecido en Buhen.​ Por otro lado, y durante el restablecimiento del control egipcio sobre Nubia, parece que Amosis recompensó a varios príncipes locales que apoyaron su causa y la de sus predecesores dinásticos.

Arte y construcción
Sin lugar a dudas, uno de los grupos más beneficiados por la reunificación del Alto y el Bajo Egipto, así como por la reconquista de las minas del Sinaí y Nubia, fue la clase sacerdotal, y en especial la del dios Amón. Esta deidad, considerada como la personificación de la rebelión y el orgullo egipcios, no tardó en pasar de ser el dios principal de Tebas a la cabeza del panteón nacional, gracias al patrocinio sin fisuras de la familia real. La vuelta a la estabilidad se tradujo en un aluvión de riquezas que, a su vez, fue a parar en su mayor parte a la ciudad-templo de Karnak, que en poco tiempo superó en poder al ahora decadente sacerdocio de Ra en Heliópolis. Los renacientes intercambios comerciales con Nubia, Siria, Fenicia, Creta, Chipre y las islas del mar Egeo hicieron que, poco antes de la muerte de Amosis, Egipto se convirtiera en un imperio económico.

En sus últimos años de reinado, Amosis inició una intensa actividad artística y arquitectónica, principalmente centrada en la restauración de templos y construcciones destruidos. Amosis dedicó de forma periódica un décimo de toda la producción egipcia a la construcción de monumentos dedicados a los dioses tradicionales egipcios,​ recuperando con ello la actividad constructora masiva de grandes templos, así como la actividad artística. Sin embargo, y dado que la derrota final de los hicsos tuvo lugar relativamente tarde en el reinado de Amosis, su programa constructivo no duró probablemente más de siete años, y gran parte de las construcciones que comenzó es probable que no fueran finalizadas hasta el reinado de su sucesor, Amenofis I.


Estela de Ahmose y Tetisheri. Museo Egipcio de El Cairo.
Se retornó al estilo elegante y conservador del Imperio Medio, aunque aportando algunos pocos elementos nuevos, especialmente en cuanto al material utilizado. Las obras llevadas a cabo durante el reinado de Amosis están construidas con materiales mucho más finos que ninguno utilizado en el Imperio Medio. Una vez que el delta del Nilo y Nubia se encontraban de nuevo bajo el control egipcio, se pudo acceder a recursos que antes no estaban al alcance del Alto Egipto. El oro y la plata llegaban de Nubia, el lapislázuli de regiones remotas del Asia central, el cedro llegaba desde Biblos,​ y en la península del Sinaí se reabrieron las minas de turquesas de Serabit el-Khadim. Aunque no se conoce con exactitud la naturaleza de las relaciones entre Egipto y Creta, se han encontrado al menos algunos diseños minoicos que datan de este periodo, y Egipto consideraba el mar Egeo como parte de su imperio.​ Amosis reabrió las canteras de caliza de Tura para extraer la piedra necesaria para los monumentos, y utilizó ganado asiático de Fenicia para transportar la piedra, según atestiguan las inscripciones encontradas en la cantera.

El estilo artístico del reinado de Amosis I fue similar al estilo real tebano preponderante en el Imperio Medio,​ y las estelas que datan de este periodo vuelven a tener la misma calidad.​ Esto es posible que refleje una natural tendencia conservadora cuyo fin sería revivir aquellas modas pertenecientes a la era anterior a la llegada de los hicsos. A pesar de ello, solo han sobrevivido tres esculturas confirmadas que representen a Amosis I: una estatuilla ushebti que se encuentra en el Museo Británico, probablemente procedente de su tumba (que no ha llegado a ser localizada), y dos esculturas a tamaño real, una de las cuales se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York, y la otra en el Museo de Jartum. Todas muestran unos ojos ligeramente saltones, característica que también aparece en diversas estelas que representan al faraón. Basándose en el estilo, una pequeña esfinge de piedra caliza que se encuentra en el Museo Nacional de Escocia, en Edimburgo, también ha sido identificada como representación de Amosis I.


Joyas y armas ceremoniales encontradas en el enterramiento de la Reina Ahhotep, incluyendo un hacha en cuyo filo se representa al faraón Amosis I abatiendo a un soldado hicso y las moscas de oro concedidas a la reina por su apoyo en la lucha contra los hicsos.
Se cree que el arte de fabricación del vidrio se desarrolló durante el reinado de Amosis I. Las muestras más antiguas de vidrio que se han encontrado parecen ser piezas defectuosas de fayenza egipcia, pero la fabricación intencional de vidrio no tuvo lugar hasta los comienzos de la Dinastía XVIII.​ Uno de los primeros ejemplos de abalorios de vidrio contiene los nombres de Amosis y de Amenofis I escritos en un estilo datado aproximadamente en el tiempo de sus reinados. Por ello, si la fabricación de vidrio no se desarrolló antes del reinado de Amosis, y si los primeros objetos hallados datan de no mucho más tarde que el reinado de su sucesor, es muy posible que fuese durante su reinado cuando se desarrolló esta nueva industria.

Amosis retomó los grandes proyectos de construcción, similares a los emprendidos antes del Segundo Periodo Intermedio. En el sur del país comenzó la construcción de templos utilizando sobre todo el adobe, uno de ellos en la ciudad nubia de Buhen. En el Alto Egipto hizo algunas ampliaciones a los ya existentes templos de Amón en Karnak y de Montu en Armant. Además, y según una inscripción encontrada en Tura, utilizó piedra caliza blanca para la construcción de un templo dedicado al dios Ptah, presumiblemente en Menfis, y el harén meridional de Amón, pero no llegó a finalizar ninguno de esos dos proyectos.​ También construyó en Abidos un cenotafio dedicado a su abuela, la reina Tetisheri, considerada la matriarca de la familia y la primera «voluntad de hierro» a favor de la resistencia a los hicsos. Sea como fuere, el lugar donde más se apreció el favor real y divino sería, una vez más, la ciudad de Tebas, convertida en la capital de todo Egipto, por encima incluso de Menfis y Heliópolis.

Por otro lado, excavaciones realizadas por Manfred Bietak en el lugar en el que estaba ubicada la ciudad de Avaris, muestran que Amosis construyó un palacio en el lugar que ocupaba la antigua capital fortificada de los hicsos. Bietak encontró fragmentos de frescos de estilo minoico que cubrieron en su tiempo las paredes del palacio. Por ello existe una gran especulación acerca del rol que esta civilización egea pudo haber tenido en el campo del comercio y de las artes.

Bajo el reinado de Amosis, la ciudad de Tebas se convirtió en la capital de todo Egipto, al igual que lo había sido durante el Imperio Medio. También se convirtió en el centro de un nuevo cuerpo establecido de funcionarios públicos, al incrementarse la demanda de escribas y de personas con conocimiento de la escritura a medida que los archivos reales se incrementaban con la documentación generada en el reino.​ La elección de Tebas como capital fue probablemente por motivos estratégicos, puesto que estaba ubicada en el centro del país, y sería la conclusión lógica tras haber tenido que enfrentarse a los hicsos en el norte y a los nubios en el sur. Cualquier oposición futura que pudiera surgir contra el faraón podría ser combatida rápidamente.

Sin embargo, el cambio más importante en el reinado de Amosis fue posiblemente el relativo a la religión oficial del reino. Tebas se convirtió en el centro religioso y político del país, siendo Amón, su dios local, el que recibió el mérito de haber inspirado las victorias militares de Amosis contra los hicsos. Creció la importancia del complejo de templos de Karnak (ubicado en la ribera oriental del Nilo, al norte de Tebas) y superó al culto anterior al dios Ra, que se centraba en la ciudad de Heliópolis.​ Se han encontrado diversas estelas que detallan el trabajo realizado por Amosis en Karnak, y en dos de ellas aparece como el benefactor del templo. En una de ellas, conocida como la Estela de la Tormenta, Amosis se vanagloria de haber reconstruido las pirámides de sus predecesores en Tebas, y que habían sido destruidas por una tormenta.​ Algunos estudiosos combinan esta afirmación con la erupción del volcán de Tera en el mar Egeo, pero este tipo de afirmaciones son comunes en los escritos propagandísticos de otros faraones, dado que simbolizan la victoria sobre los poderes de la oscuridad. Por ese motivo, no se puede llegar a una conclusión definitiva.

Pirámide

En 1899 se descubrieron en Abidos los restos de una pirámide, que en 1902 fueron identificados como una obra del reinado de Amosis I.​ Esta pirámide y las estructuras relacionadas con ella se convirtieron en objeto de renovados estudios a partir de 1993, fecha en que se puso en marcha una expedición de investigación dirigida por Stephen Harvey y patrocinada por el Instituto de Bellas Artes de Pensilvania y Yale, y la Universidad de Nueva York. El estado de conservación de la pirámide no era bueno: la mayoría de las piedras del exterior de la pirámide habían sido sustraídas a lo largo de los años para su utilización en otros proyectos de construcción posteriores, y el montículo de escombros sobre los que se había construido se había derrumbado. Sin embargo, Arthur Mace encontró dos hiladas intactas de bloques del revestimiento, y a partir de ellas, estimó una pendiente de unos 60 grados (en comparación con la inclinación de 51 grados de la Gran Pirámide de Guiza).​ Aunque la pirámide interior no ha sido explorada desde 1902, el trabajo realizado en 2006 descubrió porciones de una inmensa rampa de construcción hecha con ladrillos de adobe y construida contra una de las caras.

La expedición de Harvey ha descubierto hasta la fecha tres estructuras más que pertenecían al conjunto del templo de la pirámide (que ya había sido descubierto por Arthur Mace). El que se conoce como el templo de la pirámide es la estructura más cercana a la base de la pirámide, y es probable que fuese construida con la intención de ser el centro de culto principal. Entre los miles de fragmentos pintados y tallados que han sido descubiertos desde 1993, aparecen diversas representaciones de una compleja narrativa sobre una batalla contra un enemigo asiático. Con toda probabilidad estos relieves, que muestran arqueros, naves, enemigos muertos y la primera representación conocida de un caballo en el Antiguo Egipto, suponen la única representación conocida de las batallas de Amosis contra los hicsos.

Adyacentes al templo principal de la pirámide y en dirección al este, Harvey ha identificado dos templos construidos por la reina consorte, Ahmose-Nefertary. En una de estas estructuras también se encuentran ladrillos estampados con el nombre del tesorero jefe, Neferperet, oficial responsable de la reapertura de las canteras en el-Ma'asara (Tura) en el vigésimo segundo año de reinado de Amosis. Un tercer templo más grande (templo C) es similar al de la pirámide en forma y tamaño, pero sus ladrillos y sus detalles de decoración hacen creer que se trataba de un lugar de culto para Ahmose-Nefertary.

El eje en el que se estructura el complejo de la pirámide puede asociarse con una serie de monumentos construidos a lo largo de un kilómetro de desierto. A lo largo de este eje se pueden localizar varias estructuras clave: una gran pirámide dedicada a su abuela, Tetisheri, que contiene una estela que muestra a Amosis dedicándole ofrendas; un complejo subterráneo excavado en la roca que pudo haber servido como representación de un inframundo osírico o como tumba real; y un templo con grandes terrazas de piedra y adobe construido en unos altos acantilados. Todos estos elementos reflejan un plan general similar al llevado a cabo para el cenotafio del faraón Sesostris III y su construcción combina elementos de los complejos de pirámides tanto del Imperio Antiguo como del Imperio Medio.

Existe una cierta discusión acerca de si la pirámide fue el lugar de enterramiento de Amosis o si se trata de un cenotafio. Aunque Mace y Currelly, los primeros exploradores, fueron incapaces de localizar ninguna cámara interior, es improbable que pudiera haber un lugar de enterramiento en el interior del montículo de escombros sobre el que se levanta la pirámide. En ausencia de mención alguna a la tumba del rey Amosis en la relación de robos de tumbas contenida en el Papiro Abbott, y en ausencia de un candidato probable entre las tumbas reales de Tebas, es posible que el rey fuese enterrado en Abidos, como sugiere Harvey. Ciertamente, el gran número de esculturas de culto encontradas en los últimos años en la base de la pirámide, así como la presencia de un cementerio utilizado por los sacerdotes del culto de Amosis, sirven para argumentar la importancia del culto real en Abidos. Sin embargo, otros egiptólogos piensan que la pirámide fue construida, al igual que la pirámide de Tetisheri, como un cenotafio, y que Amosis pudo haber sido enterrado originalmente al sur de Dra Abu el-Naga, junto con el resto de los reyes del final de la Dinastía XVII y comienzos de la XVIII.

Esta pirámide fue la última de la historia de Egipto que fuera construida como parte de un complejo funerario. La forma piramidal sería abandonada por los faraones del Imperio Nuevo, tanto por razones prácticas como religiosas. La llanura de Guiza ofrecía mucho espacio para la construcción de pirámides, pero ese no era el caso de la geografía tebana, mucho más escarpada y llena de acantilados, y que hacía que cualquier enterramiento en el desierto circundante fuera vulnerable a las inundaciones. Además, la forma piramidal estaba asociada con Ra, el dios del sol, que había dejado de ser el preponderante en favor de Amón. Por su parte, uno de los significados de Amón era el oculto, lo que significa que ahora era teológicamente permisible esconder la tumba del faraón mediante la separación completa del templo funerario del lugar concreto del enterramiento. Si tenemos en cuenta que esto añadía la ventaja de que el lugar de descanso del faraón podía quedar oculto y mejor protegido de los ladrones de necrópolis, todo esto supuso que los faraones posteriores del Imperio Nuevo fuesen enterrados en tumbas excavadas en la roca, en el Valle de los Reyes.

Momia

Supuesto sarcófago de Amosis 
La momia identificada como la de Amosis I fue descubierta en 1881 en la tumba DB320, situada junto a Deir el-Bahari, en la necrópolis de Tebas, frente a Luxor. Fue enterrado junto con las momias de otros faraones de las Dinastías XVIII y XIX (Amenofis I, Tutmosis I, Tutmosis II, Tutmosis III, Ramsés I, Seti I, Ramsés II y Ramsés IX) y las de los faraones de la Dinastía XXI Pinedyem I, Pinedyem II y Siamón.

La momia fue desenvuelta por Gaston Maspero el 9 de junio de 1886. Se encontró en un sarcófago en el que aparecía su nombre escrito con escritura jeroglífica, y en las vendas aparecía de nuevo su nombre con escritura hierática. El estilo del sarcófago data aproximadamente de la época de la Dinastía XVIII, si bien no estaba elaborado al estilo de los de la realeza, y cualquier adorno o incrustación de metales preciosos que hubiera podido tener había desaparecido en la antigüedad. Había sido evidentemente trasladado desde su lugar de enterramiento original, reenvuelto y colocado en la tumba de Deir el-Bahari durante el reinado del faraón Pinedyem II, cuyo nombre también aparece en las vendas de la momia. En su cuello se había colocado un collar de flores de delphinium. El cuerpo mostraba señales de haber sufrido las consecuencias de un saqueo, probablemente por parte de ladrones de tumbas, puesto que su cabeza estaba separada del cuerpo y su nariz estaba aplastada.

El cuerpo de la momia medía 1,63 metros de altura. La momia tenía una cara pequeña, sin rasgos muy característicos, aunque poseía una dentadura frontal prominente. Esto podría ser un rasgo familiar hereditario, pues puede observarse también entre algunas momias femeninas de la misma familia, así como en la de Tutmosis II.

Una pequeña descripción de la momia realizada por Gaston Maspero arroja más luz sobre los parecidos familiares:

(...) él era de mediana estatura, puesto que su cuerpo momificado medía solo 5 pies y 6 pulgadas (1,7 m) de altura, aunque el desarrollo del cuello y del pecho indican una fuerza extraordinaria. Su cabeza es pequeña en proporción al pecho, la frente baja y estrecha, los huesos faciales sobresalen y el pelo es denso y ondulado. La cara recuerda exactamente la de Tiûâcrai [Seqenenra Taa] y el parecido por sí solo serviría para proclamar la afinidad, incluso si ignoráramos la estrecha relación que unía a estos dos faraones.
Los estudios iniciales sobre la momia llegaron a la errónea conclusión de que la momia pertenecía a un hombre de entre 50 y 60 años,26​ pero exámenes posteriores han mostrado que lo más probable es que se encontrase entre los 30 y 40 años cuando murió.

Sin embargo, la identidad de la momia (catalogada en el Museo del Cairo con el n.° 61057) fue puesta en duda en 1980 por los resultados publicados por el Dr. James Harris, profesor de ortodoncia, y el egiptólogo Edward Wente. Harris había sido autorizado para tomar imágenes de rayos X a todas las supuestas momias reales del Museo Egipcio de El Cairo y, en sus estudios, Harris resaltó que la morfología craneoencefálica de Amosis I era muy distinta de la de Seqenenra Taa. También es distinta de la de la momia femenina identificada como Ahmose-Nefertari, que se cree que debió ser su hermana. Estas inconsistencias, y el hecho de que esta momia no estuviese colocada con los brazos cruzados sobre su pecho, como era la costumbre en el periodo para las momias reales masculinas, les llevó a concluir que esta probablemente no era una momia real, dejando su identidad desconocida.

En la actualidad la momia se encuentra en el Museo de Luxor, al lado de la supuesta momia de Ramsés I, como parte de una exhibición permanente titulada "La Edad de Oro del Ejército Egipcio".

La familia ahmósida
Podemos recomponer buena parte del árbol genealógico de Amosis y su descendencia gracias en gran parte al hallazgo de las momias de numerosos miembros de la familia real de la época en el escondrijo DB320. Este árbol genealógico es conocido como ahmósida por portar frecuentemente el nombre de Ahmose –tanto hombre como mujer, lo que a veces dificulta su correcta identificación.

Ahmose (Amosis I) nació en el seno de la familia gobernante de la ciudad de Tebas, conocida como dinastía XVII. Su abuelo y su abuela, Senajtenra Ahmose y Tetisheri, tuvieron al menos doce hijos, incluyendo al futuro faraón Seqenenra Taa y a Ahhotep. De acuerdo con la tradición de las reinas egipcias, estos dos hermanos contrajeron matrimonio, y sus hijos fueron Kamose, Amosis y varias hijas.​ Amosis, siguiendo con la tradición, se casó con varias de sus hermanas, convirtiendo a Ahmose-Nefertari en su esposa principal.​ Tuvieron varios hijos, incluyendo a las niñas Meritamón B y Sitamón A y a los hijos Siamón A, Ahmose-anj,​ Amenofis I y Ramose A50​ (las letras "A" y "B" tras los nombres son convenciones utilizadas por los egiptólogos para distinguir hijos reales y mujeres que tienen el mismo nombre). Puede que fueran también los padres de Mutneferet A, que se convertiría en la esposa del posterior faraón Tutmosis I. Ahmose-anj era el sucesor principal de Amosis, pero murió antes que su padre, en algún momento entre los años 17º y 22º del reinado de su padre. Por ese motivo, el sucesor de Amosis fue su hijo superviviente más mayor, Amenofis I, con quien puede que hubiese llegado a compartir una corregencia.

No existe una ruptura en cuanto a la línea sucesoria entre las dinastías XVII y XVIII. El historiador Manetón, que escribió en una época muy posterior a la Dinastía Ptolemaica, consideró que la expulsión de los hicsos tras casi un siglo de ocupación y la restauración del gobierno egipcio nativo sobre la totalidad del país suponía un evento lo suficientemente significativo como para garantizar el comienzo de una nueva dinastía.

Las mujeres de Amosis
La Gran Esposa Real y mujer más importante de comienzos de la dinastía XVIII fue la propia hermana de Amosis, la reina Ahmose-Nefertari. Casada con él a muy tierna edad, gozó de una importancia y un poder realmente significativo, por el que más tarde lucharían muchas otras mujeres de su línea sanguínea. Fue nombrada Segunda Profetisa de Amón, Divina Adoratriz y Esposa del dios, un cargo que sería transmitido de madre a hija, como símbolo portador de la legitimidad real. A partir de aquel entonces, un rey no podría llegar a ser coronado de no estar casado con una mujer descendiente del linaje de Ahmose-Nefertari, a ser posible con el título de Esposa del dios.


La reina Ahmose-Nefertari, hermana y esposa principal de Amosis. Altes Museum, Berlín.
La importancia de Ahmose-Nefertari radicaba en que era la persona "Dadora de Herederos", siendo que un hijo real suyo sería el próximo faraón. Esta práctica sería mantenida durante casi todo el transcurso de la Dinastía XVIII. Así en caso de que la descendencia sea enteramente femenina, estas princesas serían las futuras "Dadoras de Herederos", estableciendo así que la sucesión real tendría que pasar obligatoriamente por el linaje de Ahmose-Nefertari.

El papel de Ahmose-Nefertari a la sombra de su marido Amosis no parece ser tan relevante como el que desempeñó tras su muerte, ya como reina madre. Tanto es así que se llegó a pensar que en realidad era la gran esposa real del sucesor de Amosis, Amenofis I, por aparecer siempre junto a él y en condiciones de igualdad. Madre e hijo llegaron incluso a ser deificados a su muerte, superando en fama al propio Amosis, y se convirtieron en los patrones de la cofradía de los constructores de tumbas de Deir el-Medina.

Se ha planteado la hipótesis de que Amosis también estuviese casado con Ahmose-Sitkamose. La identidad real de esta princesa sigue siendo un misterio, y el hecho de que su segundo nombre signifique «hija de Kamose» podría traducirse como la unión de las dos ramas de la familia real por medio de un matrimonio. De haber sido mujer de Amosis, lo más seguro es que Ahmose-Sitkamose portase el título de gran esposa real, pero, no se conoce con certeza su filiación. La teoría más aceptada es que esta mujer no fue la esposa del rey, sino hija suya y de la reina Ahmose-Nefertari, como parece certificar el hecho de que también portase el título de Esposa del dios.

En lo que respecta a las otras esposas de Amosis, ninguna llegó a igualar a Ahmose-Nefertari, la única con el título de gran esposa real (equivalente a reina) y no pasaron de ser esposas secundarias sin ningún papel político. Nos han llegado los nombres de algunas, sobre todo debido a su maternidad, como son los casos de Thenthapi o Kasmut.

Los hijos de Amosis
Hijos de Ahmose-Nefertari
Sitamón. La hija mayor del matrimonio, portó el título de Esposa del dios, pero murió joven y sin descendencia.
Siamón. Al parecer el primogénito, fue el primer heredero, aunque murió siendo niño.
Ahmose-Sitkamose. Como ya se mencionó antes, no queda muy claro si fue hija de Amosis y Ahmose-Nefertari, o bien de Kamose y Ahhotep II.
Ahmose-Anj. Fue el segundo hijo varón y legalmente designado el heredero al trono. Murió entre el año 17 y el 22 del reinado de su padre, en plena adolescencia.
Ahmose-Meritamón. Sería la segunda o la tercera de las hijas de la pareja real. Como sus hermanas antes, fue Esposa del dios. Puede que también muriese sin descendencia adulta, pese a que llegó a ser la gran esposa real de Amenhotep I.
Amenhotep I. El tercero de los varones acabaría por suceder a su padre. Convenientemente asesorado por su madre Ahmose-Nefertari y casado con su hermana Ahmose-Meritamón, en su reinado de 21 años continuaría la labor de su padre en todas sus facetas.
Otros hijos de Amosis
Tair, hija de Kasmut.
Henttameh, hija de Tenthapi.
Ahmose, una niña. Quizás se trate de la princesa enterrada ahmósida en el Valle de las Reinas.
Ahmose-Sipair (?), un niño. Murió muy pronto, y desconocemos quién fue su padre, si Amosis o Amenhotep I. Su pequeña momia fue una de las muchas halladas en DB320.
Ramose (?), un varón. Conocemos poco más aparte del nombre. Tampoco sabemos con certeza quiénes fueron sus padres.
Ahmose (?), una mujer. Quizás se llamase en un principio Ahmose-Tasherit. Como gran esposa real que llegó a ser, a la fuerza tuvo que ser hija de un rey y de una gran esposa real. Lo que no queda claro es si fue hija de Amosis y Ahmose-Nefertari o de Amenhotep I y de Ahmose-Meritamón.
Mutnefert (?), otra mujer. La madre del rey Thutmose II bien pudo haber sido hija de Amosis y de una esposa secundaria, aunque no hay nada que lo certifique.

Sucesión
El rey Amosis I murió a la edad aproximada de treinta y cinco años por causas que desconocemos, aunque es probable que se tratase de muerte natural (no hay que olvidar que la esperanza de vida de aquella época no superaba los treinta años). Había reinado en Tebas por espacio de veinticinco años y cuatro meses, de los cuales durante siete años había sido el gobernante único de todo Egipto.

Amosis I fue sucedido por su hijo, Amenofis I. Por otra parte, algunos historiadores han defendido la existencia de una corregencia con Amenofis, que pudo haber durado hasta seis años. Partiendo de la hipótesis de que sí que hubiese existido esta corregencia, Amenofis no podría haber sido nombrado rey hasta el decimoctavo año de reinado de Amosis, fecha aproximada de la muerte de Ahmose-Anj, y momento en que Amenofis se habría convertido en el heredero al trono.​ Pese a que hay argumentos o indicios que apuntan a la existencia de este breve periodo en el que ambos reinados se solaparon, lo cierto es que aún nada puede certificarse ante la falta de pruebas claras.

El primer indicio que apunta a la existencia de la citada corregencia lo constituyen tres pequeños objetos que contienen los praenomen de ambos faraones, uno al lado del otro: un abalorio de cristal, un pequeño amuleto de feldespato, y una estela rota. Todas ellas están escritas en el estilo típico de la Dinastía XVIII.​ En esta última estela se dice de Amenofis que "recibió vida eternamente", frase habitual en el idioma egipcio para hacer referencia a que el rey está vivo, mientras que el nombre de Amosis no tiene el epíteto habitual de "voz de la verdad" que se otorga a los reyes muertos.​ Dado que el praenomen solo lo asumen los reyes al llegar al trono, se podría asumir que ambos estaban vivos al mismo tiempo, y que ambos reinaban a la vez. Existe sin embargo la posibilidad de que Amenofis solo quisiera asociarse con su padre, que fue el reunificador de Egipto.

Le segunda evidencia en la que se apoyan los defensores de la existencia de la corregencia es en el hecho de que Amenofis I parece que casi llegó a finalizar las preparaciones para su fiesta Sed, o puede que incluso comenzase su celebración. Sin embargo, la duración del reinado de Amenofis se considera de tan solo 21 años, cuando esa fiesta no se puede celebrar antes de que el faraón haya cumplido 30 años de reinado. Algunos argumentan que sí que es posible que planease la celebración del festival si se suma a la duración de su reinado el tiempo de corregencia con su padre, y si se calculase su reinado a partir de su primera coronación, y no desde la fecha en que comenzó a gobernar en solitario. Esto explicaría el grado de desarrollo en el que se encontraban los preparativos del festival encontrados en Karnak.​ Sin embargo, este indicio no es concluyente, puesto que también existen dos ejemplos contemporáneos en el Imperio Nuevo en el que esta tradición sufre una ruptura: La reina Hatshepsut celebró el Heb Sed en su decimosexto año, y el faraón Akenatón lo hizo en el decimoséptimo.

En tercer lugar, existen dos estelas encontradas en las canteras de piedra caliza Ma`sara, que datan del vigésimo segundo año de reinado de Amosis, en las que la esposa de Amosis, Ahmose-Nefertari, recibe al mismo tiempo los títulos de "Gran Esposa del Rey" y "Madre del Rey". Para que esto pudiera ser cierto de forma literal, tanto Amosis como Amenofis debían ser reyes a la vez en ese momento. Sin embargo, también es posible que se tratase de un título honorífico, puesto que existen casos como el de la reina Ahhotep II, que asumió el título a pesar de no haber sido madre de ningún rey conocido;​ aunque existe la posibilidad de que su hijo Amenemhat fuese corregente con Amenofis I, pero que hubiese muerto antes que su padre.

Dada la situación y no siendo estas evidencias del todo concluyentes, en la actualidad es imposible determinar si llegó a existir o no una corregencia. Tanto las obras de Redford como las de Murnane sobre el particular llegan a la conclusión de que no hay suficiente base para decantarse a favor ni en contra de dicha posibilidad. Incluso si hubiese existido, no habría tenido influencia en la cronología del periodo porque en este tipo de institución el faraón Amenofis habría comenzado a contar sus años de reinado a partir del primer año como gobernante en solitario.​ En cualquier caso, los defensores de la corregencia hacen notar que, visto que hubo al menos una rebelión contra Amosis durante su reinado, habría sido una acción lógica la de coronar a un sucesor antes de que el faraón hubiese muerto, puesto que eso evitaría una futura lucha por la sucesión a la muerte de Amosis.

Lo único que sabemos a ciencia cierta es que Amenofis I siguió todas y cada una de las directrices de sus padres, estabilizando el país y concluyendo todas las obras que Amosis dejó inconclusas. Sería sucedió por Tutmosis I, un hombre en apariencia no relacionado con los ahmósidas, pero casado con la princesa Amosis.

AHMOSE-MERITAMÓN.


                   
Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.





Diseño propio. Autor: José Manuel Lamas.

Reina de la dinastía XVIII egipcia, muy poco conocida.

Era la hermana y la Gran Esposa Real del segundo rey de esta dinastía, Amenhotep I y, por tanto, hija del faraón Amosis I y de la reina Ahmose-Nefertari. Parece ser que tenía algunas hermanas mayores, pero ninguna de ellas se casaría con su hermano debido a que murieron antes de que este asumiera el trono.

Ahmose-Meritamón ocupó el cargo de Esposa del dios y fue la eterna y silenciosa acompañante de su marido, pero, para desgracia suya, no pudo traer al mundo ningún vástago conocido que llegase a edad adulta y pudiera suceder a su padre. Quizás por ello Amenhotep "castigó" a su esposa a no aparecer en tantos documentos históricos, sorprendiendo a los egiptólogos que siempre esté junto al rey en vez de su mujer, su madre la gran reina Ahmose-Nefertari.

Por ello, a la muerte de Amenhotep I ocupó el trono Thutmose I, que bien podía ser un hijo del difunto con una esposa secundaria o bien descender por otra vía de la familia de Ahmose. Cuando murió la reina Ahmose-Meritamón (ignoramos si fue antes o después que su marido), fue enterrada en una tumba excavada al pie del acantilado de Deir el Bahari, dónde más tarde se edificará el templo conmemorativo de Hatshepsut, denominada TT358. Allí fue donde se encontró a principios del siglo XX, siendo su sarcófago doble de madera policromada uno de los más bellos de aquel olvidado lugar donde se encontró una momia intrusa posterior de una tal Nanny, princesa "hija del Rey" y "Cantora de Amón", de la posterior XXI dinastía.

Por más que muchas fuentes afirmen que Amenhotep I no estuvo casado con Ahmose-Meritamón, y que su gran esposa real era una tal Ahhotep II, esta información es incierta, pues no existe ninguna Ahhotep que viviese por aquel entonces en la familia real. Fue Ahmose-Meritamón la segunda reina de la XVIII Dinastía.

MERITAMÓN.



                     
                     Diseño propio. Autor: José Manuel Lamas.

Meritamón fue una reina consorte egipcia de la dinastía XIX, vivió durante los años 1280 a 1220 a. C., aproximadamente. Se cree que era la cuarta de las hijas de Ramsés II y la primera de las nacidas de su favorita, la bella reina Nefertari. No se la debe confundir con otras reinas o princesas que portaron su mismo nombre, como es el caso de Ahmose-Meritamón (hija de Amosis I), Meritamón (hija de Tutmosis III), o Meritatón (primogénita de Akenatón y de Nefertiti).

Meritamón nació poco antes de que su padre asumiera el trono en solitario o en sus primeros años de reinado. Tenemos escasos datos acerca de esta princesa y después reina de Egipto, pero sabemos que cuando murió su madre, esposa favorita y más amada del faraón (durante el año 24 o algo después, cuando Meritamón aún no alcanzaría los 30 años), éste se casaría con su hija. Aunque los reyes se casaban entre hermanos o medio hermanos para conservar la pureza de la "sangre solar", la práctica del incesto paternofilial en la familia real egipcia fue una práctica poco usual, con solo tres casos: Amenofis III (quien se casó con al menos tres hijas suyas), su hijo y sucesor Akenatón (en su caso pudieron ser de dos a cuatro) y el propio Ramsés II, que tuvo aún más esposas-hijas. Sin embargo, sólo tres de estas hijas reales ascenderían al rango de Gran Esposa Real. Una de ellas, quizás la primera, fue Meritamón.

La primera mención importante en la que aparece Meritamón convertida en reina es en la fundación de los dos hermosos templos de Abu Simbel. La opinión más general es que en aquel momento representó las funciones de la Gran Esposa Real Nefertari, destinataria de uno de los templos, quien se encontraría enferma o ya habría muerto. Sería desde este momento en el que Meritamón acabaría por asumir todas las funciones que tuvo en vida Nefertari y se convirtió en la mujer más poderosa de la segunda generación de esposas del rey.

Al igual que Nefertari tuvo una rival en Isis-Nefert, es probable que Meritamón la tuviera en la hija de ésta, Bint-Anat. Las dos hermanas suplantaron los papeles de sus madres al desaparecer ellas, y se convirtieron en las siguientes reinas más importantes de Ramséss II. No obstante, parece ser que Meritamón tuvo un papel más importante, o al menos más independiente, pues se piensa que residía durante mucho tiempo en el templo de Amón en Karnak, como lo muestran sus títulos de Cantora de Amón, Superiora del Harén de Amón, o La que toca el sistro para Mut.

No hay tantos vestigios históricos de Meritamón como de Nefertari, pero uno de los más bellos es una estatua conocida como La Reina Blanca, admirada aún hoy por todos. El templo en el que más veces aparece es el de Abu Simbel, junto a su padre, a su madre y a sus hermanos y hermanas. Tampoco se le conoce ningún descendiente, aunque es posible que sí los tuviera, pues se sabe que el matrimonio de Ramsés II con sus hijas no fue sólo ritual (la reina Bint-Anat tuvo al menos una hija).

Desconocemos la fecha exacta de la muerte de la gran esposa real Meritamón, la amada de Ramsés II, y la viva imagen de Nefertari, pero tuvo que ser en los últimos años del largo reinado de su padre. Muy pocos de los primeros hijos del faraón, como Merenptah y Bint-Anat lograrían sobrevivir a su nonagenario progenitor. Meritamón fue enterrada en la tumba QV68 del Valle de las Reinas, pero su momia aún no ha sido hallada.

AMENHOTEP I.


Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

También conocido como Amenhotep Inota 2​ o Amenofis I, es el segundo faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Reinó de c. 1550 a 1530 a. E. C.

Sucesor del rey Ahmose I, quien expulsó a los hicsos del país, se ocupó de reparar los daños causados a la monarquía por cien años de ocupación, y además luchó contra los libios y avanzó hacia el sur, atravesando Nubia, hasta la segunda catarata del río Nilo.

Como su padre, realizó generosas donaciones al dios Amón de Tebas, considerado el dios protector de la familia real y el promotor de la rebelión contra los hicsos.

Fue un monarca especialmente alabado por los constructores y llegó a ser deificado y adorado durante muchos años después por los artesanos y constructores de tumbas de Deir el-Medina,​ lo que ha hecho pensar que fue el verdadero fundador del Valle de los Reyes. Sin embargo, esto aún está por demostrar, pues no hay ninguna candidata seria a ser la tumba de Amenhotep I, ni en el Valle de los Reyes ni fuera de ella. Aun así, su momia fue hallada en el escondrijo DB320.

De su reinado se sabe menos que de otros gobernantes de la brillante Dinastía XVIII, pero se puede afirmar que fue una época tranquila en la que Egipto comenzó a abrirse al mundo y sus reyes comienzan a pensar en conquistas.

Este monarca solía ir siempre acompañado de su madre, la gran reina Ahmose-Nefertari, quedando en la sombra la gran esposa real y hermana del rey, Ahmose-Meritamón. Se cree que tuvo un solo hijo que murió en la infancia, aunque otras fuentes indican que no tuvo hijos.

Amenofis fue sucedido por Tutmosis I, aparentemente una figura militar de alto rango. No está aclarado si había parentesco entre ambos, aunque se ha sugerido que Tutmosis I era hijo del hermano mayor de Amenofis, Ahmés Sapair.

AMENOFIS III.

Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Fue un importante faraón de la dinastía XVIII de Egipto que gobernó desde 1407 a. E. C. hasta 1376 a. E. C.​ También es conocido como Imenhotep III, Amenofis III, Memnon, y otros nombres helenizados.​ La transcripción de los jeroglíficos de sus títulos es Neb-Maat-Ra Amen-Hotep, su nombre de trono y el de nacimiento.

Amenofis III fue el noveno faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Sucedió a su padre, Thutmose IV. Junto con la reina Tiy tuvo a su hijo, Ajenatón (Akenatón), que le sucedió en el trono. Parece ser que Amenhotep fue coronado siendo todavía un niño, probablemente a una edad entre los seis y los doce años. Fue debidamente regido en su infancia por su madre, la reina Mutemuia, y por un consejo de regencia.

En esta época cobraron suma importancia sus suegros, Yuya y Tuyu, quienes posiblemente podían haber sido sus tíos maternos. Era tan grande el poder y la influencia que ejercía aquel matrimonio que incluso gozaron del honor de poder ser enterrados en el Valle de los Reyes.

Amenhotep murió el año 39º de su reinado y fue enterrado en la tumba WV22 del valle Occidental. Su momia (en pésimo estado de conservación), se encontró dentro de la tumba de su abuelo Amenhotep II ya que los sacerdotes de la Dinastía XX la trasladaron allí para protegerla de saqueos y actos de vandalismo. En septiembre de 2010, National Geographic publicó que la identidad de esta y otras momias fue posible gracias a un análisis de ADN practicado a la momia de Tutankamón. Gracias a ello, se identificó además a la Reina Tiy, a Ajenatón, a la madre de Tutankamón y a la esposa de este. La momia de Tiy se corroboró también con los restos de Yuya y Tuyu.

Siempre se ha hablado de la posibilidad de una corregencia entre Amenhotep III y Amenhotep IV, y se han dado plazos de unos dos, nueve o incluso doce años, si es que tal situación llegó a existir. Gracias a las cartas de Amarna, en especial a una recibida por Suppiluliuma I, el rey hitita, que felicita cortésmente a Ajenatón por su subida al trono, parece ser que la corregencia entre padre e hijo tuvo que ser de dos años como máximo.

Política exterior

La estabilidad lograda por las conquistas de sus antecesores trajo una época de prosperidad, debido a los tributos pagados por los pueblos vencidos. Egipto era, indiscutiblemente, la gran potencia de la zona. La paz favorecía el comercio, fuente adicional de riqueza.

Levante era zona de influencia egipcia, y se mantenían alianzas con Mitani y Babilonia.
En una estela se informa de la campaña contra Ibhet en Kush el año quinto de su reinado. Afirmó la soberanía de Egipto levantando numerosos templos en todo el territorio nubio.

Política interior

Se apoyó en dos consejeros: el visir del Alto Egipto, Ramose y el arquitecto Amenhotep, hijo de Hapu, con la poderosa influencia de la primera Gran Esposa Real, Tiy. El problema interno lo creaban los sacerdotes de Amón, que debido a las donaciones de Thutmose III se habían vuelto tan poderosos que amenazaban al propio faraón. Tutmosis IV había intentado frenar al clero potenciando el culto al disco solar, Atón, que figura en su tumba. Amenhotep III continuó con esta huida diplomática, se alejó de Tebas construyendo un palacio en Malkata, en la ribera occidental y otro en El Fayum. Muertos sus consejeros y al subir como corregente su hijo, este empezó la verdadera guerra política contra los amonianos, apoyado por la reina Tiy.

De la infinidad de mujeres que tuvo el faraón, solo tres ascendieron al rango de esposa real: su posible prima Tiy, una mujer con gran energía y una auténtica gobernante en la sombra; la princesa real Giluhepa de Mitani, que fue el símbolo de la alianza entre ambos países; y la primogénita de Amenhotep III y Tiy, la dama Sitamón, con la que cometió incesto en los últimos años de reinado. Este caso es puntual, pero no es el único en la historia de Egipto. El viejo faraón se casaría con otras dos hijas suyas, a las que no ascendió al rango de gran esposa real. Otra esposa bien conocida, y que tampoco fue gran esposa real, sería otra princesa mitania, Taduhepa, sobrina de Giluhepa e identificada por algunos como la propia Nefertiti (a pesar de ser hija de Ay y hermana de Mutnedymet).

Hijos nacidos de Tiy.
Sitamón. La primogénita, que más tarde se casaría con su propio padre a finales del año 30º con motivo de su jubileo.
Ajenatón. Llamado originalmente Amenhotep, acabaría por sucederle en el trono y romper totalmente con todos sus antecesores, rechazando a Amón y estableciendo un culto casi monoteísta al disco solar, Atón.
Henuttaneb e Iset. Otras princesas, que también se casarían con su padre en el segundo y tercer jubileo, respectivamente, con el rango de esposas secundarias.
Nebetta y Baketatón. Quizás planease casarse con ellas en siguientes jubileos; sea como fuere, sus huellas desaparecen, y lo único que sabemos es que Baketatón permaneció en Tebas con Tiy hasta su muerte.
¿Kiya? La posible hija de Amenhotep III y Tiy por la momia "La dama joven". Esta, más tarde, se casaría con su posible hermano Ajenatón y podría haber traído al mundo a su hijo Tutankamón.
Hijos nacidos de Giluhepa.
¿Thutmose? El hijo varón mayor del rey no era hijo de Tiy, pues de haber sido así no habría tomado el nombre de Thutmose. Aun así, no se sabe con exactitud que hubiese nacido de la primera princesa mitania.
Hijos nacidos de Sitamón.
¿Semenejkara? No sabemos nada de este personaje, ni siquiera si llegó a existir o era Nefertiti con un nombre masculino. Si fue un varón emparentado con Ajenatón, es posible que fuera sobrino suyo.
Genética
El análisis paleogenético de su momia arrojó que su linaje paterno (ADN-Y) es el caucasoide-europeoide R1b-M343, y el linaje materno el también caucasoide estepario H2b.

El período de su reinado coincidió con una época de paz, prosperidad y esplendor artístico. Realizó numerosas construcciones en el templo de Amón en Karnak, incluyendo al menos un pilono, una columnata a continuación de la nueva entrada y un templo dedicado a la diosa Maat.

También supervisó la construcción de un nuevo templo en Tebas, una monumental y bellísima edificación que aun puede admirarse. Se cree que en el undécimo año de su reinado empezó un gigantesco palacio en el lugar conocido hoy en día como Malkata, en la ribera occidental, como regalo a su esposa Tiy. Una cabeza de granito de Amenofis III de 2,5 metros de altura fue hallada en su Templo mortuorio de Amenhotep III en la zona de Kom el Hitan en el actual Luxor.

Su templo mortuorio, situado en la orilla occidental del río Nilo, fue en su tiempo el mayor complejo religioso de Tebas. Desgraciadamente lo construyó en una zona que sufre continuas inundaciones; por eso, doscientos años más tarde, el templo ya estaba en ruinas. Los Colosos de Memnón, dos estatuas de 18 metros de altura, que estaban situadas a la entrada del complejo, son el único resto que aún sigue en pie de aquel fabuloso complejo, aunque en la actualidad está siendo reconstruido y ya podemos contemplar los dos colosos sedentes del segundo pilono, así como otros cuatro de pie.

Y no solo se contentó con adornar Tebas, sino que hizo ampliaciones en otras ciudades sagradas como Menfis, Heliópolis e incluso llegó a construir templos en Nubia, como el de Soleb, cosa hasta entonces inaudita y que después repetiría en varias ocasiones Ramsés II, el único rey que superaría a Amenhotep III en actividad constructora.

La gran actividad constructora de su reinado, sin parangón en la historia egipcia hasta entonces, fue también gracias a la incesante labor del hombre fuerte de su reinado, Amenhotep, hijo de Hapu, un anciano devoto de Amón que fue la gran presencia hasta aproximadamente el año 30. Fue tal la valía de este hombre que llegó a ser recompensado con un pequeño templo funerario cercano al de Amenhotep III: un privilegio solo digno de los reyes.

El realismo de la representación del faraón es un elemento de gran novedad, como se observa en la estatua de Amenhotep III en serpentinita que lo representa como un hombre con sobrepeso. Se asistirá a un cambio radical en la representación artística con su sucesor, que podría reflejar la concepción de Akenatón del dios Atón como un todo, que aunaría lo femenino y lo masculino, debido a ser generador de vida o bien sencillamente el propio faraón decidió representarse a sí mismo y a su familia de este modo. Una estela de Amarna muestra a Amenhotep III y a la reina Tiyi, recibiendo ofrendas alimentarias en un banquete bajos los rayos de Atón.

Cronología

1391 a. C.: Ascenso al trono, posiblemente con doce años de edad.
1386 a. C.: Expedición victoriosa al Reino de Kush (Nubia).
1360 a. C.: Muerte del arquitecto real, Amenhotep, hijo de Hapu, diseñador del templo de Amón en Tebas. Sus normas arquitectónicas permanecerán hasta la época ptolemaica.
1359 a. C.: Se completa el templo de Amón.
1353 a. C.: Su hijo Amenhotep IV (Ajenatón) es asociado al trono como corregente.
1352 a. C.: Muerte de Amenhotep.

NEFERTITI. 

Vivió unos 40 años.

Fuente: https://www.muyinteresante.com.mx/historia/recrean-busto-de-nefertiti-y-causa-polemica-su-tono-de-piel/

















Siendo más joven.



Diseño creado por la diseñadora gráfica, Becca Saladin.






Diseño propio de cómo se vería actualmente.


Vivió sobre 1370-1331a. n. e.

Fue una reina de la dinastía XVIII de Egipto, la primera gran esposa real de Akenatón.

Algunos egiptólogos creen que ella fue la persona que reinó con el nombre de Semenejkara, que se asociara primero y sucediera brevemente después a Ajenatón (Akenatón) tras su muerte. Sí hay acuerdo en cuanto a su influencia en el reinado de Ajenatón, como gran esposa real. Su desaparición de las representaciones coincide con la asociación al mando de Semenejkara, que es también la primera mención de este personaje, lo que ha dado lugar a suponer tal identidad. El busto de Nefertiti es una de las esculturas egipcias más conocidas. A pesar de sus 3500 años de antigüedad, conserva los colores originales.

Está establecido que el padre de Nefertiti era Ay, quien más tarde alcanzó el rango de faraón, sucediendo a Tut-anj-Amón (Tutankamón), tras la muerte prematura de este. Si bien se sabe que Ay estaba casado con una mujer llamada Tey, se sostiene que no era la madre de Nefertiti, ya que no portaba el título de “Madre Real de la Gran Esposa del Rey”, sino el de “Gobernante” de la principal esposa del faraón.

Las evidencias apuntan a que era en todo caso madrastra de Nefertiti, quien quedó huérfana de madre a corta edad. Su padre Ay contrajo nupcias nuevamente con Tey y de esta unión nacería Mutnedymet, siendo medio hermana de Nefertiti, la que a la postre sería desposada por Horemheb muy probablemente como muestra de continuidad en pos de otorgarle legitimidad en su ascensión al trono.

Otra teoría, cada vez más desplazada por la primera, sería que fuera la princesa Taduhepa, del país de Mitani; esta teoría se ve reforzada por el hecho de que Nefertiti presentase una cabeza ovalada, debido a una manipulación artificial de su cráneo en su etapa infantil, una práctica que no era propia de Egipto pero sí de Mitani y que era rasgo de alta clase social. Nefertiti quiso que su descendencia también ostentase tal distinción y, por ese motivo, en las representaciones familiares observamos que todos los miembros, menos el faraón, tienen el cráneo ovalado.

La fecha de la boda y la del acceso al trono de Nefertiti no se pueden determinar con exactitud. No obstante, lo más probable es que haya sido desposada cuando Akenatón ascendió a corregente de su padre Amenhotep III, como paso previo a la sucesión. El príncipe Amenhotep (el futuro rey Akenatón) no era el primogénito del rey, pero a la muerte del príncipe heredero Tutmosis la sucesión recayó en su hermano menor Akenatón.

La pareja tuvo seis hijas:

Meritatón, nacida c. 1348 a. C.

Meketatón, nacida c. 1347 a. C.

Anjesenpaatón, nacida c. 1346 a. C.

Neferneferuatón-Tasherit, nacida c. 1344 a. C.

Neferneferura, nacida c. 1341 a. C.

Setepenra, nacida c. 1339 a. C.


El papel de una reina

Los egiptólogos discuten a menudo sobre el papel de Nefertiti en el llamado "Cisma de Amarna", el reinado de Akenatón que revolucionó por completo la sociedad y la cultura egipcias. Algunos piensan que se vio arrastrada por el poco saber hacer de su marido, mientras que otros piensan que en realidad ella fue la promotora de la mal llamada rebelión.

Nefertiti siempre acompañó a Akenatón. Primero, en el traslado de la capital de Tebas a Aketatón (Amarna), fundada más al norte como el reino de Atón sobre la tierra, y después al asumir las funciones de corregente de su marido, cosa única en la historia anterior egipcia. Akenatón decidió elevar al cargo de gran esposa real a Nefertiti, convirtiéndola en reina-faraón a su lado, con el nombre de Neferneferuatón.

Así, en numerosas representaciones aparece Nefertiti en igualdad de condiciones respecto a su marido e incluso hay algunas estelas en las que una figura, sin duda la de esta reina, aparece tocada con la doble corona y dos cartuchos reales en vez de uno. La XVIII Dinastía había traído una nueva Hatshepsut.

Tras el decimocuarto año del reinado de Akenatón, hacia 1336 a. C., se pierde la pista de Nefertiti. Desaparece por completo de los escritos de los papiros y de los grabados en piedra. Algunas hipótesis hablan de una muerte violenta tras la cual su marido habría prohibido que se mencionara su nombre; otros creen que pudo adoptar algún comportamiento que desagradó a los egipcios y que hicieron perder a la reina casi toda su influencia y prestigio e incluso una especie de divorcio. La auténtica razón es difícil de determinar. Sin embargo, en 2014, el Journal of Egyptian History, Volume 7 (1): 67 – Aug 18, 2014 publicaba el descubrimiento de un grafiti en una cantera al norte de Akhetaton (la ciudad nueva de Akhenaton), en el que se hacía referencia a Nefertiti en el decimosexto año de reinado de Akhenaton, con su título de Gran esposa Real, lo cual demostraría que a sólo un año de la presunta muerte del rey, Nefertiti estaría viva y sin perder su preeminencia.

La desaparición de Nefertiti coincide con un cúmulo de hechos que sacudieron la familia real entera: la desaparición de la otra esposa de Akenatón, Kiya, el ascenso de la princesa Meritatón a gran esposa real y la aparición de la fantasmal figura de Semenejkara, el nuevo corregente del faraón. Muchos han querido ver en todo esto el último ascenso de Nefertiti en el poder, pasando de reina-faraón a un faraón masculino. Se suprimiría la posible competencia de Kiya (quien caería en desgracia por causas desconocidas) y dado que todo rey necesita una gran esposa real, ¿quién mejor que Meritatón para sustituir a su madre, ahora rey?

Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Posible aspecto de joven.

Variación de posible aspecto. Diseño propio según anteriores resultados.


Al morir Akenatón hubo un breve reinado de Semenejkara en solitario, pero fue pronto sucedido por Tutanjatón, más conocido bajo el nombre de Tutankamon, hijo de Ajenatón y de una hermana de este, identificada con la momia KV35YL 61072 y conocida como la Dama Joven ("The Younger Lady").​ Se casó con la tercera hija de Nefertiti, Anjesenpaatón. La real pareja debía ser relativamente joven. Algunas teorías sostienen que Nefertiti, que aún vivía, aunque ya privada de la corona, habría influido sobre ellos. Si la teoría fuera cierta, esta influencia, y probablemente su propia vida, acabó en el tercer año del reinado del faraón Tutankamón, hacia 1331 a. C. Ese año fue en el que el faraón renegó del culto “monoteísta” de su padre, manifestándose partidario del culto de Amón. A la vez, la familia real dejó la ciudad de Amarna y restituyó la capital y la Corte en Tebas.

De la muerte de Nefertiti nada sabemos. ¿Cuándo ocurrió? ¿En el año 14 de Ajenatón, cuando Semenejkara sustituye a Neferneferuatón? ¿Unos meses después de la muerte de su marido? ¿O ya en el reinado de Tutankamón, olvidada por todos? A todo este embrollo se suma la aparición de Dahamunzu, la reina traidora, que posiblemente fuera una desesperada Nefertiti-Semenejkara que veía tambalear su trono y no se le ocurrió más que pedir ayuda a los tradicionales enemigos de los egipcios, los hititas.

Las diversas identificaciones entre Taduhepa, Nefertiti, Semenejkara y Kiya demuestran la ausencia de informaciones sobre sus respectivas vidas, y solo nuevos hallazgos arqueológicos podrían precisar el papel de estos personajes históricos y la súbita desaparición de Nefertiti.

AKENATÓN.






 
 Youtube, Realizado por M. A. Ludwig.


Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.

Vivió sobre 1380 a. n. e. También conocido como Ajenatón, Akhenatón o Akenatón,​ Amenhotep IV o Amenofis IV, fue el décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Su reinado está datado en torno al 1353-1336 a. C. y pertenece al periodo denominado Imperio Nuevo. En el cuarto año de su reinado, cambió su nombre a Neferjeperura Ajenatón.


Dentro de la historia del Antiguo Egipto, su reinado inicia el denominado Período de Amarna,​ debido al nombre árabe actual del lugar elegido para fundar la nueva capital: la ciudad de Ajetatón, esto es, «Horizonte de Atón». Es célebre por haber impulsado transformaciones radicales en la sociedad egipcia, al convertir al dios Atón en la única deidad del culto oficial del Estado, en perjuicio del, hasta el momento, predominante culto a Amón. El nuevo culto se centraba en la superioridad del dios Atón por encima de los demás dioses egipcios, es decir, una religión con una base monoteísta, dejando al resto del panteón egipcio fuera de todo culto. El propio faraón sería el intermediario del dios. Este cambio tuvo grandes consecuencias. Hubo fuertes discrepancias entre la sociedad, ya que se había eliminado de cuajo el culto a los antiguos dioses, muy arraigado entre la población que hasta ese momento era politeísta.​Es el primer reformador religioso del que se tiene registro histórico.​ Su reinado no solo implicó cambios en el ámbito religioso, sino también reformas políticas y artísticas.

Aunque tardíamente descubierto y todavía poco conocido, está considerado por muchos historiadores, arqueólogos y escritores como uno de los faraones más interesantes.

Akenatón fue hijo de Amenhotep III y de la reina Tiy, la Gran Esposa Real. De la familia de ésta se tuvo conocimiento cuando se descubrió casi intacta la tumba de sus padres, los nobles Yuya y Tuyu, originarios de la ciudad de Ajmin.​ Tras la muerte del faraón Amenhotep III, la reina viuda Tiy fue testigo del ascenso al trono de su hijo Ajenatón y de sus consecuencias: el proceso de sustitución del antiguo orden establecido en torno al culto de Amón y la posterior fundación de la nueva capital del reino, la ciudad de Ajetatón. Los historiadores opinan que Ajenatón construyó en dicha ciudad un palacio para residencia de su madre, donde pasaría sus últimos días hasta llegar a su muerte. Fue sepultada también allí, en la tumba TA28, pero al despoblarse la ciudad —al inicio del reinado de su nieto Tutankamón—, se ordenó el traslado de sus restos a la necrópolis de Tebas, donde fueron hallados posteriormente en la tumba KV55 del Valle de los Reyes junto a los de su hijo.

Akenatón tuvo un hermano mayor, cinco hermanas (Sitamón, Henuttaneb, Isis, Nebetta y Baketatón) y varios medios hermanos, hijos de las esposas secundarias del rey. Su hermano Tutmose, que era el príncipe primogénito o Príncipe de la Corona,​ ejercía, según parecen indicar los hallazgos arqueológicos relacionados con él, diversos cargos oficiales, como por ejemplo la función de sumo sacerdote de Ptah, en Menfis, un puesto normalmente asignado al sucesor real.​ Tutmose falleció antes de heredar el trono. No se encuentran rastros ni imágenes de él durante el festival Heb Sed de su padre celebrado en el año 30 de reinado; razón por la cual muchos historiadores afirman que su deceso ocurrió cercano a esa fecha del reinado de Amenhotep III.

El cargo de Gran Esposa Real (Ta hemet nesu) fue ejercido por Nefertiti, a quien históricamente se le ha adjudicado una gran belleza física y unas grandes dotes como gobernante. Con ella, la figura de la Gran Esposa Real alcanzó cotas nunca vistas, como lo demuestra el hecho de que haya registros con los nombres de Ajenatón y Nefertiti en cartuchos reales, algo inusual en otros reinados. Una teoría sostiene que llegó a ser corregente junto a su marido, con el nombre de Neferneferuatón. Nefertiti era hija de Ay y de su primera esposa, que se estima que falleció prematuramente cuando la niña aún era pequeña. Ay era un noble muy arraigado en la corte, y muy influyente en los años finales de la dinastía. Con posterioridad, Ay volvió a desposarse nuevamente y tuvo otra hija: Mutnedymet. Esta media hermana de Nefertiti llegó a ser consorte del faraón Horemheb (que no pertenecía al linaje de la Dinastía XVIII), quien la desposó para legitimar su ascenso al trono, aunque de manera poco ortodoxa, ya que lo habitual hubiera sido su matrimonio con una princesa de la familia del rey Ajenatón y no de Nefertiti.

Nefertiti acompañó al faraón en todas las obras que emprendió. Se la puede ver no solo en las inscripciones conmemorativas religiosas en torno al nuevo dios Atón, sino también en otras ceremonias, como recepciones de embajadores extranjeros y funerales; incluso, aparece su imagen grabada en las estelas fundacionales de la nueva capital: Ajetatón. Como no pudo aportar herederos varones, sus hijas tuvieron que desposarse con los pretendientes masculinos al trono, para darles legitimidad, tanto si eran de sangre real (como era muy probablemente Tutankamón) o meros cortesanos (Ay). El deceso de Nefertiti ocurrió, probablemente, antes que el de su esposo, lo que implicó que Ajenatón eligiese a una de sus hijas para ocupar el puesto de Gran Esposa Real a efectos de poder oficiar los rituales que demandaba la presencia femenina real.

También destacó la figura de Kiya, mencionada como «La amada esposa», esposa secundaria de Ajenatón. Se pensaba que Kiya, probablemente, cobrase relevancia por haber podido dotar de un hijo varón al rey, el príncipe Tut-anj-Atón, el futuro Tut-anj-Amón, pero análisis de ADN demostraron que el muchacho era hijo del rey y una de sus hermanas.

Como era costumbre en los reyes de la dinastía XVIII, Ajenatón heredó de su padre Amenhotep III el «harén real» (Casa Jeneret), que incluía a la princesa mitannia Taduhepa, fruto de un tratado diplomático que la había enviado para fortalecer aún más las relaciones entre Egipto y Mitanni durante el reinado de su padre Amenhotep III, con el fin de poder mantener el statu quo internacional.

Descendencia

Ankenatón, Nefertiti y sus hijas.

Hijas nacidas de Nefertiti (los años de nacimiento se cuentan a partir del comienzo del reinado de Akenatón):

Meritatón: durante el año 1 o 2. Fue gran esposa real de Ajenatón y de Semenejkara.

Meketatón: durante el año 2 o 3. Murió en el año 14.

Anjesenpaatón: durante el año 4 o 5. Fue gran esposa real de Ajenatón, de Tutankamón y, por último, de su abuelo Ay.

Neferneferuatón-Tasherit: durante el año 7 u 8. Murió entre el año 14 y el 17.

Neferneferura: entre el año 8 y 10. Murió entre el 12 y el 17.

Setepenra: entre el año 10 y 12. Murió entre el año 12 y el 17.

Hijas nacidas de Meritatón:

Meritatón-Tasherit: entre el año 14 y 17. Murió en esas fechas.

Hijas nacidas de Anjesenpaatón:

Anjesenpaatón-Tasherit: entre el año 14 y 17. Murió en esas fechas.

Hijos nacidos de Kiya:

Kiya-Tasherit

Hijos nacidos de una hermana no identificada:20​



Tut-anj-Amón (Tutankamón): posterior faraón de Egipto.

Contexto histórico

La Dinastía XVIII vivió un periodo histórico de excepcional importancia en Egipto. Liberado del yugo de los gobernantes hicsos, la tierra de los faraónes se convirtió en una potencia militar al dominar los territorios aledaños: por el sur, a la vecina Nubia, abundante en minas de oro y puerta de acceso fluvial al África negra, con sus riquezas en forma de marfil, pieles y maderas; y, por el norte, a Siria y Canaán, con Gaza y Fenicia, donde Egipto se podía aprovisionar de telas, maderas y diversos minerales.

Como consecuencia, Kemet (Egipto) se convirtió en un país sumamente opulento y los faraones se volcaron en promover grandes construcciones y embellecer el país. Muchos estudiosos estiman que durante el reinado de Amenhotep III, padre de Ajenatón, Egipto alcanzó su mayor cota en términos económicos. Ajenatón heredó, pues, un estado en muy buena posición financiera y económica, que el faraón utilizó para sus fines políticos.

Corregencia

Ajenatón no figura como sucesor en ningún documento ni monumento de la época, lo que apoya la teoría de la prematura muerte del príncipe heredero Tutmose; en este sentido, los egiptólogos afirman que el joven príncipe Amenhotep (Ajenatón) fue ascendido a corregente en los últimos años de reinado de su padre. Se cree que su residencia estaba en la ciudad de Tebas, lugar donde en sus primeros años contribuyó a la construcción de diversos templos.

Ascenso al trono

Amenhotep ascendió al trono en torno a 1353 a. C., y tomó como nombre Neferjeperura Uaenra (nfr ḫpru rˁ uˁ n rˁ), esto es, «Hermosas son las manifestaciones de Ra, Único en Ra».

Duración del reinado

De los restos encontrados de este periodo en los yacimientos arqueológicos, se deduce que el reinado de Ajenatón tuvo una duración aproximada de 17 años. Después del decimoséptimo año de reinado no se encuentran ya etiquetas de las ánforas y demás enseres de los palacios y almacenes reales. Tampoco se ha encontrado, hasta el momento, referencia alguna al reinado de Ajenatón pasado dicho año en ningún utensilio o cerámica.

Existen dudas, planteadas por historiadores y egiptólogos, en cuanto a si la duración del reinado incluye el período de corregencia. Mientras algunos estiman que el periodo de 17 años es de reinado en solitario de Ajenatón, otros consideran el período de corregencia de Ajenatón con su padre como parte integrante de esta etapa de 17 años.

Primer período del reinado

Talatas (del italiano Tagliata) provenientes del templo de Atón en Karnak, edificado en los comienzos del reinado de Amenhotep IV. El uso de estos pequeños bloques de piedra caliza resultó ser una innovación en las técnicas de construcción de su tiempo.

Los historiadores creen que la duración del primer período del reinado del rey no fue más allá del quinto año. En este lapso, la figura de Nefertiti cobró importancia como Gran Esposa Real y el matrimonio, probablemente, tendría ya, al menos, dos hijas. Durante esta primera etapa no hubo ruptura con el orden establecido, aunque se empezó a gestar el cambio que llevaría a privilegiar el culto a Atón. Su padre, Amenhotep III, realizó varias fiestas Heb Sed, cuya principal función era la de regenerar la fuerza del faraón, celebrando algunas en la actual Malkata, donde se hallaba una residencia real, llamada Palacio del deslumbramiento de Atón, lo que atestigua un temprano interés en Atón.29​ Amenhotep III tenía a este dios solar como el más venerado, hecho reflejado en la correspondencia con los reyes de Mitani e Hititas, donde el sol también era la deidad principal.

Edificaciones de los primeros años

El culto a Atón, era característico de Tebas. Al principio de su reinado, Ajenatón promovió numerosas obras edilicias en la zona, que se realizaron gracias a diversas innovaciones en las técnicas de construcción. En este sentido, no se utilizaron grandes bloques, sino pequeños mampuestos de caliza, a modo de ladrillos, denominados talata, más fácilmente manejables y transportables por los trabajadores. Esos bloques fueron descubiertos como material de relleno reutilizados en los pilonos de los templos de Amón en Karnak, construidos por los reyes posteriores.

Entre las obras edificadas en este período están algunas dedicadas a Atón, simbolizado por el disco solar. Debido a la posterior persecución a la que fue sometido todo lo relacionado con el rey hereje, en especial por los gobernantes de la dinastía XIX, han sido escasos los restos hallados de estas representaciones artísticas, más allá de los pertenecientes a las etapas más primitivas.

La etapa histórica de su reinado más importante es la que inicia el conocido como período de Amarna, que comprende los siguientes doce años.

Enfermedades

Actualmente estudios realizados por neurólogos y antropólogos sugieren que el joven faraón padecía hidrocefalia. La autora Patricia Caniff lo describe en su libro "Akenatón" como "una dolencia menor que origina el desplazamiento del tejido adiposo o grasa subcutánea desde el torso a las posaderas y los muslos" (Caniff, 2002). Akenatón padecía del “Síndrome de Marfan”, que se caracteriza por dotar al enfermo de rostro delgado y ojos achinados, dedos de manos y pies muy finos y largos, además de desajustes cardíacos.

La otra enfermedad del faraón podía ser la que se llama “lipodistrofia muscular”, esta enfermedad se caracteriza por la desaparición de la grasa corporal de cintura para arriba, pero la acumulación de esa grasa de cintura para abajo, dando al individuo sus características caderas femeninas por lo anchas.

Cortesanos destacados

El recuerdo de los cortesanos del faraón Akenatón sobrevive en los relieves de sus tumbas localizadas en Amarna, más precisamente en el grupo de tumbas del sector Norte. Mucho se ha escrito en torno al cuerpo de servidores de la corte, de quienes se han tejido conjeturas de diversas índoles, desde simples advenedizos que siguieron al faraón en sus “delirios” místicos hasta un grupo de cortesanos incondicionales del faraón y su credo. Sin embargo, la historia no desveló mucho de sus secretos al día de hoy, lo siguiente es la información con la que se cuenta:




Huya. Supervisor de la Casa Jeneret real, supervisor del Tesoro Real y Mayordomo de la reina-madre Tiye. Está claro que Huya fue un funcionario heredado de la administración del faraón Amenhotep III, siguió a la reina sobreviviente Tiye en su traslado a la nueva capital de Aketatón durante el reinado de su hijo Akenatón. Su tumba está identificada como la número 1 dentro del conjunto de tumbas del sector norte de la ciudad.

Meryra II. Escriba real, Mayordomo y Supervisor de los dos Tesoros, Supervisor de la Casa Jeneret real de Nefertiti. Su tumba es la número 2 dentro del conjunto de tumbas del sector norte.

Ahmes. Real escriba del Rey, Mayordomo de la hacienda de Akenatón. Su tumba está localizada en el sector norte e identificada con el número 3.

Meryra. Alto sacerdote de Atón en Ajetatón, Portador a la derecha del Rey. Su sepulcro es el número 4.

Pentu. Escriba real, Principal servidor de Atón en la hacienda de Atón en Ajetatón, Jefe de los médicos. Le corresponde la tumba 5.

Panehesy. Principal servidor de Atón en el templo de Atón en Ajetatón. Es el sepulcro número 6 del conjunto de tumbas del sector norte.

Tutu. Chambelán real, Principal Servidor de Ajenatón en el templo de Atón en Aketatón, Supervisor de todos los trabajos de su Majestad, Supervisor de la plata y el oro del Señor de las Dos Tierras. El sepulcro es localizado dentro del conjunto de tumbas de la zona sur de Amarna con el número 8.

Mahu. Jefe de Policía de Ajetatón. Tenía a cargo la protección y seguridad personal del faraón. Se lo puede observar custodiando a Ajenatón en sus traslados en carro dentro de la ciudad. El sepulcro es el número 9 de las tumbas del lado sur.

Ramose. Escriba real, Comandante de las tropas del Señor de las Dos Tierras, Mayordomo de Amenhotep III. Es otro de los funcionarios heredados del padre de Akenatón y acompañó a Ajenatón en su nueva ciudad. Su tumba identificada con el número 11 del grupo de tumbas sur demuestra que era de edad avanzada cuando surgió la mudanza a la nueva capital de Egipto.

Maya. Escriba real, escriba de los reclutas, Mayordomo del palacio de Akenatón en Heliópolis, Supervisor del ganado de la hacienda de Ra en Heliópolis, Supervisor de todos los trabajos del rey, General del Señor de las Dos Tierras. Es un cortesano proveniente de la ciudad de Heliópolis, centro del culto solar en el Antiguo Egipto. Su preeminencia en la corte de Amarna sugiere que el faraón Akenatón se nutrió de seguidores provenientes de fieles del antiguo dios Ra.

Ay. Padre del dios, Supervisor de los caballos de su Majestad, Supervisor del Tesoro Real. Se cree que el título de Padre del Dios era un honor para denotar la extremada cercanía al faraón en términos familiares. Era el padre de la Dadora de Herederos, la bella Nefertiti y abuelo de las reinas posteriores: Meritatón y Anjesenpaatón. Inclusive llevó a tomar como Gran Esposa Real a esta última reina con lo que trató de legitimar su ascenso al trono una vez fallecido el último descendiente real masculino de la Dinastía XVIII, el joven príncipe Tutankamón. Este cortesano fue testigo presencial del ascenso al trono de Amenhotep IV, del nacimiento de Akenatón, del levantamiento y apoteosis de Atón, de los fallecimientos del yerno (Akenatón), hija (Nefertiti) y nietas (Meketatón y Meritatón); además de la vuelta a la ortodoxia con Tutankamón. Finalmente ascendió al trono como sobreviviente más cercano a la familia real. Dentro del grupo de tumbas de la zona sur de Amarna, la correspondiente a Ay identificada con el número 25. Cabe consignar que un ejemplo del famoso Himno a Atón se encuentra grabado en dicha tumba, que nunca fue utilizada porque, una vez ascendido a faraón, Ay fue enterrado en la necrópolis de Tebas conforme a la vuelta a la ortodoxia ya emprendida durante el reinado de Tutankamón.

Bek. Se sabe de su existencia no a través de su sepultura sino de su taller, localizado en las ruinas de la ciudad de Aketatón. Era el hijo del Jefe de Escultores. Arquitecto y maestro escultor, en el solar donde se ubicaba su taller fue encontrado el busto de Nefertiti, así como también innumerables piezas inacabadas de esculturas, en especial de la familia real.

La revolución de Amarna

Antecedentes

Desde los inicios del Egipto faraónico, la religión había ido adaptándose a los diversos factores de carácter histórico que tanto social como culturalmente influenciaban la vida espiritual de los antiguos egipcios. Conforme se sucedían las distintas dinastías egipcias, los centros de poder e influencia iban sufriendo cambios y desplazamientos, originando variaciones en las prácticas religiosas y en el panteón egipcio. Esto suponía también privilegios en la asignación de recursos (tierras, ganado, siervos, etc.) sobre el resto de los dioses (y sus respectivos templos y clero).

Desde el 2400 a. C. el dios del sol se adoraba como Ra-Horajty, un dios con cabeza de halcón, coronado por el disco solar y el uraeus, con cetro uas y anj. Era el dios de los faraones, que se consideraban sus hijos y su representación en la tierra. Sin embargo, esta preferencia cambió a finales de la Dinastía XVII: los príncipes tebanos impulsaron la expansión de sus fronteras hasta liberar completamente el territorio egipcio del dominio de los gobernantes hicsos. La reunificación del reino del Alto y Bajo Egipto en una sola corona se efectuó bajo el mando de los príncipes de Tebas, y la guía espiritual del dios tebano Amón, cuyo centro espiritual estaba en Karnak. Así, el culto a Amón (y, por tanto, su clero) ocupó su sitial dorado de preeminencia en el panteón egipcio y se transformó en el «Dios de la Victoria». Este impulso guerrero no se acabó con la expulsión de los hicsos, sino que continuó con la expansión de las fronteras hasta conquistar los territorios de Canaán y Nubia, lo que dio origen al denominado Imperio Nuevo.

Los gobernantes de la Dinastía XVIII, convirtieron a Egipto en un gran imperio. Con cada nueva conquista, el agradecimiento a Amón se traducía en nuevos templos y obras, como las sucesivas ampliaciones de los templos de Karnak, y en nuevas prebendas económicas a sus sacerdotes: el culto y el clero de Amón recibieron un trato preferencial como nunca hasta entonces había recibido ningún dios o diosa egipcios, acumulando inmensas cotas de poder.

Durante los reinados de Amenhotep III y Thutmose IV, la tendencia se invirtió paulatinamente, pues el clero de Amón había sido desplazado por el de Ra y se había introducido de nuevo el culto a Atón, aunque como un dios secundario.​ Atón, Shu y Tefnut, formaban la tríada creadora, y su culto era símbolo del retorno a las bases del panteón egipcio. El culto a estos dioses había sido sustituido por el de sus hijos, pero el faraón abogó por el regreso a los tres primeros dioses, postergando los cultos de otros.

Con Ajenatón, la reforma religiosa se radicalizó con la imposición de la preferencia del dios Atón sobre el resto de dioses y la prohibición del culto a Amón. El faraón intentó, como ya había hecho su padre, aminorar el poder que el sumo sacerdote y el clero de Amón habían adquirido con el tiempo. Sin embargo, este cambio no se realizó en los primeros años del reinado. El propio nombre de nacimiento del rey Amenhotep conllevaba mención al dios Amón y, al principio, ambos cultos podían coexistir libremente. Según los historiadores, fue alrededor del quinto año de reinado en solitario cuando el rey Amenhotep IV abandonó su nombre de nacimiento en honor al dios Amón y adoptó el de Ajenatón, conjuntamente con modificaciones en los distintos títulos, como los nombres de Horus, Nebty y Horus Dorado.

Estela que muestra algunos de los títulos del faraón Ajenatón, y el nombre del dios Atón, enmarcados en cartuchos. Fue hallada en el gran templo de Atón, en Ajetatón.

Motivos

La reconstrucción del universo espiritual, social, económico y político del Egipto de finales de la Dinastía XVIII, ha permitido, a falta de registros históricos explícitos, intuir los motivos que indujeron a Ajenatón a realizar la reforma religiosa. Así, pues, analizando ese contexto, muchos estudiosos han coincidido en afirmar que la instauración de la nueva religión se debió tanto a motivos políticos como espirituales, dimensiones a la sazón inseparables.

Por los restos encontrados en la abandonada ciudad de Amarna, es clara la intención de Ajenatón de posicionarse entre el dios Atón y el simple adorador, sin intermediarios, sin sacerdotes en medio, sin clero. Por ende el refuerzo de la autoridad real, ya no en el plano espiritual sino eminentemente político, es un objetivo palpable en los distintos restos encontrados en las tumbas o los altares de los templos.

Atón: el disco solar

Disco solar de Atón.

Atón se representaba como un gran disco solar, del que salían brazos en disposición radial, que terminaban en manos con el signo anj de la vida con las que recogía las ofrendas, dando a cambio luz y vida. No se han conservado imágenes antropomórficas, tan comunes en la religión egipcia, del dios Atón, ya sea en forma de esculturas, pinturas o bajorrelieves.

Atón era la forma del dios del sol en la tarde y personificaba la fuente de toda vida. Amenhotep III había protegido el culto a Atón, y Ajenatón llevó al límite el sentido religioso de adoración del símbolo solar, convirtiendo a Atón en el dios personal del faraón, y por ende, en el de todos y cada uno de sus súbditos. Además, Ajenatón no solo erigió en el Templo de Karnak un santuario dedicado a Atón, sino que fundó una nueva capital político-religiosa: Ajetatón.

Ajetatón: la nueva capital político-religiosa

A mitad de camino entre Menfis y Tebas, las dos anteriores grandes capitales, ordenó construir una nueva capital en el desierto, Ajetatón (la actual Amarna) consagrada al dios Atón. Para delimitar el perímetro de la ciudad se erigieron 15 estelas de demarcación en las que se declara la pertenencia del paraje al nuevo dios Atón. En la nueva ciudad, hizo construir templos con grandes patios, ya que el culto solar debía hacerse al aire libre. La construcción de la nueva capital se financió con la confiscación a favor de la corona de las tierras y rentas de los antiguos templos, quitándoles privilegios a los sacerdotes y dejándolos sin las inmensas riquezas que acumulaban cada año. Hacia el quinto año de reinado, el faraón, la familia real y la corte, se trasladaron a la nueva ciudad. La ruptura con el pasado quedaba así totalmente consumada.

Reformas religiosas

Artículo principal: Atonismo

Como consecuencia de lo anterior, surgió la nueva religión, sustentada sin fisuras desde el máximo nivel político del estado faraónico. El faraón se nombró único representante en la tierra del dios, haciendo innecesaria la casta sacerdotal.​ El faraón con la gran esposa real oficiaban entre el pueblo y Atón.​ Para Flinders Petrie y otros antiguos egiptólogos, este fue el comienzo de la primera religión monoteísta, cuyo principio rector se resume en las conocidas palabras del eminente egiptólogo Cyril Aldred que, parafraseando el Corán, afirmó que existe un solo Dios, y el faraón es su profeta.

Como sumo sacerdote de Atón, rechazó la autoridad del sumo sacerdote de Amón, quien tenía el título de Jefe de los sacerdotes de todos los dioses y un gran poder político. En el décimo año de su reinado, Ajenatón ordenó borrar el nombre de Amón y el de su esposa Mut de todos los monumentos, hasta de los cartuchos con nombres teóforos de todos los faraones, incluido el de su padre.

La nueva religión se caracterizaba por una fuerte abstracción y conceptualización de la deidad. A esta conclusión se llega al considerar que, si bien la adoración de una deidad solar ofrecía oportunidades de eventos festivos en momentos determinados del calendario, como son los días de solsticio y los de equinoccio, sin embargo, Ajenatón no los utilizó determinadamente en su reforma religiosa. Más aún, la orientación de los edificios en la nueva ciudad dedicados a Atón no sigue ningún patrón solar o cósmico, sino que se adecúa a la topografía del terreno donde estos se asentaban. Todo esto lleva a la conclusión de que la nueva religión en torno a Atón se basaba en una fuerte abstracción conceptual en perjuicio de otras manifestaciones religiosas más concretas. Esto fue lo que originó un importante problema en el sistema de creencias egipcio, ya que el pueblo no concebía a los dioses sin forma e imagen, sino que necesariamente los corporizaba, ya fuese en una imagen antropomorfa, ya en un animal asociado, icono zoomorfo.

La revolución, provocada por Ajenatón, comportó la total eliminación de las imágenes humanizadas de dioses en esculturas, relieves, muebles y otros enseres, que habían constituido —tradicionalmente— la principal fuente iconográfica del arte egipcio. Paralelamente, la familia real se convirtió en el motivo central de las representaciones artísticas: en los altares de los templos donde antes se encontraban las estatuas de los dioses, se veía ahora a la familia real, a veces en pareja, otras veces con todas sus hijas, y siempre con el dios Atón, el disco solar, oficiando como protector y dador de vida.

Simultáneamente, se produjo también un cambio radical en las formas y modos de oficiar las ceremonias religiosas. Los antiguos templos cerrados, oscuros, donde lo primordial es el ocultamiento de la divinidad y el acceso restringido, dieron paso a templos abiertos, al aire libre, donde la observación de la divinidad estaba al alcance de cualquier neófito o no iniciado.43​ Con todo, subsisten muchos interrogantes en lo relativo al culto de la nueva religión respecto a dos temas: el culto individual o familiar y su relación con el más allá.

Templo de Atón en Ajetatón. Ajenatón, secundado por Nefertiti y sus hijas, realiza una ofrenda al dios en un altar al aire libre. Dibujo extraído del relieve en la tumba de Meryre en Ajetatón (Amarna).

El culto privado

La práctica religiosa del Antiguo Egipto intentaban contener y dar sentido a las necesidades espirituales de campesinos, artesanos o del ciudadano medio del reino. La gran cantidad de esculturas, amuletos y textos referidos a cultos particulares que se han conservado, muestra que la religión tenía un profundo impacto en la vida cotidiana. En la cultura egipcia, multitud de deidades tutelaban cada faceta de la vida: la concepción, la fertilidad, el nacimiento, el matrimonio, la muerte, etc. Así, el egipcio común vivía en un entorno de prácticas y ceremonias religiosas íntimamente unidas: la invocación a Min para la cosecha, la protección de Osiris en la muerte, etc.

Por tal motivo, en las investigaciones arqueológicas es muy común hallar en las viviendas del Antiguo Egipto pequeños altares, esculturas, etc. La antigua ciudad de Ajetatón muestra variados restos de altares con imágenes tanto de Atón con el faraón o la familia real, como de las antiguas deidades egipcias que habían sido desterradas del nuevo culto oficial. Así, algunos historiadores indican que en algún punto, Ajenatón observó que la religión que implantaba generaba un vacío que no podía cubrir determinadas necesidades espirituales de sus súbditos, y pretendió suplir esas necesidades con la adoración de la familia real, por intermedio de la cual se llegaba a Atón. Sin embargo, la reforma de los cultos privados constituyó una empresa muy delicada.

Altar hogareño para la adoración familiar o individual de Atón y la familia real. Bajorrelieve de la familia real bajo los rayos dadores de vida del único dios: Atón. Museo Egipcio de El Cairo.

Así, muchos estudiosos creen que el abandono y olvido en que cayó la religión de Ajenatón, una vez muerto el faraón, se debió al hecho de que en ningún momento llegó a conseguir que las necesidades espirituales en el plano individual y familiar del pueblo egipcio fuesen colmadas con su propuesta religiosa. Dicho de otra forma, la religión de Ajenatón nunca dejó de ser una religión del aparato del estado, ya que en el plano individual el egipcio siguió encomendándose a las antiguas deidades.

A su muerte, no solo cayó en el olvido el culto a Atón, sino también a Osiris, ya que el destino en el Más Allá dependía de la lealtad al faraón, pero el pueblo seguía adorando a los viejos dioses y apegado a sus tradiciones y supersticiones. Incluso en la propia capital se han hallado estatuas de otros dioses erigidas ya en esa época.

Relación con el más allá

En lo referente al culto del más allá, en la religión egipcia recaía en el dios Osiris, cuya epopeya de resurrección se convertía en modelo de referencia en el momento del deceso del súbdito egipcio. El culto de la resurrección es una constante en la historia del Antiguo Egipto, desde el primitivo período predinástico hasta la época romana. Con diferentes desarrollos, las prácticas mortuorias crearon textos tan elaborados como el Libro del Amduat, los rituales de embalsamamiento, la arquitectura de las necrópolis, etc.

No se sabe todavía cómo Ajenatón, como reformador religioso, reemplazó o modificó este culto del más allá. A pesar de que en la ciudad de Ajetatón hay restos de tumbas con relieves y pinturas murales, en dichas tumbas no hay ninguna referencia al culto osiríaco.

Reformas políticas

Tradicionalmente, se ha tenido la imagen de Akenatón como la de un gobernante que había abandonado total o parcialmente su cargo debido a una religiosidad extrema, y que había llevado a Egipto al declive (sobre todo en el exterior). Sin embargo, esta imagen de Akenatón ha ido perdiendo fuerza a partir de las últimas investigaciones.

Política interior

El cambio en el modelo político supuso un afianzamiento del poder real. Por los rastros encontrados en las ciudades de Tebas y Ajetatón, todo demuestra que la preeminencia del faraón sobre el resto del aparato del estado era evidente. Ni la clase sacerdotal, ni los principales referentes del engranaje burocrático del estado (virreyes, chatys, supervisores del tesoro, etc.), lograron, aparentemente, algún tipo de relevancia, con las solas excepciones de Ay y Horemheb, aunque ambos fueron sumisos al poder del faraón.

Los principales funcionarios del estado han pasado a la posteridad más como seguidores incondicionales del faraón y su nueva ideología, que por obras, hechos o documentos, como queda mostrado en los relieves que muestran sus tumbas en el cementerio de la nueva ciudad, Ajetatón. En esas imágenes, se esfuerzan en mostrar su devoción hacia el rey, la familia real y, obviamente, hacia la nueva religión.

El alejamiento del clero (en especial el de Amón) de las cuestiones terrenales se puede inferir del abandono de las dos principales ciudades donde residían los faraones: Menfis, la sede política del reino, y Tebas, la sede religiosa y lugar de origen de la dinastía reinante.

Relaciones exteriores

Tabla con escritura cuneiforme que pertenece a las tabletas que conforman las Cartas de Amarna; se trata de un mensaje del rey Tushratta de Mitanni al faraón Amenhotep III, padre de Ajenatón, sellando una alianza entre ambos países con el compromiso matrimonial de la princesa mitanni Tadukhipa. Es uno de los primeros registros históricos que reflejan la existencia de relaciones diplomáticas en la antigüedad.

Por lo que se refiere a la política exterior, Ajenatón fue capaz de mantener el statu quo en los territorios conquistados de Canaán y Libia. Por otro lado, aunque la destrucción de los restos de su reinado no ha dejado muchos documentos de política exterior, la correspondencia con otros reyes coetáneos guardada en los archivos de estos, muestra su actividad diplomática, aunque probablemente delegara muchas de sus obligaciones en sus colaboradores.

Del Segundo Período Intermedio, Egipto salió sumamente fortalecido, ya que a la expulsión de los hicsos le siguió un período de conquistas que alcanzó su máxima expansión durante el reinado del faraón Tutmosis III. El equilibrio de poderes se alcanzó en la confrontación con el reino de Mitanni. Dicha rivalidad abarcaría casi dos siglos de historia y llegaría a su fin con el tratado de paz convenido por Amenhotep III y el rey Shuttarna II. Para ratificarlo, el rey de Mitanni envió a su hija, la princesa Giluhepa, para ser desposada con el faraón. El tratado fue reafirmado con el envío de otra princesa mitannia (Taduhepa) durante el reinado del rey Tushratta al harén real del faraón. Todo esto está documentado en las Cartas de Amarna.

Así, el sistema de alianzas entre los estados de Babilonia, Mitanni, Asiria, Hati y Egipto, implicaba un mantenimiento del statu quo internacional, posibilitando un gran entramado de relaciones diplomáticas que ha podido ser desvelado mediante el descubrimiento del archivo egipcio en la ciudad de Amarna. En estas relaciones diplomáticas, el trato que se dan entre los reyes es el de hermano. En los estados vasallos o dentro de la esfera de influencia egipcia, el trato era mucho más servil, siendo el faraón tratado como Mi Señor de forma habitual.

La correspondencia diplomática indica que Ajenatón mantuvo el sistema de alianzas heredado de su padre. Los reyes aliados ofrecían amistad y alianza a cambio del oro faraónico y los estados vasallos imploraban atención de parte del faraón para recibir recursos o ser beneficiados y conservar el poder.

Este equilibrio se mantuvo durante el reinado de Ajenatón, aunque con tendencia a desestabilizarse por la belicosidad y poderío que estaba adquiriendo Hati, que había empezado por atacar al reino de Mitanni, que inútilmente pidió auxilio a Egipto. El liderazgo que alcanzó el reino hitita llevaría a una serie de confrontaciones bélicas entre Egipto y Hatti que se prolongarían desde el gobierno de Tutankamón hasta el de Ramsés II, quien firmaría una paz duradera estableciendo un nuevo statu quo internacional.

Todo hace suponer que, en el manejo de las relaciones internacionales, el faraón mantenía el conocimiento y la toma de decisiones en los tratos con las potencias extranjeras, como bien lo atestiguan las Cartas de Amarna. Algunas de esas tablillas de barro cocido estaban dirigidas a la reina madre Tiyi, aunque se supone que fue durante un breve período inmediatamente posterior a la muerte del anterior rey Amenhotep III, cuando el nuevo rey Ajenatón no estaba del todo familiarizado con las relaciones diplomáticas.

Reformas artísticas

El cambio religioso provocó también un cambio en los cánones artísticos; aunque efímera, la llamada «revolución amarniana» significó un periodo muy interesante en el arte egipcio, pues se pasó del hieratismo monumental a un curioso y descarnado naturalismo en el cual se notan destellos de ternura (como, por ejemplo, se puede apreciar en la estela que representa a Nefertiti con sus hijas pequeñas o en el famoso busto que representa a la célebre soberana).

Princesas del período de Amarna. Cuellos estilizados y cráneos alargados.

Hasta la reforma religiosa de Ajenatón, existía en Egipto un canon tradicional de representación en relieves y pinturas murales que presentaba las siguientes características:

la escuela artística tradicional del Antiguo Egipto no utilizaba la perspectiva en las imágenes murales, pues el tamaño determinaba el grado de importancia del personaje respecto del resto de los componentes.

las imágenes antropomórficas se dibujaban de la siguiente forma: la cabeza, los brazos y las piernas de perfil, pero los ojos y el torso de frente. Este método de representación se modulaba con una cuadrícula de cuatro unidades de ancho por nueve de alto.

Una de las principales características del nuevo arte nacido con el Atonismo es el cambio en este estilo de representación. Por un lado, se abandonó el canon tradicional de representación del cuerpo humano, que sería modelado a partir de entonces en una nueva cuadrícula de cuatro unidades de ancho por doce de alto, modificación que se mantuvo bajo sus inmediatos sucesores. Las imágenes son más naturalistas, llegándose a extremos descarnados. Se deja de lado la representación idealizada, sin faltas o defectos físicos, y se remarcan algunos rasgos de forma extrema: poseen cabezas alargadas en su parte posterior, ojos rasgados, labios gruesos, mandíbulas prominentes, cuellos largos y estilizados, vientres pronunciados —tanto en personajes masculinos como femeninos— y contornos redondeados que, en muchos casos, dificultan la identificación del sexo del personaje representado.

Este último cambio hizo pensar a muchos estudiosos del siglo XIX y de principios del XX que las esculturas del faraón Ajenatón describían malformaciones físicas producto de supuestas enfermedades que habría padecido el faraón, como el síndrome de Marfan. Las esculturas halladas del faraón herético describen una imagen nunca vista antes en cualquier otro rey: cuello alargado, hombros y torso estrecho, caderas protuberantes, labios gruesos y mentón alargado. Hoy en día, los historiadores y arqueólogos estiman que las imágenes del rey son representaciones artísticas y no son elementos suficientes para suponer que padeciese enfermedades crónicas.

Además, con el hallazgo de la tumba de Tutankamón, se ha podido observar que la momia del faraón-niño poseía un cráneo alargado parecido a las esculturas e imágenes encontradas de la familia real del período de Amarna. Como consecuencia de ello, se ha especulado con la posibilidad de que este tipo de creaciones artísticas podrían pretender reflejar ciertos atributos físicos compartidos por los miembros de las familias reales, con la intención de ofrecer una imagen homogénea de la realeza.

Escultura encontrada en el taller del escultor Thutmose en Amarna. Ojos rasgados, labios gruesos, mandíbula prominente y cuello estilizado y cráneo alargado. Ejemplo del estilo artístico de Amarna.

Otro de los innovadores cambios de la revolución de Amarna es el motivo de las representaciones. Eliminados los motivos religiosos, ya que Atón era una deidad abstracta simbolizada por el disco solar, en el universo artístico egipcio surgirían las escenas íntimas, familiares y personales. Las imágenes tradicionales del faraón destrozando a sus enemigos, tanto interiores como exteriores, fueron reemplazadas por escenas íntimas del faraón venerando a su dios, con su familia o con su Gran Esposa Real: Nefertiti.

Surgieron piezas excepcionales que muestran al faraón en una faceta más humana, sea compartiendo un momento con su amada, jugando con sus hijas en el regazo, o en momentos penosos, como la fúnebre despedida de una de sus hijas.

Gracias a las excavaciones en la ciudad de Ajetatón, salieron a la luz importantes obras de arte del período. Precisamente, en el taller de Thumose, el escultor real, se encontraron dos docenas de piezas escultóricas, incluido el conocido busto de la reina Nefertiti.

De todos los legados del período de Ajenatón, solamente el artístico perduró tras su muerte. El legado político se extinguió con ella, ya que durante el reinado de su sucesor el faraón niño Tutankamón, sometido a Ay y Horemheb, la corte regresó a Tebas. Y en el plano espiritual, como ya se ha indicado, la reforma religiosa de Ajenatón se extinguió también con su muerte. Solamente, las innovaciones artísticas del periodo de Amarna lograron sobrevivir algún tiempo tras el deceso de Ajenatón, pudiendo encontrarse rastros aún durante los reinados de Tutankamón, Ay y Horemheb. Con todo, durante la Dinastía XIX, el arte egipcio volvió a la antigua ortodoxia artística.

Literatura de la época

Himno a Atón. Transcripción del texto encontrado en una tumba en Amarna.

En algunas tumbas de los funcionarios de Ajenatón, particularmente en el de Ay, se encontraron fragmentos del Himno a Atón, en el que el propio faraón expresó los conceptos de la nueva religión. Llama la atención por su parecido con el salmo 104 de la Biblia. Dice así:

Eres tú quien desarrolla el embrión en la hembra,

tú quien crea la simiente en el varón,

tú quien da vida al hijo en el seno de la madre,

tú quien le mandas el consuelo que apacigua sus lágrimas,

tú, la nodriza de quien aún esté en el vientre materno,

tú el que no deja de dar aliento a la vida de cada criatura.

Cuando salen del seno materno para respirar, el día de su nacimiento,

tú abres al instante su boca y les das lo necesario.

(traducción de G. Fatás)

Epidemias en Amarna

Durante el Periodo de Amarna se produjo una importante pandemia, probablemente de peste bubónica, poliomielitis o, tal vez, gripe,​ que se originó en Egipto y se extendió por todo el Levante mediterráneo, acabando con la vida, por ejemplo, de Suppiluliuma I, el rey hitita. En el supuesto de que hubiese sido una gripe, se explicaría porque se trata de una enfermedad asociada a la proximidad de aves acuáticas, cerdos y seres humanos, y su origen como una enfermedad pandémica pudo ser debido al desarrollo de los sistemas ganaderos, pues facilitaban la proximidad de estos animales con sus desechos. Algunas de las primeras evidencias arqueológicas de este sistema ganadero se han fechado durante el reinado de Ajenatón, y la pandemia que siguió a este período en todo el Oriente Próximo puede haber sido el primer brote registrado de gripe.

Sin embargo, la naturaleza precisa de esta plaga de Egipto sigue siendo desconocida, y también se ha sugerido Asia como posible lugar de origen de la pandemia de gripe en seres humanos.

La sucesión de muertes en la familia real debió de impactar profundamente en lo personal al faraón Ajenatón y, en general, a todo el reino. Fueron víctimas de esta pandemia la reina madre Tiy, la Gran Esposa Real Nefertiti y las princesas Meketaton, Meritatón, Setepenra y Neferura, en un intervalo de tiempo que va desde el año 12 al 17 de, reinado.

Por lo demás, la prevalencia de la enfermedad puede ayudar a explicar la rapidez con que la ciudad de Ajetatón fue posteriormente abandonada, y también el por qué las generaciones posteriores consideraron que los dioses se habían vuelto contra los reyes de Amarna.

Zahi Hawass ha sugerido que la epidemia podría ser de peste negra, porque se han encontrado huellas de esa enfermedad en Amarna. Arielle Kozloff, por su parte, ha discutido esa hipótesis y argumenta que la epidemia fue causada por una peste bubónica sobrevenida junto a una epidemia de poliomielitis. Sin embargo, su argumento de que la poliomielitis no es tan virulenta como algunas otras enfermedades ha sido refutado pues ignora la evidencia de que las enfermedades son menos virulentas cuanto más tiempo están presentes en la población humana, como se demostró con la sífilis y la tuberculosis.

Final del reinado

No se sabe a ciencia cierta cómo terminó el reinado de Akenatón, ya que no se cuenta con documentos ni crónicas de la época. Además, la damnatio memoriae decretada por los posteriores faraones de la Dinastía XIX eliminó mucha información sobre su mandato.

El cénit del reinado de Akenatón puede situarse en su decimosegundo año de reinado cuando se efectuó una gran celebración de ofrendas y tributos de países aliados y estados vasallos en Aketatón. Dibujo extraído de la tumba de Meryra II en Amarna

La culminación del reinado de Akenatón puede centrarse en una gran celebración en Aketatón en el año 12 de reinado. El acontecimiento consistió en una gran recepción real de embajadores de potencias extranjeras y enviados de estados vasallos del Imperio Egipcio. Gracias a los relieves en la tumba del cortesano Meryra, se puede saber que la familia real estaba en pleno: Akenatón, Nefertiti y sus seis hijas.

Después del duodécimo año de reinado de Akenatón, sobrevino la muerte de la princesa Meketatón, que supuestamente falleció al dar a luz. Se desconoce tanto el nombre como el sexo de este bebe real, lo que probablemente indica que no sobrevivió a su madre. En el funeral de Meketatón se pudo ver a sus padres despidiéndola,​ pero no hay rastro alguno de la reina-madre Tiye, razón por la cual se estima que la madre de Akenatón falleció dentro de un lapso que va desde el año 12 al 14 del reinado del faraón.

Después del año 14 de reinado, no hay menciones a la reina Nefertiti, mientras que la princesa Meritatón es elevada a la posición de Gran Esposa Real. Todo indica que la reina Nefertiti falleció después de ese año de reinado.

A su vez, las princesas Meritatón y Anjesenpaatón fueron elevadas sucesivamente a la posición de Gran Esposa Real,​ no solo en funciones ritualistas sino también bajo una base sexual. Ambas princesas dieron a luz sendas princesas, a quienes se nombró como a sus madres con el agregado de "ta sherit" (“la menor”). Así, las princesas Meritatón-Tasherit y Anjesenpaatón-Tasherit fueron el fruto de la relación incestuosa del faraón Akenatón con sus hijas, muy probablemente con la intención de conseguir un descendiente masculino.

El ascenso de Semenejkara a corregente puede ser ubicada alrededor del año 15 de reinado, ya que en ese año Anjesenpaatón reemplazó a su hermana Meritatón como Gran Esposa Real. Así, Meritatón fue la consorte real del nuevo corregente Semenejkara, mientras Anjesenpaatón se convirtió en la Gran Esposa Real de su padre Akenatón.

Se pueden datar los decesos de cuatro de las seis hijas de Nefertiti y el faraón, quienes fallecieron entre los años duocécimo y decimoséptimo del reinado. Esta sucesión de muertes en un corto período dentro de la familia real ha abierto el campo de la especulación entre los estudiosos, con dos hipótesis explicativas al respecto:

Escena íntima entre el faraón Tutankamón y su Gran Esposa Real Anjesenamón, hija sobreviviente de Ajenatón y Nefertiti. Las imágenes y el motivo artístico son típicos de la época de Amarna (detalle del respaldo del trono ceremonial de Tutankamón).

las muertes fueron debidas a una enfermedad congénita y hereditaria que padecerían las hijas de Nefertiti;

la causa de las muertes fue una epidemia que azotó Egipto y afectó a la familia real. Esta hipótesis es la más aceptada entre los especialistas.​ Las dificultades en la identificación de momias o la falta de estas impiden avanzar más en la elucidación de este aspecto.

En otro orden de cosas, la sucesión no se encuentra debidamente registrada, sobre todo si se tiene en cuenta que los faraones posteriores pretendieron borrar el reinado de los registros, tendiendo un puente entre Amenhotep III y el usurpador Horemheb.

La muerte de Ajenatón en el decimoséptimo año de su reinado da al faraón una edad probable de entre 30 y 36 años. Su inmediato sucesor, el desconocido Semenejkara, reinó durante un breve período, que algunos estudiosos estiman entre menos de un año a no más de tres. Tras él, ascendió al trono de Egipto un niño de menos de once años de edad: Tutankamon.

Ajenatón fue enterrado en la tumba que se hizo construir, la llamada Tumba Real de Amarna, como demuestra el hecho de que la cámara funeraria estaba sellada. Sin embargo, el cuerpo del faraón fue retirado cuando la corte regresó a Tebas, y su momia fue inhumada en el Valle de los Reyes, en la KV55, junto al de su madre la reina Tiy. Su sarcófago fue destruido y permaneció en la necrópolis de Amarna; ahora se encuentra, reconstruido, en el exterior del Museo de El Cairo.

Sucesores

Una costumbre que se impuso durante la Dinastía XVIII era la de nombrar un corregente, de modo que el faraón reinante delegaba algunas funciones políticas y religiosas en el heredero, quien una vez acontecida la muerte del rey accedía al trono. En los casos en que la posición del príncipe heredero era indiscutible (por ser el hijo del rey y la Gran Esposa Real), la corregencia era vista como un marco de continuidad y formación del joven príncipe. En otras ocasiones, la instauración de un corregente era una necesidad para afirmarlo como heredero, ya fuera porque no existía ese príncipe, ya porque provenía de una esposa de menor rango que la Gran Esposa Real. El hecho de que Ajenatón y Nefertiti solo tuvieran hijas debió de haber planteado el problema sucesorio de forma prematura.

El período de sucesión de Ajenatón no se conoce todavía bien. Se sabe que existió a finales de su reinado un personaje denominado Anjjeperura-Semenejkara, que portaba cartuchos reales, dando la apariencia de que, si no era corregente, seguramente era el sucesor inmediato del faraón Ajenatón.

La duración del reinado del rey Anjjeperura-Semenejkara no está clara, aunque los egiptólogos han determinado que su lapso fue sumamente breve, estimándose un intervalo que va de menos de un año a un máximo de tres. Se desconoce por completo cuál era el vínculo sanguíneo o político con el faraón hereje, aunque se han planteado varias hipótesis:

Semenejkara era hijo de Ajenatón y de una reina de menor rango que Nefertiti (probablemente, Kiya).

Era hermano o medio hermano de Ajenatón (o sea hijo real del faraón anterior Amenhotep III).

Pertenecía a la alta nobleza en la corte del faraón, quien desposó a la princesa Meritatón, y por su vinculación e influencia accedió primero a la corregencia en las postrimerías del período de Amarna y después alcanzó el trono en solitario.

Era Nefertiti que emuló a su antecesora Hatshepsut convirtiéndose en faraona y asumiendo rasgos masculinos.​ En contra de esta teoría está el hecho de que Nefertiti no era de sangre real, al contrario que Hatshepsut.

La sucesión del faraón Semenejkara recayó en un joven príncipe de sangre real: Tutankamón, quien tomando como Gran Esposa Real a Anjesenpaatón, una de las hijas de Nefertiti y depositaria de los derechos reales, ascendió al trono. Los historiadores opinan que el lento período de restauración comenzó durante este reinado. El mismo faraón modificó su nombre de nacimiento en favor del anterior dios Amón, llamándose de ahora en adelante Tut-anj-Amón. El abandono de la ciudad de Ajetatón se produjo de forma paulatina, trasladándode no solo las oficinas administrativas y políticas del reino sino también su necrópolis, el Valle Real, con las momias reales, como bien lo atestiguó el descubrimiento de KV55. La pronta e inesperada muerte del faraón niño quebró la línea sucesoria extinguiéndose con él la Dinastía XVIII.

Sarcófago encontrado en KV55. La peluca de estilo nubio sugiere que fue diseñado primeramente para una mujer de la realeza. Contiene menciones a la favorita real Kiya. El añadido de la barba faraónica hace pensar en un posterior reacondicionamiento muy probablemente para una momia real, quizá la de Ajenatón.

La tumba KV55 fue descubierta el 6 de enero de 1907 en el Valle de los Reyes por Edward Ayrton, durante una expedición promovida por Theodore Davies. Se pensó que era un lugar de entierros múltiples, ya que en un primer momento se identificó como la morada de la momia de la reina madre Tiy, quien fue posteriormente localizada en la tumba KV35. Los restos encontrados, en muchos casos destrozados, hacen muy difícil su interpretación.

Las puertas tienen los cartuchos de Tutankamón, el sarcófago encontrado porta el nombre de la favorita real Kiya, el altar roto contiene los jeroglíficos de Tiy y existen ladrillos mágicos con el nombre de Ajenatón. Una de las hipótesis es que el lugar habría funcionado como un lugar de entierros múltiples en distintos momentos dentro del lapso que fue desde finales del reinado de Ajenatón hasta el de Ay.

Horemheb y sus sucesores destruyeron sistemáticamente todo lo relacionado con Ajenatón y su familia, incluyendo lo referente a Tutankamón y Ay, para aparentar continuidad con Amenhotep III, por lo que no queda constancia de su enterramiento, aunque se estima que fue sepultado en la Tumba real de Amarna.

Tras descubrir la tumba KV55 con un santuario en su interior dedicado a la reina Tiy, se realizaron diversos estudios de la momia allí enterrada, que arrojaron los siguientes resultados:

La momia corresponde a un varón de unos 35 años;

Es del mismo grupo sanguíneo que Tutankamón, supuesto hijo del faraón;

Tiene el cráneo proporcionalmente más grande que el cuerpo, guardando cierto parecido con las estatuas esculpidas durante el reinado de Ajetatón.

Mientras que algunos historiadores estiman que la momia pertenece a Ajenatón, basándose tanto en que el sarcófago contiene los jeroglíficos del nombre y los atributos de realeza (uraeus) borrados, como en la existencia de los ladrillos mágicos que portan el nombre de Ajenatón, otros estudiosos adjudican la momia al sucesor Semenejkara, basándose en recientes estudios forenses que dan al personaje momificado una edad de deceso cercana a los veinte años, dato que excluye terminantemente a Ajenatón.

Descubrimiento de la momia

En septiembre de 2010, en la publicación mensual de National Geographic se dio a conocer que un equipo de científicos liderados por Zahi Hawass había efectuado una serie de estudios sobre la más que estudiada momia del faraón Tutankamón, extrayendo muestras de ADN del cuerpo del "Rey Niño".

Los estudios de ADN realizados sobre la momia de Tutankamón han permitido averiguar la identidad de una serie de momias descubiertas hacía muchísimo tiempo, pero cuya identidad era desconocida. Tomando como base la momia de Tutankamón y la que se presumía era la de Amenhotep III, se pudo determinar que una de las momias de la famosa tumba KV55 era el padre del faraón-niño e hijo del faraón Amenhotep III. Tal patrón genético de la momia hace concluir que el morador de KV55 no sería otro que Ajenatón. Además se identificó a dos momias femeninas conocidas como la Dama Mayor y la Dama Joven, como la Abuela (La Reina Tiy) y Madre respectivamente de Tutankamón, también a dos fetos hijos suyos y a su esposa Anjesenamón.

TIY.




Representación original.





Posible aspecto en la adolescencia.






Diseños propios. Autor: José Manuel Lamas.


Vivió sobre 1370 a. n. e. Vivió unos 52 años.

Fue reina, esposa de Amenhotep III, de la XVIII Dinastía, y una de las mujeres más carismáticas de la historia egipcia. Otras grafías de su nombre: Tiye, Tiya, Tiyi, Teje, Ty...

Según el análisis paleogenético de la momia de su probable hija "The Younger Lady" (Madre de Tutankamón), su linaje materno (ADNmit) es el caucasoide-europeoide K (Clan de Katrina).

Al contrario que todas sus predecesoras, las "Grandes Esposas Reales", Tiy no era de linaje real y no ocultó nunca su origen noble, procedente de la ciudad sureña de Ajmin (Akhmin). Su padre, Yuya, era un jefe de carros de guerra, con familia de origen sirio, mientras que su madre, Tuyu, ostentaba el título de "Ornamento Real", atribuido a damas nobles en la corte, así como el de "Cantora del templo de Amón". Que el faraón-niño Amenhotep III (en griego, Amenofis III) se casase con Tiy en vez de con cualquiera de sus numerosas hermanas, no tiene una explicación clara, pero podría ser debido a:

Cuando Amenhotep III asumió el trono era aún un niño, y había un Consejo de Regencia dominado por la madre del rey, Mutemuia. Esta mujer, pese a haber dado a luz al sucesor, no había sido la "Gran Esposa Real" de Thutmose IV (en griego, Tutmosis IV), y tuvo que aguantar el desplante de las otras reinas, que la veían como una esposa secundaria. Mutemuia se vengó de ellas al negar a las princesas reales el matrimonio con el "nuevo Horus".

Yuya era un hombre muy importante en el Egipto de entonces, y es probable que incluso fuera el hermano de la reina madre Mutemuia. Por tanto, Tiy y Amenhotep III habrían sido primos, y su casamiento no hizo más que acabar por consagrar a aquel ambicioso señor.

A todo esto se une la conjetura de que la dama Tuyu, egipcia de pura cepa, podía ser descendiente, por una rama secundaria, de Ahmose-Nefertari, como parecen indicar algunos de sus títulos, por lo que la candidatura de Tiy era del todo legítima.




Otras representaciones.



Casar a Tiy con el faraón fue una hábil maniobra que benefició de forma insólita a Yuya y Tuyu. Su poder creció parejo al de los jóvenes reyes, e incluso fueron enterrados en el Valle de los Reyes, un honor reservado a muy pocos nobles. Su tumba fue, junto con la de Tutankamón, hallada casi intacta, con hermosos sarcófagos de oro y las momias en perfecto estado de conservación.

La situación también benefició a los hermanos de Tiy. Se conoce con seguridad a Aanen, que no dejó de escalar puestos en el clero de Amón, y también es posible que la nueva reina fuera hermana del que más tarde fue el faraón Ay. Este versado hombre, un auténtico zorro político, asumiría el papel de Yuya al lado del rey, y aconsejaría sabiamente a tres reyes antes de ser él mismo, con sus hábiles maniobras, coronado.



Represenación original.











Posible aspecto según el busto.

 
Representación original.


 
Posible aspecto según la estatua.




Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.


Tiy se casó con Amenhotep III a la edad de once o doce años en el segundo año de su reinado, teniendo aproximadamente dos años menos que su sagrado marido. La jovencísima pareja pareció complementarse desde el primer momento y nunca más volvieron a separarse. Es innegable la influencia que tuvo Tiy sobre el faraón, nunca vista antes en las "Dos Tierras". Tanto es así que, con motivo de su matrimonio, Amenhotep III envió escarabeos a todos los monarcas vecinos en los que anunciaba la existencia de su primera Gran Esposa Real, así como la de los todopoderosos Yuya y Tuya.



A partir de aquel momento, y para sorpresa de todos, la reina Tiy no dejó de aparecer en todos los monumentos construidos por su marido, y en condiciones casi de total igualdad con él. El peso político de la joven reina era enorme, y no tuvo el menor reparo en manejar a Amenhotep III, que tuvo la inmensa suerte de gozar de un reinado largo y próspero. Se suele decir que Tiy fue la auténtica gobernante en la sombra, ayudada por su suegra Mutemuia y por la indolencia de su esposo.

Uno de los hechos más problemáticos del reinado de Amenhotep III es el papel que jugó el dios Atón en sus 39 años de gobierno. Muchos han creído que esta deidad fue introducida en la corte por la propia Tiye,​ pero esto es falso, pues ya existían menciones de él bajo reyes como Hatshepsut o Thutmose IV. Lo que sí es cierto es que bajo Amenhotep III y Tiy alcanzó una popularidad entre la familia real antes impensable.

Las causas de esto eran sobre todo el peligro que entrañaban los sacerdotes de Amón, tan ambiciosos y poderosos, que incluso hacían tambalear el trono. Este peligro ya había sido visto mucho tiempo antes, pero sería bajo Amenhotep III cuando el problema adquirió tanta importancia que llegó a existir una competencia entre Amón, el favorito del pueblo, y Atón, el elegido por la pareja real para contrarrestar la influencia de los sacerdotes. Este conflicto religioso se trasladó al consejo, donde es posible que los adeptos de Tiy no dejasen de conspirar contra el hombre más importante del reino, el sabio Amenhotep, hijo de Hapu, conocido devoto de Amón.

Sin embargo, en su papel de reina y de madre, Tiy no dudó en inculcar el culto a Atón a su hijo, el príncipe Amenhotep, sentenciando así al país sin saberlo, al llamado "Cisma de Amarna" que llegaría solo unas décadas después, hundiendo la dinastía y acabando con las colonias egipcias en la zona sirio-palestina.

Tras la "usurpación" del trono por la Gran Esposa Real Hatshepsut, hacía ya más de cien años, los reyes habían evitado dar cualquier protagonismo a sus esposas, sin distinguirlas apenas del resto de esposas secundarias y concubinas, confinándolas en palacios y harenes para evitar que la peligrosa sangre de Ahmose-Nefertari volviese una vez más a tomar las riendas del poder. Tiy sería la primera excepción a esta nueva costumbre.

No solo se hacía representar en todos los lugares acompañando a su esposo, sino que, posiblemente, dirigía ceremonias y tomaba parte en los asuntos de Estado al lado de Amenhotep III, quien no dudó en delegar poderes, tanto en su mujer, como en sus ministros. Podría decirse que durante los 39 años de reinado de Amenhotep III fue la Gran Esposa Real Tiy, la auténtica gobernante en la sombra. Su poder sobre el faraón era tan grande que no solo se le dedicaban numerosas estatuas a ella sola, sino que incluso se hizo construir solamente para ella el palacio real de Malkata, en la orilla occidental de Tebas, dotado con un inmenso lago artificial. Este lugar acabaría por convertirse en la residencia tebana de los faraones.

Tiy conocía perfectamente sus orígenes y comprendía que al ascender su posición, no solo debilitaría la de su marido, sino la de toda la institución real a favor de los peligrosos sacerdotes, por lo que siempre se contentó con ser la última y más eficaz consejera real. Sería después de Tiy, con su nuera Nefertiti, cuando las reinas volvieran a asumir un papel muy similar al que antes ostentara Hatshepsut, al hacerse coronar corregente de su marido.

Aunque Tiy no tenía competencia posible al lado del faraón en asuntos de Estado, la tuvo (y mucha) más allá de la sala del trono. Amenhotep III fue un rey muy ocioso que se dedicaba comúnmente a la caza y a la búsqueda de nuevas esposas y concubinas, por lo que es de esperar que el monarca tuviera amplia descendencia. Ignoramos qué pensaría Tiy de todo esto, pero dado que eran las costumbres de entonces, no debió de molestarle mucho. Al fin y al cabo, era la mujer más influyente de todo el país, y ninguna otra podría competir con ella ni siquiera pensar en suplantarla. Su descendencia fue la única legítimamente aceptada: tuvo al menos cinco hijos, aunque es posible que fueran varios más, de nombres desconocidos.

Hijos conocidos de Amenhotep III con Tiy:

Sitamón. Fue la primogénita de la pareja real, nacida en los primeros años de reinado, cuando el matrimonio aún sería adolescente. Para sorpresa de todos, acabaría por casarse con su propio padre en el año 30/31 y ascendida al mismo rango que su madre, el de Gran Esposa Real.4​ Fue el primer incesto real en la historia egipcia en más de cuatrocientos años.

Amenhotep IV. En un primer momento no era el sucesor designado por su padre, pues tenía al menos un hermano mayor, que moriría en la juventud.

Las investigaciones realizadas sobre el ADN del cuerpo llamado The Younger Lady encontrada en la tumba real de Amenhotep (KV 35) muestra evidencia de que la Dama Joven sería la madre de Akenaton, y una esposa secundaria de Amenhotep III (https://oi.uchicago.edu/article/ray-johnson-forensic-reconstruciton-younger-lady) Se llegó a creer que era de frágil salud e incluso que tuviera problemas mentales, lo cual es erróneo. Como faraón, fue uno de los más famosos y contradictorios, protagonista del llamado "Cisma de Amarna", en el que tomaría el nombre de Akenatón, negaría a todos los dioses ancestrales a favor de una única divinidad (Atón) y se trasladaría a una capital construida en medio del desierto. Algunos le tienen como el primer monoteísta de la historia, otros por un iluminado, y otros por un impostor.

Henuttaneb, Iset y Nebetta. Las hijas menores. Si Amenhotep III se casó en su primer jubileo Heb Sed con su hija mayor Sitamón, lo haría en el segundo (año 34º) con Henuttaneb y en el tercero (año 37º) con Iset. Y es posible que de haber llegado a un cuarto jubileo, como estaba planificando cuando le llegó la muerte, fuera Nebetta la escogida. Todas estas princesas, cuya huella se pierde al subir al trono su hermano, nunca fueron ascendidas al rango de Grandes Esposas Reales.

Baketatón o Beketatón. Es muy probable que esta princesa fuera la más pequeña de la pareja real, y la única de la que se tienen datos durante el reinado de Akenatón. Algunos han pensado que no es más que Nebetta​ con un nuevo nombre, o incluso una hija de Akenatón y Nefertiti, pero en la actualidad se suele coincidir en que sería la última niña nacida de Tiy, y la única que se sabe con certeza que la acompañó hasta su muerte en su palacio de Tebas.

Candidatos a posibles hijos de Amenhotep III con Tiy:

Thutmose. El hijo mayor de Amenhotep III. Se sabe que era el heredero original, pero que llevase el nombre de Thutmose, según la costumbre, significaba que no debía ser hijo de la Gran Esposa Real. Por tanto, este joven, que nunca llegó a ocupar el trono debido a su temprana muerte, en medio de la adolescencia, sería posiblemente hijo de Amenhotep III y otra mujer, quizás la princesa Mitania Giluhepa.

Tutankamon. El famoso rey-niño estaba emparentado con la familia de Amarna, y se hallaron en su tumba mechones de Tiy guardados como reliquias. Esta muestra de cariño solo puede ser debida a que ambos vivieron juntos y había un lazo muy profundo entre ellos lo que llevó a algunos a considerar que pudieran ser madre e hijo, pero esto implicaría que hubo corregencia entre Amenhotep III y Akenatón y que Tiy fue una madre muy madura, para concordar las fechas. En la actualidad se sabe que Tiy era la abuela del niño, y que sus padres fueron Akenatón y una de sus hermanas menores.



Semenejkara. Con diferencia, el personaje más fantasmal de la época. Ni siquiera se sabe si llegó a existir o era un nombre que tomó la reina Nefertiti al convertirse en faraón por derecho propio. Si Semenejkara fue un varón, quizás era hermano mayor de Tutankamón, o si acaso primo o tío suyo. Se casó con Meritatón, la primogénita de Akenatón y Nefertiti.

En el final del reinado de Amenhotep III comienzan a surgir lagunas históricas que adelantan la confusión que vendría después. Por entonces el principal valedor de los sacerdotes de Amón y el más fiel al rey, el anciano Amenhotep, hijo de Hapu, ya había muerto, y el rey ya estaba casado con varias hijas suyas. El papel de Tiy no había menguado, pero el del príncipe heredero no dejaba de crecer, y sus intenciones políticas sembraban la duda.

Sabemos a ciencia cierta que Amenhotep III murió antes que Tiy, pues aunque su tumba estaba preparada para acoger los restos de su reina, nunca llegó allí por morir antes su marido. Sin su manejable y dócil marido, Tiy poco podría o quiso hacer por su hijo, y le dejó gobernar a sus anchas. Mientras que Akenatón se trasladó a la nueva capital, Aketatón, Tiy siguió viviendo en Malkata con su hija Baketatón y quizás alguna más. Algunos pensaron en la posibilidad de una ruptura entre madre e hijo, debido al fanatismo que acabó por adquirir el segundo, pero existen representaciones en las que Tiy viene a visitar a Akenatón, Nefertiti y sus nietas a la nueva capital, y es recibida con grandes muestras de respeto y de cariño.

Sí es posible que Tiy acabase desmarcándose un tanto del culto a Atón que con demasiado fervor había inculcado a Akenatón, pues siguió viviendo en Tebas, cerca del clero de Amón. Quizás la reina quisiese compensar algo la maltrecha balanza de cultos, que había pasado de un extremo a otro. Este sería su papel hasta su muerte, en torno al año 12 del reinado de su hijo. Era ya una anciana para la época: contaría poco más de cincuenta años.

La Gran Esposa Tiy, consejera y confidente de Amenhotep III y educadora de Akenatón, murió en Tebas, en su palacio de Malkata. Llegó a ser enterrada en Aketatón (tumba TA28), como así había decidido su hijo, pero con la caída de su gobierno, sus restos volverían a Tebas, al Valle de los Reyes.

Los restos de ajuar funerario con su nombre en la famosa tumba (KV55) indica el lugar destinado a su reposo eterno, acompañada por su hijo. Su momia fue trasladada más tarde a un escondrijo de momias reales para poner a salvo su cuerpo de los saqueadores de tumbas. En la actualidad se sabe que su momia es la de la "dama anciana" sin nombre hallada en la KV35, la tumba de Amenhotep II, junto a los cuerpos de un niño y una joven.

En la tumba de su nieto Tutankamón se encontraron cuatro sarcófagos en miniatura unos dentro de otros inscritos con su nombre, que guardaban un mechón de su cabello, probablemente un recuerdo de la querida abuela.​ En 1976, el análisis de muestras de cabello de la dama anciana y el mechón de los pequeños sarcófagos demostró que coincidían por completo, confirmando que la momia era la de la reina Tiye. En 2010, análisis de ADN corroboraron formalmente la identificación.

La momia, aunque resultó dañada por los saqueadores de tumbas, aún conserva una larga cabellera castaña. Al morir tenía algo más de cincuenta años, medía 1,45 m y su rostro muestra gran parecido con el de su madre Tuya.

KIYA.







Vivió sobre 1330 a. n. e. Fue una esposa secundaria del faraón Ajenatón, de la dinastía XVIII. Su existencia fue una sorpresa para los expertos en la época de Akenatón, pues parecía salir a la luz una «rival» para la célebre y hermosa reina Nefertiti. Se saben muy pocas cosas acerca de Kiya, y sólo pueden hacerse conjeturas.

La figura de Kiya se entremezcla con la de Nefertiti desde que hace su aparición en los documentos de la época de Amarna. Dado que los orígenes de ambas mujeres siguen siendo un misterio, se suele seguir una de las dos vías siguientes:

Una de ellas podría haber sido la princesa mitannia Taduhepa, llegada a la corte a principios del reinado de Akenatón para unir aún más la alianza entre los dos imperios. Como era costumbre, cambiaría su nombre por uno egipcio, y por ello sus huellas se pierden nada más llegar.

O bien cualquiera de las dos podría haber sido hija de Ay, hermano de la reina madre Tiy, que ocupaba el título de «Padre del dios». Este extraño título lo portó antes Yuya, el padre de la reina Tiy, y bien podría significar "suegro del faraón".

Si bien antes se solía pensar en que Nefertiti era la princesa Taduhepa, la aparición de Kiya desvió las hipótesis y actualmente se suele pensar más en Nefertiti como la hija de Ay, y en la propia Kiya como la mitania reconvertida en esposa del rey1​ con un nombre cariñoso egipcio. Aun así, no hay ningún dato que afirme tal teoría, y las figuras de Nefertiti, Kiya y Taduhepa se confundieron durante mucho tiempo, para frustración de egiptólogos y aficionados.

En un primer momento, se pensó que la única mujer importante en la vida de Akenatón fue la Gran Esposa Real Nefertiti, su única compañera en su experiencia religiosa y la madre de sus seis hijas. Pero esto parece ser incierto, como así demuestra la existencia de Kiya y los títulos que portó.

Como aparecida por arte de magia, nos encontramos por primera vez a Kiya ya viviendo la nueva capital fundada por Akenatón y Nefertiti, Ajetatón (la actual Tell el-Amarna). Su papel parece determinante en la corte, y su papel de segunda esposa le hace merecedora de los títulos de Favorita del Rey o Esposa Muy Amada (Hemet mereryt aat) de Ajenatón. También ocupaba un cargo oficial como sacerdotisa en el templo de Atón, Maruatón.

No obstante, pese a lo sorprendente de estos títulos, que parecen demostrar una relación afectiva con Akenatón, hay que remarcar que Kiya nunca portó el cargo de gran esposa real que sí ocupó Nefertiti, su gran rival. La bella reina contaba con derechos jamás vistos antes en una gran esposa real: era representada con el mismo tamaño que su marido, conducía su propio carro, compartía audiencias, y, juntos, la pareja real formaba el núcleo de la nueva religión atoniana. Kiya tuvo que contentarse con un segundo puesto.

Nos han llegado muy pocos restos documentales en los que aparece Kiya. Sin embargo, así como Akenatón suele aparecer tocado con la corona azul y Nefertiti con la famosa cofia que la caracteriza, también Kiya tiene una señal identificativa clara que nos ha permitido descubrirla en algunas representaciones.

Esta mujer, de notable belleza, suele ir tocada siempre con una peluca de corte escalonado y dos grandes pendientes con forma circular. Las huellas más hermosas que ha dejado Kiya son sus vasos canopos, hallados en una tumba del Valle de los Reyes (la KV55), que serían finalmente utilizados por la momia de varón hallado allí, quizás el propio Akenatón. En estos vasos se comprueba un sorprendente parecido entre la favorita del rey y el niño Tutankatón.

Es bien conocido que Nefertiti solo tuvo hijas, y que el sucesor de Akenatón, el rey-niño Tutankamón debió de ser o el hijo o si acaso el hermano del faraón. Al confirmarse la existencia de Kiya, parecía abierta la posibilidad de que Tutankamón fuese el niño nacido de ella y de Akenatón, tendencia que fue ganando muchos adeptos y que hasta recientemente parecía ser la más sólida. Esto vendría reforzado por el parecido físico de madre e hijo, y las semejanzas genéticas halladas en las momias de Tutankamón y del cuerpo de la Tumba 55.

También se ha planteado que Kiya tuviera más descendencia, pero no hay datos que demuestren tal teoría. Por más que se sugiera, no existe una mención explícita a una princesita de nombre Kiya-Tasherit ni es seguro que la "Favorita del rey" muriese a causa del parto, como se ha pensado al ver algunas imágenes en la tumba de la familia real. Se cree que la fallecida no es Kiya, sino la segunda hija del rey, Meketatón. Que fuera Kiya y no Nefertiti quien trajera a luz a un varón tuvo que ser la principal causa del encumbramiento de Kiya a la sombra de la pareja real, y quizás diera motivos más que suficientes a la gran esposa real de guardar cierta envidia a la que podría considerar su rival. Tal vez una rivalidad entre las dos mujeres de Akenatón fuera la causa de la desaparición súbita e imprevista de ambas durante el crítico año 14 del reinado, sin dejar huella alguna.

En 2010 se hicieron unos exámenes de ADN, donde verifica que la verdadera madre de Tutankamon es hija de Tiy y Amenhotep III, por lo cual es hermana de Akenaton, eso quiere decir que fue un incesto real y que Kiya no dotó a Akenaton del heredero al trono, el futuro rey Tutankamon.

Como se ha mencionado antes, la pista de Nefertiti y de Kiya se desvanece tras el año 14 de Akenatón sobre el trono. Es realmente frustrante ver cómo a partir de esta fecha la nutrida familia real acaba en tres años reducida a Akenatón, la tercera de sus hijas y Tutankatón. Todos los demás, van desapareciendo sin un motivo

De todos los personajes el que más interés despertó siempre fue Nefertiti. ¿Murió en el año 14, dejando a un Ajenatón desolado que no volvió a ser el mismo? ¿O acaso se descubrió una conspiración de la gran esposa real, cuyas creencias comenzaban a divergir de las de su marido? Esta hipótesis cobró fuerza en su momento, al descubrirse que la primogénita de Ajenatón, Meritatón se convirtió en gran esposa real y suplantó en todos los textos a la anterior reina. Nefertiti se habría "divorciado" del rey, o habría sido recluida en el palacio norte de la ciudad, donde acabaría sus días olvidada por todos.

Hoy en día, aunque el asunto sigue siendo espinoso (quizás el más complicado de todo lo que rodea la confusa época de Ajenatón), hay una corriente de pensamiento que mantiene que Nefertiti no cayó en desgracia, sino todo lo contrario: fue ascendida al rango de corregente de su marido, y tomó el nombre de Semenejkara. Debido a esto, sería Meritatón convertida en la gran esposa real de Semenejkara, un matrimonio por supuesto simbólico que tenía como objetivo mantener la dualidad existente en todos los aspectos de la civilización faraónica.

Mas, ¿por qué no fue Kiya convertida en gran esposa real, si Nefertiti era convertida en corregente? La razón podría ser que, si no murió por entonces, quizás fue Kiya la mujer que cayó en desgracia​ y cuyos restos fueron usurpados por Meritatón. Mentes novelescas han pensado en un complot urdido por la celosa reina Nefertiti,​ que consiguió acabar con su rival, y además, convertirse en reina-faraón. Como es lógico, nada de esto es histórico, y la inmensidad de lagunas en este periodo dejan abierta cualquier posibilidad.

Otra hipótesis la aventura Marc Gabolde, que argumentando que Kiya era la misma persona que Taduhepa, la hija del rey de Mitani, sugiere que ella "pagó el precio" del deterioro de la alianza entre Egipto y Mitani, y fue devuelta a su país.

El lugar donde se pensaba enterrar a Kiya cuando ésta muriese sigue siendo un misterio. Kiya desapareció de la historia tan repentinamente como apareció. Si murió antes que Akenatón, quizá su cuerpo reposó durante un tiempo en la tumba real de Akenatón, junto a los cuerpos de Meketatón y de la reina madre Tiy, para ser más tarde trasladado a Tebas. Tal vez fueran puestos a salvo de saqueadores y de los enemigos de Akenatón por su presunto hijo, el faraón Tutankamón, en una tumba en el Valle de los Reyes.

Aun cuando no se está seguro completamente, una serie de investigaciones reciente realizadas por un grupo de científicos y egipótlogos egipcios han dado nueva luz sobre la misteriosa reina Kiya. En 2009, un examen mediante diagnóstico por imágenes reveló que una momia encontrada en la tumba KV35 y conocida como la Dama Joven compartía un sorprendente parecido físico con la momia de Tutankamón. Esa evidencia llevó a la comunidad científica a suponer que se encontraban delante de la madre del Rey Niño.​ En septiembre de 2010, National Geographic dio a conocer los resultados de una investigación llevada a cabo por un equipo interdisciplinario dirigido por Zahi Hawass, el mayor egiptólogo conocido de la actualidad. En estas investigaciones, se comprobó mediante exámenes de ADN que las momias de la KV35 son en realidad la abuela y madre de Tutankamón.

Se han hecho diversas especulaciones acerca de que la momia de KV35 pudiera ser Kiya, por ejemplo, Joann Fletcher, que identificó una peluca encontrada cerca de la momia, como de estilo nubio, asociado con Kiya.​ Sin embargo, los resultados del análisis de ADN, publicados en febrero de 2010 han demostrado que la Joven Dama fue la madre de Tutankamón, y esposa de Akenatón, así como que fue hermana de su marido, ambos hijos de Amenofis III y la reina Tiye. Esta relación familiar elimina la posibilidad de que la momia mencionada pertenezca a Kiya, porque no se conoce ningún artefacto donde figure el título de hija del dios a Kiya. Por la misma razón tampoco puede pertenecer a Nefertiti​ El informe concluye que las candidatas más indicadas serían Nebetah o Beketatón, hijas menores de Amenofis III, de las que se desconoce que se hubieran casado con su padre.

SETI I.




                  Diseño propio. Autor: José Manuel Lamas.

Hijo de Ramsés I y Sitra, fue el segundo faraón de la dinastía XIX; gobernó unos quince años, de c. 1294 a 1279 a. E. C.​ En otras cronologías el reinado se estima entre los años 1318 a. E. C. -1304 a. E. C., ​o entre el 1305 a. E. C. - 1289 a. E. C.

Fue militar, como su padre, nacido en la región del delta del Nilo, en la zona de Avaris. Su nombre proviene de Seth, el dios de la guerra, de las armas y del ejército, al que Seti I sirvió como sacerdote antes de ser soldado.6​

No se sabe mucho de la juventud de Seti I, mas sí sobre su reinado. Al convertirse su padre en visir de Horemheb y más tarde en faraón, fue pronto asociado al trono, pero ya por entonces era de edad madura. En su primer año de gobierno en solitario, se lanzó a la temeraria conquista de Palestina, Siria y Fenicia, que habían logrado su independencia durante el reinado de Ajenatón o habían sido conquistadas por los temibles hititas, tradicionales enemigos de Egipto. Las campañas de Seti por el sur de estos territorios fueron un rotundo éxito, sin igual desde los tiempos de Tutmosis III y Amenhotep II, pero no se atrevió a ir más al norte por el avance del dominio hitita.

Al subir al trono, Seti ya era un padre de familia, y su esposa de toda la vida, Tuya, no fue ascendida al rango de Gran Esposa Real hasta la muerte de este.8​9​ Se ha supuesto que Seti I fue marido de la oscura Tanedyemy, una reina de comienzos de la dinastía, de la que desconocemos su filiación, pero que probablemente fuera la hija de Horemheb y el lazo de unión entre las dinastías XVIII y XIX, lo que daba legitimidad al reinado de la nueva dinastía y lo que explica que su esposa Tuya, no fuese ascendida a Gran Esposa Real hasta su muerte.10​

Horemheb, Ramsés I y Seti I debieron pacificar y reordenar Egipto, siendo otra de sus conquistas dominar a los poderosos sacerdotes de Amón, que tras el fin de la revolución de Akenatón habían vuelto a ser demasiado poderosos. Un éxito en esta batalla silenciosa fue el impedir que los hijos heredasen el cargo. Al mismo tiempo, se potenció el culto a los demás dioses tradicionales (prohibiendo, por supuesto, mencionar al dios Atón), especialmente el dios Seth, de quien se hizo restaurar su templo en Avaris. Fue precisamente bajo Seti I cuando comenzó la verdadera persecución hacia el recuerdo de Akenatón, y su capital inconclusa, Ajetatón, comenzó a ser demolida.4​

Seti I explotó a gran escala las minas de oro de Nubia con el objetivo de fortalecer su tesoro y hacer viables sus proyectos de grandes construcciones.11​ En principio fracasó en este objetivo al no encontrar agua en los nuevos pozos que mandó abrir en torno a la mina de Wadi-el Alaki, en la Baja Nubia. Obra que su hijo Ramsés II continuaría y finalmene conseguiría encontrar la capa de agua unos 12 codos por debajo de la anterior excavación. En la Alta Nubia, Seti I construyó una ciudad en Amara-Oeste, a unos 180 km al sur de Wadi-al-Alaki. Se cree que también construyó el templo de Amón en Djebel Barkal, cerca de Kereima.12​   

La dinastía XIX había nacido como una verdadera familia de reyes guerreros, de un claro origen militar. El sucesor de Seti, el futuro Ramsés II no sería una excepción, y fue debido a la inmensa fama que cobró este faraón que la memoria de Seti I nos ha llegado, inmerecidamente, algo disminuida. También la dinastía XIX, sobre todo en sus comienzos, fue una casa real que impulsó grandes construcciones, y solo los reinados relativamente cortos de Ramsés I y Seti I impidieron que pudieran terminarse colosales monumentos que más tarde se adjudicaría Ramsés II como propios.

Descendencia
Los descendientes de Seti I en su matrimonio con Tuya fueron:

Nebchasetnebet (1305 a. C.-1289 a. C.), hijo de Tuya
Amennefernebes
Tia o Tiya (1307 a. C.-?)
Henutmira o Henutmire, posiblemente hija de Tuya
Ramsés II (c. 1300 a. C.-1213 a. C.), hijo de Tuya

Entierro

Momia de Seti I en el Museo Egipcio de El Cairo.
Seti murió hacia los 40 años, tras un reinado muy similar, incluso en duración, al de Tutmosis I, en torno a 13-16 años. Le sucedió su hijo Ramsés II, con el que había establecido una corregencia para asegurar la sucesión pacífica.

La momia de Seti, una de las mejor conservadas, fue encontrada en 1881 en el escondrijo de Deir el-Bahari y se conserva desde entonces en el Museo de El Cairo.​ Los estudios realizados sobre la momia no arrojan luz sobre los motivos de su temprana muerte, aunque se cree que sufría de una enfermedad vascular que provocaba el mal funcionamiento de su corazón. De hecho, este fue encontrado a la derecha de su cuerpo, por lo que se piensa que el faraón ordenó, que a su muerte, se lo pusieran en el lado opuesto para que funcionara correctamente en la siguiente vida. Aunque otros expertos opinan que este pudo haber sido un error de los momificadores.

La tumba de Seti (KV17) es una de las más grandes del Valle de los Reyes y una de las más bellas. Fue descubierta el 16 de octubre de 1817 por Belzoni. Su sarcófago, uno de los más hermosos hallados en Egipto, se encuentra actualmente en el Sir John Soane Museum, en Londres.

Testimonios de su época
Erigió templos y su nombre figura en varios monumentos e inscripciones:


Templo de Sethy I en Abidos.
Templo y cenotafio en Abidos (Frankfort 1933 - el cenotafio; Kitchen 1975:129 - 199 - inscripciones)15​
Edificios en el templo de Karnak, con una larga serie de escenas e inscripciones de las guerras del rey (Kitchen 1975:6 - 32)15​
Templo principal para el culto del rey, en Luxor, Tebas oeste (Petrie 1909:13 - 14, pl. XLIII-XLVI, Osing 1977)
Bloques encontrados en Elefantina (Junge 1987:48 - 50)
Mencionado en varias inscripciones cerca de Asuán (de Morgan 1894:20. 123-124; 28.5)
Inscripciones en el Speos Artemidos (templo de Hatshepsut en Beni Hasan) (Kitchen 1975:41 - 44)
Estela de calcita encontrada en Karnak (El Cairo CG 34501) (Kitchen 1975:38 - 39)
Estatua en El Kab (El Kab 1940: pl. 33)
Tumba en el valle de Jezrael, cerca de Nazareth, de un alto funcionario egipcio con el sello de Seti I encontrada en 2014.



RAMSÉS II. 


Diseño según el artista gráfico chipriota Panagiotis Constantinou.





Vivió sobre 90 años.

Usermaatra Setepenra - Ramsés Meriamón, también conocido como Ramsés II, Ra-mss (engendrado por Ra),  fue el tercer faraón de la Dinastía XIX de Egipto, que gobernó unos 66 años, desde 1279 a. E. C. hasta 1213 a. E. C.​ Es a menudo recordado como el faraón más grande, celebrado y poderoso del Imperio Nuevo, que a su vez es el período álgido del Antiguo Egipto. Sus sucesores y los egipcios posteriores lo llamaron «Gran ancestro». Es conocido como Ozymandias en las fuentes griegas.

Cuando tenía catorce años, Ramsés fue nombrado príncipe regente por su padre Seti I y se cree que accedió al trono al final de su adolescencia, dando inicio a un reinado que duraría desde 1279 a 1213 a. C. La primera parte de su extenso reinado estuvo enfocada en la construcción de ciudades, templos y monumentos. Fundó la ciudad de Pi-Ramsés en el delta del Nilo como su nueva capital y desde allí lanzó sus campañas militares en Siria. Lideró otras expediciones militares en el Levante mediterráneo con las que reafirmó el poder egipcio sobre Canaán y también hacia el sur contra Nubia, las cuales se conmemoran en inscripciones en los templos de Beit el-Wali y Gerf Hussein.

Manetón le atribuye un reinado de 66 años y dos meses, en lo que están de acuerdo la mayoría de egiptólogos modernos. Las estimaciones sobre la edad a la que falleció varían, pero lo más probable es que viviera hasta los 90 o 91 años.​ Ramsés celebró trece o catorce fiestas Heb Sed, una cantidad sin precedentes e inigualada por cualquier otro faraón. Fue enterrado en la tumba KV7 del Valle de los Reyes, cerca de Tebas, pero su cuerpo fue después trasladado a un escondrijo de momias reales en el que fue descubierto en 1881.​ Su momia se ha podido contemplar hasta fechas recientes en el Museo Egipcio de El Cairo y, a partir de 2021, en el nuevo Gran Museo Egipcio de la misma ciudad.

Ramsés II era hijo del faraón Seti I y de su Gran Esposa Real, Tuya.​ No fue, como a veces se asume, hijo único; se sabe que tuvo al menos dos hermanas y, al parecer, un hermano llamado Nebchasetnebet, quien murió antes de alcanzar la edad adulta, por lo que Ramsés II pasó automáticamente a ser el heredero de Seti I.

Desde niño vivió la actividad castrense, como miembro de una familia de militares.​ Seti I nombró corregente a Ramsés cuando este tendría unos catorce años, y recibió entrenamiento intensivo de parte del mismo faraón y de múltiples maestros de artes y ciencias.​ La corregencia duró entre tres y siete años, no hay fuentes fiables sobre este tema. A los quince o dieciséis años Ramsés ya tenía autoridad sobre parte del ejército y, una y otra vez, inscripciones de esa época lo describen como un «astuto joven líder». Por aquel entonces ya estaba casado y era padre de cuatro hijos.

Durante el periodo de corregencia hubo pocos problemas militares y Ramsés desempeñó tareas civiles como delegado de su padre, como eran supervisar los trabajos de construcción de los templos y la extracción de material de construcción en las canteras del sur del imperio.

Ramsés acompañó a su padre en campañas militares para sofocar rebeliones en Canaán. También lo secundó en la guerra contra los hititas que habían ocupado los territorios de Siria, tradicionalmente pertenecientes al imperio egipcio, pero perdidos hacía varios años debido a la debilidad del rey Akenatón. Ya como comandante, llevó a cabo una campaña contra Kush (Nubia), en el año 8 del reinado de Seti.

Se cuenta que Ramsés se encontraba en Kush cuando Seti murió. Volvió a Egipto donde, junto con su madre, Tuya, llevó a cabo las ceremonias fúnebres de su padre en la necrópolis tebana.

Durante los cinco primeros años de su reinado llevó a cabo cinco acciones militares:

Batalla naval
Por parte en la Estela de Tanis, se produjo en el Delta, ante el ataque de piratas shardana. Ramsés los venció y reclutó a los prisioneros como soldados para su ejército. Estos shardana son mencionados en el Poema de Pentaur como miembros del ejército egipcio.

Expediciones a Asia
Poco después de comenzar su reinado en solitario, Ramsés hubo de reaccionar ante la amenaza de los hititas. Quizás consideraban al nuevo rey más débil que su poderoso padre, pues iniciaron numerosas escaramuzas en las fronteras invadiendo la tierra de Retenu hasta que el ejército egipcio se vio obligado a reaccionar. La primera expedición fue para pacificar Canaán, como paso previo a la conquista de Siria. Fue comandada por el propio rey en el cuarto año, y está relatada en dos estelas, una en Eleuteros y otra en Biblos. Se puede considerar como la precampaña de la batalla de Qadesh.

La batalla de Qadesh
Artículo principal: Batalla de Qadesh
En el quinto año de su reinado el faraón decidió cortar con los ataques hititas, muestra de ello es la célebre batalla de Qadesh, al norte de Siria, donde por fin se encontraron los ejércitos egipcios de Ramsés II con la alianza sirio-hitita del rey Muwatalli II.

Según se cuenta, Ramsés hizo caso omiso de los consejos de sus generales y visir, lo cual causó que cayera en una emboscada de sus enemigos hititas y su ejército se viera gravemente diezmado en territorio desconocido. Las tropas egipcias huyeron del ejército hitita, y Ramsés tuvo que luchar prácticamente solo contra los enemigos guiado por el dios Amón, o eso es lo que él mismo nos dice en los monumentos donde dejó escrita su hazaña (Poema de Pentaur). Los historiadores actuales son más críticos y prefieren pensar que la batalla acabó en tablas (por no decir derrota, ya que no consiguió conquistar la ciudad), y no en una aplastante victoria de Ramsés.

Finalmente, Ramsés y Muwatalli II se dieron un respiro y el faraón regresó a las Dos Tierras, donde prosiguió con sus numerosos trabajos de construcción.

Tras la muerte de Muwatalli, se desató una lucha por el poder entre su hijo Mursili y su hermano Hattusili I, que Ramsés aprovechó para reafirmar el control en la zona, destacando guarniciones en distintas ciudades. No obstante, la guerra no acabaría hasta la llegada al trono hitita de Hattusili III, el ambicioso sucesor de Muwatalli II, que acabaría con el Tratado de Qadesh firmando la paz con Ramsés II cuando este llevaba unos 25 años en el trono.

Conquistas en Libia
Ramsés también hizo incursiones en Libia, donde estableció varias colonias y construyó diversas fortalezas para vigilarlas, formando una línea defensiva desde Racotis (actual Alejandría) hasta El Alamein.

Reforma del ejército
Ramsés II aprovechó el mal resultado de la batalla de Qadesh para cambiar a los militares de alto rango, colocando a sus hijos al frente de los distintos cuerpos. Su primogénito Amenhirjopshef fue «generalísimo del ejército» y «supervisor de todas las tierras del norte»; Ramsés era «primer general de Su Majestad»; Paraheruenemef y Mentuherhepeshef tenían el rango de «general de carros» y el título honorífico de «primer conductor de Su Majestad». A partir de entonces, nadie ajeno a la familia real tuvo mando. No tuvo problemas con esta reforma, ya que Seti I había dejado de lado a los aristócratas egipcios y promovido a oficiales a un gran número de soldados extranjeros, como el general Urhiya, hurrita de origen, que llegó a ser intendente del Ramesseum, su hijo Yupa que heredó el cargo, o el general Ramsés-Najt.

También creó cuerpos de élite con extranjeros, guerreros nubios, libios, asiáticos y shardanas, cuerpos que eran leales a la persona del faraón. Estos mercenarios extranjeros formaron el ejército egipcio hasta el tercer periodo intermedio.

Política interior
Durante su reinado Egipto conoció su época de mayor esplendor, gracias a la prosperidad económica que favoreció el desarrollo de la literatura y las ciencias, y que le permitió erigir grandes construcciones.

Ramsés trasladó primero la corte a Menfis antes del traslado definitivo a Pi-Ramsés, en el Delta. Se desconocen los motivos por los que el faraón se arriesgó a alejarse de Tebas y de su poderoso clero viendo lo que había sucedido con Akenatón años atrás, pero lo cierto es que este monarca era un hábil político y comprendía la importancia de estar próximo al norte, lo más cerca posible a la convulsa zona del Levante mediterráneo. El alejarse de la antigua capital tuvo otra consecuencia política: hizo que la aristocracia tebana perdiese influencia en favor del ejército y los escribas reales, pero no consiguió rebajar el creciente poderío del sumo sacerdote de Amón.

El rey constructor
Durante el resto de su reinado Ramsés desarrolló una especie de obsesión por construir templos enormes y espectaculares. No solo se dedicó a llenar las riberas del Nilo de hermosas y enormes construcciones, sino que también usurpó muchas de ellas a sus predecesores, incluido su padre Seti I. En sus muchos años de reinado, superó con creces en labor constructora a Amenhotep III, y prueba de ello son algunas grandes obras:

La ampliación del templo de Abidos, el Osireion.
La ampliación del templo de Amón en Tebas, añadiendo un nuevo patio, los pilonos de la entrada y dos obeliscos de granito rosa.
En Karnak terminó la gran sala hipóstila del templo de Amón.
El templo funerario del Ramesseum, en el Valle de los Reyes, destinado a ser su tumba.
Los templos en Nubia, entre los cuales los más célebres son sin duda los de Abu Simbel, dedicados a Ra, Ptah, Amón, e incluso al propio Ramsés como divinidad; el menor está dedicado a la diosa Hathor.

Aunque no fue el primer faraón en hacerse adorar como un dios, sí lo fue en dedicarse templos y estatuas de forma sistemática. Ramsés fue, junto con Hatshepsut o Amenhotep III, uno de los pocos faraones que realmente creían, o pretendían hacer creer, que habían sido engendrados por la cabeza del panteón, el todopoderoso Amón-Ra.

No obstante, la construcción quizás más importante de todo el reinado de Ramsés II, y que sentaría las bases de la política egipcia durante cientos de años, fue la edificación de una nueva capital en el norte, que recibió el nombre de Pi-Ramsés Aa-najtu (‘La ciudad de Ramsés’), construida sobre la que había sido la ciudad de los hicsos, Avaris.

Las mujeres de Ramsés II

Nefertari.
Quizás por ser el más conocido de los faraones, hay datos de decenas de reinas, esposas y concubinas y de cientos de hijos e hijas de este rey, lo que le ha labrado la fama de lascivo y mujeriego. También es cierto que el rey no hizo nada para ocultar este hecho, sino que incluso llegó a confeccionar una lista con los nombres de todos sus hijos y diseñar una enorme tumba en el Valle de los Reyes para varios de ellos. Este hipogeo se conoce como KV5.

Sin temor a equivocarse, es indudable que la mujer de la vida del faraón fue su primera «Gran Esposa Real», la bella Nefertari «por la que brilla el Sol». Se desconoce su linaje, aunque se piensa que quizás estaba emparentada con la anterior dinastía por el faraón Ay: Ramsés se ocupó mucho de ocultar su parentesco. Nefertari no fue solo una esposa y la madre de los hijos del faraón, sino que tomó un papel muy activo en las conversaciones con los hititas, y sus cartas con la emperatriz Putuhepa sentaron las bases del proceso de paz.

Era tal el amor que profesaba el rey a Nefertari que le llegó a dedicar el segundo templo de Abu Simbel, bajo la imagen de la diosa Hathor, en el cual la imagen de la reina tiene el mismo tamaño que la del rey, algo inusual en Egipto. Desgraciadamente, es muy posible que Nefertari no llegase a ver el templo acabado, pues murió en el año 26 del reinado, antes de su inauguración. Su tumba, la QV66, tiene las pinturas mejor conservadas del Valle de las Reinas.

La desaparición de Nefertari encumbró aún más la posición de la segunda «Gran Esposa Real» de Ramsés, con la que también estaba casado desde la adolescencia, Isis-Nefert o Iset la Bella. Al contrario que su rival, esta mujer permaneció siempre en la sombra, pero se piensa que era muy inteligente, pues logró situar a todos sus hijos en los puestos más importantes del Estado. Se ha llegado incluso a pensar que hubo rivalidad entre la familia de Nefertari y la de Isis-Nefert, y que la muerte de la primera y de su primogénito se debieron a las intrigas de la segunda. Ante la ausencia de datos, solo caben las conjeturas.

No se conoce la fecha de muerte de Isis-Nefert, pero se sabe que compartió el cargo de «Gran Esposa Real» con otras mujeres. Ramsés tuvo, aparte de sus dos primeras esposas, otras cinco reinas. Al parecer éstas fueron la princesa hitita Maathornefrura (que fue la prenda de la paz con Hattusili III), la dama Nebettauy (tal vez hija de Isis-Nefert), así como dos hijas más. El incesto real era frecuente en la historia egipcia, y Ramsés II no tuvo el menor reparo en convertir en dos de las más importantes Grandes Esposas Reales a sus hijas, una de Nefertari (Meritamón) y otra de Isis-Nefert (Bintanat), que acabarían sustituyendo a sus madres tanto en su puesto político y ritual como en el corazón de su marido cuando éstas desaparecieron.

Los hijos de Ramsés II
Ramsés II, tuvo una gran cantidad de hijos: entre 48 y 50 varones y entre 40 y 53 hijas,15​ a quienes representó en varios monumentos. De ellos, los más importantes fueron:

Nacidos de Nefertari:
Amenhirjopshef, fue su primogénito y el príncipe heredero durante los primeros 25 años del reinado de su padre. Nació cuando su padre era aún corregente con Seti I. Originalmente, se le llamó Amenherwenemef ("Amón está con su brazo derecho"), pero con el tiempo cambiaría su nombre por el de Amenhirjopshef ("Amón está con su brazo fuerte"). Sus títulos reales indican que ocupó un alto cargo en el ejército. Se cree que murió en el año 25 del reinado de Ramsés II, cuando tenía alrededor de cuarenta años de edad, y la causa de su muerte probablemente habría sido un golpe en un lateral de la cabeza producido por una piedra, durante una batalla.
Baketmut, segunda de sus hijas y primera nacida de Nefertari.
Nefertari, tercera de sus hijas y segunda nacida de Nefertari, esposa de Amenhirjopshef.
Meritamón, la cuarta de sus hijas y la tercera nacida de Nefertari. Acabó siendo ella misma Gran Esposa Real y la sustituta de Nefertari en numerosas ceremonias, incluida la fundación de Abu Simbel.
Paraheruenemef (el tercer hijo).
Meriatum (el sexto), sumo Sacerdote de Heliópolis.
Merira (el undécimo), Es probable que muriera a una edad temprana; un hermano suyo (18 en la lista de príncipes) fue nombrado después de él.
Nebettauy, la quinta de sus hijas y cuarta nacida de Nefertari, también se casó con Ramsés, pero no ostentó el título de Gran Esposa Real.
Henuttauy, la séptima de sus hijas y quinta nacida de Nefertari, con quien se casó, pero a la que nunca ascendió al rango de Gran Esposa Real.
Nacidos de Isis-Nefert:
Ramsés. El segundo hijo del faraón y uno de los hombres fuertes de la primera mitad del reinado. Murió por la misma fecha que su medio hermano Amenhirjopshef.
Bintanat, la mayor de las hijas del rey. Como hizo con Meritamón, Ramsés se casó con Bintanat, quien suplió a su madre, Isis-Nefert. Se cree que fue madre de al menos una niña, de nombre Bintanat II, quien llegaría a ser Gran Esposa Real del siguiente monarca.
Jaemuaset, el cuarto hijo. Es el hijo más conocido de Ramsés II. Ostentó el cargo de Sumo Sacerdote de Ptah y era tenido como el hombre más sabio del país e incluso se rumoreaba que era un poderoso mago, y como tal protagonizó muchos cuentos posteriores. Murió a una edad avanzada, unos pocos años antes que su padre.
Sethi. Fue enterrado en KV5, donde se encontraron dos de sus vasos canópicos, alrededor del año 53
Merenptah. Era el decimotercer hijo, pero debido a la longevidad de su padre fue el destinado a sucederle en el trono. Estaba casado con su hermana Isis-Nefert II.
Isis-Nefert II, sexta de sus hijas y segunda nacida de Isis-Nefert.
Nacidos de Maathorneferure:
Neferure.
Nacidos de Bintanat:
Bintanat II, casada con Merenptah.
Nacidos de Sutererey (esposa secundaria):
Siptah.

Fallecimiento

El rostro de la momia de Ramsés II, hallada en 1881.
Ramsés tuvo un destino extraño: su existencia fue tan larga que sobrevivió a muchos de sus descendientes. Murió con 90 años, tras unos 66 o 67 años de reinado y de celebrar once festivales Heb Sed, y fue enterrado en el Valle de los Reyes, en la tumba KV7. Su momia, descubierta en 1881, es la de un hombre viejo, muy alto, de cara alargada y nariz prominente. Fue sin duda el último gran faraón, ya que sus sucesores más importantes, Merenptah y Ramsés III, se vieron obligados a llevar una política defensiva para mantener la soberanía en Canaán.

Testimonios de su época
Edificaciones

Ramesseum.

Abu Simbel.
El rey trasladó la capital a Avaris (Qantir, al este del delta).

Los monumentos más importantes están en:

Karnak, la gran sala hipóstila.
Tebas, el Ramesseum, el principal templo para el culto del rey.
Abidos, el templo de Ramsés II.
Abu Simbel, el templo más grande perforado en roca, en Nubia.
Menfis, edificaciones en el templo.
Hermópolis, edificios añadidos al templo.
Otros templos del rey en Nubia:

Beit El-Wali
Gerf Hussein
Uadi es-Sebua
Derr
Aniba
Inscripciones
Se menciona al rey en muchas inscripciones:

Estelas en el Líbano.
Estela en la sede de Thutmose I, en Karnak.
Bloques y fragmentos, en Heliópolis.​
Bloques encontrados en Elefantina.
Inscripciones de entierro de un toro Mnevis.
Inscripciones en un templo, en Faras.
Inscripciones grabadas en roca, en Asuán, Sehel y Konossos.


MERENPTAH.



                 Diseño propio basado en uno de sus bustos.

Fue el cuarto faraón de la dinastía XIX de Egipto. Su reinado, de unos diez años, transcurre entre c. 1213 a. E. C. y 1203 a. E. C. Su nombre de nacimiento significa "Querido por Ptah, la alegría es la verdad", mientras que su nombre de faraón significa "El alma de Ra, querido por los dioses’".

Merenptah es el decimotercer hijo de Ramsés II, y cuarto de su segunda esposa Isis-Nefert; fue el destinado a la sucesión debido a la muerte de sus hermanos mayores. Estaba casado desde su juventud con su hermana Isis-Nefert II, y también contrajo nupcias con su sobrina Bint-Anat II, nacida de la relación incestuosa de su padre con una de sus hijas. La comunidad de egiptólogos suele coincidir en que Merenptah fue el padre de Seti II, así como de los príncipes Jaemuaset, Merenptah y Naneferkaptah.

No se conocen datos de su biografía hasta el 40.º año del reinado de su padre, cuando fue nombrado general del ejército. Se convirtió en heredero hacia el 45.º año del reinado de su padre, cuando Ramsés II tenía unos 69 años. Probablemente, debido a la avanzada edad de su padre, impropia para la época, ejerció funciones muy importantes antes de reinar.

Al acceder al trono era ya anciano, pues rondaba los sesenta años. Trasladó la capital de Pi-Ramsés, la capital de su padre, de vuelta a Menfis, donde construyó un palacio real cerca del templo de Ptah, palacio excavado en 1915. Su gobierno fue inestable y lleno de problemas. Los problemas internos comenzaban a acumularse, y hacía más de cincuenta años que Egipto no veía un monarca joven y enérgico que pudiera enfrentarse a la ambiciosa nobleza o, sobre todo, a los sumos sacerdotes de Amón, que rivalizaban en poder con el mismo faraón. Merenptah, y Ramsés II son citados por algunas fuentes como el Faraón que contendió con Moisés, el profeta israelita que pidió liberar a su pueblo de la esclavitud.

Tras su muerte, debido a que su hijo primogénito Naneferkaptah y el hijo de este murieron antes que él, su sucesor fue otro de sus hijos, Seti II. Sin embargo, la sucesión estuvo disputada: un rey rival llamado Amenmeses, quizás otro hijo de Merenptah y hermanastro del propio Seti (o tal vez hijo de Seti), desde el sur, tomó control de Tebas y de parte del Alto Egipto a mediados del reinado de Seti II, quien tuvo que recluirse en Pi-Ramsés. La rebelión de Amenmeses fue sofocada por Seti un par de años más tarde.

Aparte de sofocar una revuelta en Siria, Merenptah llevó a cabo muchas campañas militares durante su gobierno, luchando principalmente contra los libios quienes, con la ayuda de los Pueblos del Mar, comenzaron a amenazar Egipto desde el oeste. En el quinto año de su reinado, Merenptah dirigió una batalla de seis horas en la que logró la victoria contra las fuerzas aliadas de los libios y los Pueblos del Mar en la ciudad de Perira, probablemente situada en el margen occidental del Delta.

El relato de esta campaña contra los libios y los Pueblos del Mar fue escrito en prosa sobre un muro al lado del sexto pilón en Karnak (Estela del Muro), a la vez que aparece en verso en la Estela de Merenptah. Al final de esta estela, Merenptah afirma que derrotó a todos los invasores, matando a 6000 soldados enemigos y tomando a 9000 prisioneros.

El rey murió, probablemente, de muerte natural alrededor del año 1203 a. C., pero no encontraron su cuerpo dentro de su tumba, KV8. En 1898 descubrieron su supuesta momia junto a otras 18, dentro de la tumba-escondrijo KV35, de Amenhotep II.

La momia fue trasladada a El Cairo y analizada por el Dr. Elliott Smith. De este análisis pudo constatar que Merenptah sufría de artrosis y arterioesclerosis, y que era casi completamente calvo. El aspecto general de su rostro recuerda al de Ramsés II, pero la forma y dimensiones de su cráneo coinciden mucho más con las de su abuelo, Sethy I.

La Estela de Merenptah es el primer testimonio extra-bíblico acerca de la presencia israelita en el levante mediterráneo. El texto se refiere a la campaña a Canaán llevada a cabo por Merenptah en el sexto año de su reinado. Esta estela, conocida también como "Estela de Israel", es la primera mención en la historiografía egipcia acerca de la existencia de la gente de Israel fuera de Egipto. H.W.F. Saggs observa en sus escritos académicos que:

La mención de la ciudad de Ramsés en Éxodo 1:11 en tanto que localidad de almacenaje, construida en parte por los esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico, dado que [hoy] es sabido que Ramsés II construyó una ciudad, Per-Ramsés [i.e., Pi-Ramsés], la cual se corresponde con el nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la esclavitud [de los hebreos] en Egipto y su salida de ese país en el s. XIII a. C. Es en ese mismo siglo que ocurre la primera mención extra-bíblica de Israel. Se trata de una inscripción del sucesor de Ramsés, Merenptah.

Le monde Juif d'avant l'Exil.


NEFERTARI.


Nefertari Meritenmut fue una reina egipcia de la dinastía XIX, la Gran Esposa Real de Ramses II el Grande, uno de los faraones más poderosos. Jugó un importante papel como esposa real, estando dotada de una brillante mente política. Fue enterrada en la necrópolis tebana, en una tumba bellamente decorada.

Una de las grandes incógnitas que rodean a esta reina es su lugar de nacimiento y su familia. Su esposo, el futuro faraón Ramsés II, se cuidó mucho de ocultarlos, aunque está claro que la veneración que tuvo en vida, así como algunos de sus títulos, demuestran un origen noble.

El hallazgo en su tumba del pomo de un cofre en el que aparecía un cartucho del faraón, denominado Ay, no hizo más que aumentar las sospechas de que Nefertari estuviese emparentada con la extinta dinastía XVIII, cosa que también parecía corroborar su propio nombre, heredero de la matriarca ya divinizada, la reina Ahmose-Nefertari. De ser así, es probable que Nefertari proviniese de la ciudad sureña de Ajmin, y de que Ay, cuyo nombre estaba siendo perseguido por los faraones de la dinastía XIX, incluido el propio Ramsés II, podía haber sido su bisabuelo, su abuelo o su tío.

Suponiendo que Nefertari estuviese emparentada con la dinastía XVIII y con la línea de Ahmose-Nefertari, bien podía haber sido hija o nieta de Najtmin, a su vez hijo de Ay, o incluso podía ser la hija de la fantasmal reina Tanedyemy, cuyo papel aún no está claro, pero que podría haber sido nieta de Ay, hija de Horemheb y esposa de Seti I. De ser así, Ramsés II y Nefertari habrían sido hermanos por parte de padre.

Nefertari se casó con el príncipe heredero Ramsés cuando aún ambos estaban en la adolescencia. Tuvieron hijos alrededor de los quince años de edad. Por aquellos años Ramsés aún no había sido designado corregente, y ya estaba casado con otra mujer, Isis-Nefert, cuyo papel pronto desplazaría Nefertari.

Al asumir el trono, Ramsés II ya tenía varios hijos, tanto de Nefertari como de Isis-Nefert, y ascendió a ambas al rango de grandes esposas reales. Sin embargo, Nefertari fue la reina por excelencia; su particular carisma y el profundo amor que le profesaba Ramsés II sumieron en la sombra a todas sus rivales, y la convirtieron en la mujer más importante del reino.

Mas Nefertari no fue solo la esposa bienamada de su rey. Fue una verdadera mujer de estado, que propició el cese de hostilidades entre Egipto y el Imperio Hitita con sus cartas de paz al emperador Hattusili III y a su esposa, la también influyente emperatriz Puduhepa. El resultado fue el conocido como "Tratado de paz perpetua" (Tratado de Quadesh). Conocida en aquellos lugares como la reina Naptera (una deformación de su propio nombre), propiciaría la paz entre las dos potencias del momento, papel que la acabaría de consagrar al lado de su amante marido Ramsés II. Está gran mujer amada por su esposo pero según dicen algunos historiadores su corazón pertenecía a otro hombre.

Nefertari, como se ha visto antes, no se contentaría con habitar en el harén real y dar hijos a su marido. Como hizo cien años atrás la reina Tiy, asumió un papel político y religioso que no volvería a alcanzarse por ninguna mujer hasta los tiempos de Cleopatra (exceptuando a la efímera faraona Tausert y, previamente, de Nefertiti ). Ramsés II aceptó e incluso promocionó esto, y la gran esposa real Nefertari, fue, entre otras cosas:

Señora de las Dos Tierras; que podría decirnos que Nefertari asumiría la regencia mientras su marido participaba en la guerra contra los hititas o en sus campañas contra los nubios.
Señora de todas las tierras; título muy infrecuente, que elevaba a Nefertari a un estatus paralelo al del faraón.
Esposa del dios; aunque por entonces sus funciones y su poder no tenían nada que ver con la importancia que adquirió en tiempos de la dinastía XVIII, Nefertari ostentó un título que en su tiempo ya habían llevado Ahmose-Nefertari o Hatshepsut.
Princesa Heredera; que parece confirmarnos un origen real.
Por la que brilla el Sol; el título más hermoso que poseyó, único en la historia egipcia, y símbolo del amor de Ramsés II por su esposa.
Aunque, sin lugar a dudas, el título mejor conocido de Nefertari sería el que le acompañaría ya siempre como un segundo nombre, el de Amada de Mut. Así, no es de extrañar que muchas veces aparezca con el nombre de Nefertari-Merienmut (Nefert-Ary Merit-En-Mut).

AMENHERJEPESHEF.

Amenherjepeshef (1289 a. E. C. o 1288 a. E. C., Memphis - 1258 a. E. C./1254 a. E. C.​ o 1226 a. E. C.) fue el hijo mayor del Faraón Ramsés II y de su Gran Esposa Real Nefertari.

Se conoce muy poco sobre este príncipe: se sabe que recibió una educación de corte militar y tomó parte en las campañas de su padre desde muy joven. Por lo tanto, es posible encontrarlo con títulos altisonantes en la Batalla de Qadesh (1.274 a. C.), y encargado de dirigir una expedición al Néguev.Se según la biblia él murió en la décima plaga que el Dios de los hebreos mando a Egipto ("la plaga era la muerte de todos los primogenitos de egipto") no hay registro egipcio de tal plaga o algo parecido. Al no haber registros históricos solo se presume que su muerte no fue digna o borrada y no se sabe nada de él.

Nació cuando su padre era aún corregente con Seti I. Fue originalmente llamado Amenherwenemef ("Amón está con su brazo derecho"). Cambió su nombre por el de Amenherjepeshef ("Amón está con su brazo fuerte") a inicios del reinado de su padre. Él parece haber cambiado su nombre una vez más a Setherkhepeshef alrededor del 20º año del reinado de Ramsés II.​ Setherjepeshef se pensaba antes que era otro hijo de Ramsés II.

Amenherjepeshef fue el príncipe heredero de Egipto durante los primeros 15 años del reinado de Ramsés II, pero finalmente murió antes que su padre en el año 15 del reinado de este.4​ Ramsés B, sucedió a Amenherjepeshef como Príncipe de la Corona durante otros 25 años. Merenptah, el decimotercer hijo de Ramsés II, más tarde asumiría el trono en el año 67 de Ramsés II.

Amenherjepeshef, como heredero al trono, ostentó varios títulos. Algunos de ellos eran únicos, tales como "comandante de las tropas", "confidente eficaz" y "el hijo mayor del rey de su cuerpo". Algunos de sus títulos fueron compartidos con otros príncipes prominentes como "Portador del Abanico a la derecha del Rey" y "Escriba Real". Sus títulos indican que ocupó un alto cargo en el ejército, y de acuerdo con algunas representaciones, él y su medio-hermano Jaemuaset, luchó en la Batalla de Qadesh y las campañas en Nubia (o al menos acompañó a su padre a estas batallas). Él aparece en una pared en el templo de Beit el-Wali. Amonherjepeshef participó en un intercambio de correspondencia diplomática con los hititas después del tratado de paz entre ellos y Ramsés II.

Amenherjepeshef
en jeroglífico
M17 Y5
N35 D2 Z1
F23 A51
Estatuas y representaciones de Amenherjepeshef aparecen en el famoso templo de su padre en Abu Simbel, Luxor, en el Ramesseum, y en el templo de Seti I en Abidos.

Amenherjepeshef murió alrededor del año 15 del reinado de su padre. Se sabe que tuvo una esposa llamada Nefertari, que podría ser una de las hijas de Ramsés y Nefertari;​ y también un hijo llamado Seti. El próximo príncipe heredero fue su medio hermano Ramsés, hijo mayor de la reina Isis-Nefert. Amenherjepeshef fue enterrado en la tumba KV5 del Valle de los Reyes, una gran tumba construida para los hijos de Ramsés II. Su internamiento fue probablemente inspeccionado en el año 53º del reinado de Ramsés II.

Si el esqueleto descubierto por el doctor Kent R. Weeks en la KV5 es de él, entonces pudo haber tenido poco más de cuarenta años cuando murió.​ Fue encontrado junto con los huesos de otros tres hombres en el pozo de una cámara cercana a la entrada, así como los vasos canopes con su nombre. El cráneo muestra una fractura redondeada que indica que murió probablemente en batalla, por el impacto de una maza de guerra o una pedrada. La reconstrucción digital del rostro revela un gran parecido con los de Ramsés I, Seti I y Ramsés II.



MERITATÓN.

                 


Significa "La amada de Atón", fue una princesa egipcia de la Dinastía XVIII de Egipto. Era la primogénita del rey Amenofis IV (que unos años después cambiaría su nombre por el de Akenatón) y la Gran Esposa Real, Nefertiti. Su nombre significa amada de Atón. Sus hermanas fueron Meketatón, Anjesenamón, Neferneferuatón Tasherit, Neferneferura, y Setepenra.

Es posible que Meritatón naciese en el primer o el segundo año de reinado de su padre, en la ciudad de Tebas. Quedaban aún tres años para la definitiva ruptura entre el faraón y el sacerdocio de Amón, y el "exilio" de la familia real y la corte a una recién fundada capital en el Medio Egipto, a la que se impondría el nombre de Ajetatón.

Durante los primeros 14 años del reinado de su padre, Meritatón fue la segunda dama de la corte y la mujer más importante del país, solo por detrás de su madre. Aparece en infinidad de representaciones acompañada de sus padres y a veces también de sus hermanas menores, y existen numerosas esculturas de ellas que han llamado la atención por la forma tan ovalada de su cabeza. Precisamente esta extraña anomalía ha hecho pensar si la princesa nació con la cabeza así, fue producto de una "moda" en la corte o simplemente era una representación idealizada.

Parece ser que durante el año 12 o 13 de Akenatón, este se casa con Meritatón. Esta práctica de incesto real, impropia del Egipto faraónico (sólo Amenofis III y Ramsés II, aparte de Akenatón, se casaron con hijas suyas), parece ser que fue para conseguir una mayor concentración de sangre real en posibles herederos. Quizás fue esta práctica la que trajo al mundo a la princesa Meritatón-Tasherit, fruto del incesto entre padre e hija.

La difícil trama de los últimos años de reinado de Akenatón se complica cuando aparece la figura de Semenejkara Nefertiti. Smenkara tenía como gran esposa real a Meritatón. Se cree que Semenejkara era la propia Nefertiti y el matrimonio era un puro simbolismo.

Al morir Akenatón, se piensa que hubo un breve reinado de Smenkara en solitario, pero que no fue superior al año y medio. Se ignora que fue de Meritatón, ya que, tras la muerte de Ajenatón, se abre un período muy confuso, durante el cual desaparecen la mayor parte de los protagonistas de la época anterior. En muy poco tiempo hay un nuevo rey en el trono, el joven Tutankamón, y no hay la más mínima huella de Semenejkara ni de Meritatón. Es posible que esta última ya hubiera muerto por entonces (tendría unos 17 años de edad tan sólo), pues se sabe que la gran esposa real de Tutankamón no fue ella, sino la única de sus hermanas supervivientes, Anjesenpaatón.

No se sabe dónde fue enterrada esta reina y su momia aún no ha sido descubierta.


MESERAMUN.






Aquí está Meresamun, una sacerdotisa-música en el templo de Amón.



Ella era más que una cara bonita. La antigua egipcia Meresamun, que vivió alrededor del año 800 a. C., era una joven trabajadora, una sacerdotisa-música que servía a Amón, la deidad preeminente de Tebas. Sus restos momificados, sellados hace 2.800 años en un ataúd ceñido de cartonaje (capas de lino y yeso), fueron examinados por investigadores del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago en septiembre de 2008 utilizando la última tecnología de escaneo por TAC, un "256 cortes" Máquina que produjo imágenes sorprendentemente vívidas. Durante meses, desde entonces ha sido el tema inmensamente popular de la exposición del Museo del Instituto Oriental, La vida de Meresamun: una cantante de templo en el antiguo Egipto.

SHEP-EN-ISIS.


Los restos de la mujer fueron hallados en 1819 en Egipto y luego fue enviada a Suiza.

En la reconstrucción de la cara de la mujer que vivió en el siglo VII a.C en el Antiguo Egipto también participaron la Universidad Flinders (Australia) y Cicero Moraes, un diseñador 3D de Brasil. Los investigadores y el diseñador se basaron en los datos obtenidos de la momia a través de una tomografía.

Se logró ver que tenía dientes “ligeramente protuberantes”, algo que se conoce como prognatismo maxilar de tipo II.

Los restos de Shep-en-Isis fueron encontrados en una tumba familiar dentro del templo funerario del faraón Hatshepsut en Deir el-Bahari. Su padre (un sacerdote de Tebas) también se encontraba en el mismo sitio, pero este terminó en Berlín, Alemania.

“Basado en la edad anatómica de Shep-en-Isis y el estilo interior de su sarcófago, debió haber nacido alrededor del año 650 a.C. y murió entre el año 620 y 610 a.C.”, explicó el doctor Michael Habicht a Aventuras na Historia.

Además, se estima que pertenecía a una familia de clase alta y que debería haber tenido algún tipo de educación formal.

En 1836 fue trasladada a la biblioteca de la Abadía de San Gall, donde se encuentra hasta la actualidad. Shep-en-Isis (también llamada Schepenese) no solo es la principal atracción del lugar, sino que también es la momia “más famosa” de Suiza.

PENTAUR, HIJO DE RAMSÉS III. 

Ramsés III gobernó de 1184 a.C hasta 1153 a. E. C.

Vivió unos 30 años.






Se le encontró en 1881 en la zona del valle de Deir El Bahri a 300 millas del sur del Cairo, 
atada, estrangulada y con la boca abierta en un terrible rictus de dolor, junto a a Ramsés III, Seti I, y Tutmosis III, importantes faraones egipcios.


Aunque en aquella época se dijeron varias cosas de él, todas ellas hoy día son refutadas por nuevas revelaciones.

Esta tumba, lugar de enterramiento del sacerdote Pinedyem II, que murió hacia el año 969 a.C.


Tendría unos 40 años (otros dicen que entre 20 a 25 años), y estaba vestido con pieles de oveja o cabra, símbolo de impureza en el Antiguo Egipto, y sobre su piel se habían trazado horribles maldiciones.


Su contracción estomacal hace pensar que murió envenenado.


Hay diferentes teorías acerca de quién fue pero ninguna válida hasta el momento, lo que sí se sabe es que seguramente fue extranjero, o sea no egipcio y que se le embalsamó de forma diferente a los egipcios, de hecho se vislumbra cierta influencia griega.

Según un documento de la época, el llamado Papiro de Turín, Ramsés III murió como consecuencia de una conspiración palaciega instigada por una de sus esposas y llevada a cabo por uno de sus hijos, un tal príncipe Pentaur. Este extremo pudo demostrarse examinando la momia del faraón, que presentaba marcas de puñaladas en todo el cuerpo y señales claras de haber sido degollado. Según el papiro, los participantes en la conjura fueron juzgados, condenados a muerte y sus cuerpos quemados y sus cenizas esparcidas. Un modo de asegurarse de que jamás alcanzasen la vida eterna. Con estos datos en la mano, ¿sería el misterioso Individuo E el ambicioso príncipe Pentaur?

La prueba de ADN ratificó que era hijo de Ramsés III.


A partir de estos datos, sólo se puede especular sobre los terribles acontecimientos que ocurrieron al final del reinado de Ramsés III, en el año 1153 a.C. El faraón, viejo y cansado tras treinta años de gobierno, aún no ha decidido quién será su heredero. Tiene numerosos hijos de distintas esposas, y una de ellas, Tiye, madre de uno de los vástagos del rey, Pentaur, conspira para asesinar a su esposo y entregar el trono de Egipto a su hijo. En la conspiración participan funcionarios, sacerdotes, el príncipe y el propio visir del faraón. Sabemos que la conjura tuvo éxito y que Ramsés fue asesinado, pero algo salió mal. Los asesinos fueron detenidos y juzgados. Sabemos lo que ocurrió con ellos por el texto de Turín, y sabemos qué ocurrió con Pentaur gracias a su momia: fue estrangulado u obligado a "suicidarse" y momificado de manera que nunca pudiese disfrutar del descanso eterno.

(Fuente: Historia. National Geografhic).





 
Posible aspecto.

LA DAMA DORADA. EGIPTO DEL SIGLO PRIMERO d. C.








Mujer entre 35 y 40 años.


En 1999 el Museu Egipci de Barcelona adquirió una pieza de características muy singulares. Se trata de una cobertura de momia (de las comúnmente denominadas cartonajes) diseñada, en su momento, para contener de forma completa el cuerpo de su difunto propietario. Cronológicamente se puede ubicar en época romana (principios del siglo I d.C.) y podría haber sido utilizado por una mujer joven. En este caso, el cartonaje, formado por diferentes capas de vendas a las que se les ha dado una relativa rigidez mediante el uso de consolidantes, presenta en la superficie un llamativo tratamiento realizado por aplicación de pan de oro. En su extensa superficie se aprecian numerosas escenas figurativas de una riqueza documental extraordinaria.


En el momento de su ingreso en el Museu, el cartonaje presentaba un estado de conservación muy precario: deformado, dividido en dos partes y extremadamente frágil. Era necesario, por tanto, plantear y ejecutar un programa de conservación-restauración específico que propiciase el “retorno a la vida” de una singular pieza. Durante un año, la empresa Gamarra&García se encargó de estas tareas.


EGIPCIA INDETERMINADA. 

¿23 años?






Un equipo de científicos de la Universidad de Melbourne, Australia, ha reconstruido el rostro de una joven que vivió hace unos 2.000 años, en el antiguo Egipto.


Los expertos han podido lograr esta reconstrucción debido a una técnica que emplea tomografías computarizadas e impresiones 3D de un cráneo. Lograron determinar que esa mujer tendría entre 18 y 25 años, que sufría de anemia y tumores dentales y caries cuando murió.


Han sido estos problemas bucales los que sugieren que pudo haber vivido hacia el 331 a.C., cuando Alejandro Magno conquistó Egipto e introdujo el azúcar.


3 EGIPCIOS INDETERMINADOS.




Un grupo de científicos especializados en genética de un laboratorio de Estados Unidos ha reconstruido con detalle los rostros de tres momias del Antiguo Egipto procedentes de una comunidad a orillas del Nilo a partir de secuencias de ADN de hace más de 2.000 años.


Además, el análisis de su ADN también ha permitido predecir que los tres individuos tenían ascendencia judía y raíces de Yemen, Marruecos y Túnez respectivamente.


Las momias de las que se ha utilizado el ADN procedían de un yacimiento arqueológico junto al Nilo llamado Abusir El Meleq, situado en el medio de Egipto y habitado desde al menos el año 3250 antes de Cristo hasta aproximadamente el año 700 de la misma era. Los individuos en cuestión vivieron en épocas distintas desde finales del Imperio Nuevo hasta el período romano del Antiguo Egipto, y han sido bautizados con códigos alfanuméricos: JK2134, el más antiguo, data de entre el año 776 y 569 antes de Cristo, JK2911 vivió entre el año 769 y 560 de la misma época, y JK2888 se estima que lo hizo alrededor de los años 97 y 2.



Los resultados del análisis, que implican que la ascendencia de los tres individuos no era subsahariana, son coherentes con estudios anteriores que habían determinado que los antiguos egipcios compartían más ascendencia con los habitantes de Oriente Próximo que los egipcios actuales, ya que estos últimos recibieron una mezcla subsahariana adicional en tiempos más recientes, según el informe.


“Si se compara genéticamente a esos individuos con las poblaciones modernas, su ADN era más similar al de los individuos de Yemen, Túnez y Marruecos, y no tanto a la de las personas que viven hoy en Egipto”, asegura McRae. “Podrían haber venido de otras partes del Mediterráneo, y no muestran ningún ancestro africano, mientras que los egipcios modernos sí lo hacen”, nota.(Fuente: https://elpais.com/ciencia/2021-10-21/reconstruidos-los-rostros-de-tres-momias-egipcias-con-adn-de-hace-2000-anos.html)