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miércoles, 13 de marzo de 2019

LOS VÁNDALOS.

Durante la Edad de Hierro (800 AC) los pueblos germanos que habitaban el sur de Escandinavia y Jutlandia, efectuaron una expansión hacia el sur en tres grupos diferenciados: los del sur se Escandinavia o germanos del este se asentaron en las costas del mar Báltico, los de las islas danesas al continente, asentándose a ambos lados del río Elba, y los Jutlandia ocuparon el norte de Alemania, esta emigración debió finalizar hacia el 600 AC, dando lugar a tras dialectos diferenciados de la lengua germana.

Los pueblos germánicos en el 200 AC empezaron a emigrar hacia el sur en tres direcciones:


  • Los pueblos germanos del este, como los godos, burgundios y bastarnos, comenzaron a migrar desde Escandinavia hacia la parte oriental de la Europa continental, terminándose asentados en las estepas rusas y el mar Negro.
  • Los germanos del centro, llamados hermiones o irminones como los suevos, marcomanos, hermanduros, lugiones y turingios se dirigieron hacia el sur a la zona de entre el Rin y el Danubio.
  • Los germanos del oeste migraron hacia el sur siguiendo dos direcciones: un grupo llamado los ingaevones o ingaeuones siguieron la costa hacia el oeste y los llamados istaevones o istriones se dirigió hacia el sur.

Los lugiones o lugios que significa “mentirosos” y “confederados” formaba parte del grupo de germanos del centro llamados hermiones o irminones, e incluían a los omanos, buros, varinos, didunos, helvecones, arios o charinos, manimios, elisios.

Durante el siglo I, los lugiones o lugios estuvieron en guerra frecuente con los suevos y los cuados, contando ocasionalmente con la alianza de otras tribus, especialmente los hermunduros. A mediados de siglo derrocaron a un rey de los suevos, y en el 84 sometieron temporalmente a los cuados.

Durante parte de este siglo y en el siguiente, se fusionaron las diversas tribus de lugiones, dando lugar a un grupo denominado los los vandulios o vandalios que significa los “los que cambian” y “los hábiles”.

En tiempos de las Guerras Marcomanas ya predomina la denominación de vándalos y aparecen divididos en varios grupos: los silingos, los lacringos y los victovales o victofalios, estos últimos gobernados por el linaje de los asdingos (astingos o hasdingos), y cuyo nombre evocaba su larga cabellera. Junto a los longobardos, los lacringos y los victovales o victofalios cruzaron el Danubio hacia el 167 y pidieron establecerse en Panonia. Los asdingos o victovales, dirigidos por Rao y Rapto , no fueron admitidos en Panonia (donde se habían establecido longobardos y lacringos), por lo que avanzaron hacia el año 171 en dirección a la parte media de los Cárpatos durante las Guerras Marcomanas, y de acuerdo con los romanos se instalaron en la frontera septentrional de Dacia. Más tarde se adueñaron de la Dacia Occidental.

Emigraciones de los vándalos
Migraciones de los vándalos.

Migraciones de los vándalos.

SIGLO III.

A mediados del siglo III presionados de forma indirecta por los movimientos de los godos y de los burgundios, fueron obligados a desplazarse hacia el sur. Los vándalos silingos y otros grupos lugios siguieron la suerte de los burgundios, uniéndose a ellos, y abandonando sus asentamientos. Se asentaron en la región media de río Main. Sus ataques a Retia (Austria y Babiera) fueron rechazados por el emperador Probo en 278 en la batalla del río Libus (actualmente Lech). En esta región del Main debieron permanecer hasta que se unieron a los vándalos asdingos.

Los vándalos asdingos, que después de las Guerras Marcomanas quedaron establecidos en la región superior del río Theiss, conservaron largo tiempo sus nuevos territorios. Intervienieron en la expedición goda del año 248 sobre la Mesia (actual Servia), y en la Sarmacia del 270 sobre Panonia (Hungría occidental).

SIGLO IV.

Los asdingos intentaron ensanchar sus territorios, y chocaron con los visigodos y con los sármatas; y estas luchas se prolongan hasta el siglo IV. El rey asdingo Visumaro (Wisumarh) combatió contra los godos de Geberico, que atacaron sus territorios. Visumaro murió en lucha contra los godos, y los integrantes de las tribus de asdingos que no quisieron someterse a los godos, hubieron de pasar a territorio imperial, instalándose en Panonia, donde también se asentaron los cuados. El emperador Aureliano, les empleó como tropas auxiliares de Roma, hecho testificado por la Notitia dignitatum, que habla del ala VIII Vandilorum.

Hacia el año 400 reaparecen los asdingos, y esta vez convertidos al arrianismo. Debe suponerse que en este tiempo había aumentado mucho el número de personas que lo formaban, y éste fue el motivo de que, al mando del rey Godigiselo, abandonase su residencia en la región del Theis. Tal vez en esta expedición debieron influir los alanos, que venían huyendo de los hunos.

Los vándalos asdingos junto con los alanos pusieron rumbo al sur en 401 e intentaron cruzar el Danubio para establecerse en las fértiles tierras del Imperio Romano de Oriente. Tras ser rechazados pusieron rumbo al oeste pasando aquel invierno en la provincia de Retia, en la actual Austria.

En torno suyo, se fueron agrupando otros elementos heterogéneos, como suevos, quados, gépidos, hérulos y sajones. A la espera de cruzar el río.

SIGLO V.

En el 405 un ejército bárbaro (godos, vándalos, suevos, burgundios y alanos) mandado por el ostrogodo Radagaiso, sus fuerzas se estiman en 20.000 efectivos de unas 100.000 personas incluyendo mujeres y niños, partió de algún punto en la llanura húngara y atravesó las limes en algún punto entre el este de Nórico y Panonia Superior, para después cruzar los Alpes , iba precedido de un gran número de refugiados que huian antes el avance de los bárbaros. Entraron en Italia por la ruta de Aquilea y llegaron al valle del río Po. Tras cruzar los Apeninos, se dirigieron a Florencia, ciudad que sitiaron.

El magister militum Flavio Estlicón (general romano de origen vándalo), reunió un ejército de unos 15.000 efectivos entre los que se encontraban godos y alanos mandados por un tal Saro, además de hunos de su aliado Uldino. En abril de 406, se concentraron en Ticinum (Pavía) y se dirigieron contra Radagaiso que se encontraba asediando Florencia. La batalla tuvo lugar en Fiesole, Radagaiso fue derrotado y se vio obligado a refugiarse con los restos de sus tropas en los montes cercanos, donde fueron cercados por las tropas del general Estilicón. Cuando el hambre y la sed comenzaron a diezmar a sus hombres, Radagaiso intentó abrirse paso entre el ejército enemigo. A pesar de que se defendió con valor, fue capturado, encarcelado y, finalmente, ahorcado. La mayoría de los supervivientes de su ejército fueron vendidos como esclavos, mientras que el resto se unió al ejército romano, se estima en 12.000.

LOS VÁNDALOS LLEGAN A HISPANIA.

En la nochevieja del 406, se congeló el río Rin, y el primer grupo en cruzarlo fueron los vándalos asdingos bajo el mando del su rey Godigiselo, cuando alcanzaban la ciudad de Tréveris fueron atacados por los los francos ripuarios federados de Roma, sufriendo 20.000 bajas, inmediatamente fue nombrado rey su hijo Gunderico, que con la ayuda de los jinetes alanos de Respendial atacaron a los francos en Tréveris, derrotándolos causándoles 3.000 bajas, dejando el camino libre para invadir la Galia.

Ubicación de
En septiembre del 409 cruzaron los Pirineos y entraron en Hispania. Los grupos germánicos no eran ejércitos, sino pueblos en marcha en busca de tierras donde asentarse. En el 411 hubo un reparto de tierras: Los vándalos asdingos con su rey Gunderico ocuparon la Gallaecia Asturiacensis, los suevos Lugo y Braga, los alanos, las provincias de Lusitania y Cartaginense, y los vándalos silingos con su rey Fredebal o Fredevaldo ocuparon la Bética. Este reparto no fue concertado, sino impuesto a Roma; y, finalmente, se llegó al pacto de federación con Roma y su emperador Honorio que se quedó con la provincia Tarraconense casi entera.

En el año 416 los visigodos ese dirigieron a Hispania al frente de su rey Walia para destruir a los bárbaros. Los primeros en ser atacados fueron los alanos, que dominaban a vándalos asdingos y suevos, fueron destrozados de tal suerte, que muerto su rey Adax, y destruido el reino, los pocos que quedaron se acogieron al patrocinio del rey de los vándalos asdingos, Gunderico que estaba en Gallaecia.

Al año siguiente 418, Walia atacó a los vándalos silingos en la Bética, a los que derrotó y aniquiló, llevando prisionero a Roma a su rey Fredebaldo. Los supervivientes se acogieron a Gunderico.

En el 419, después de que Walia abandonase Hispania, entraron en conflicto, el enfrentamiento de los vándalos con los suevos debió producirse en la región montañosa de León y Asturias: en los montes Nerbasos (segúne Idacio), o en los montes Erbasos (según San Isidoro) los vándalos del rey Gunderico se enfrentaron a los suevos del rey Hermerico que fueron derrotados, pero los vándalos abandonaron la persecución de los suevos.

Los vándalos en el 420 abandonaron sus asentamientos en Gallaecia y se dirigieron a la Bética cuya ocupación dio lugar a “La Vandalucía”, dado que la V no tiene significado en árabe, estos posteriormente la denominaron Andalucía o “Al-Andalus”.

En la Bética, en el 421 los vándalos derrotaron a las fuerzas romanas que, mandadas por el magister militum Castino y reforzadas con elementos godos. La defección de los auxiliares godos contribuyó, a hacer más grave el desastre romano, los hispanoromanos perdieron 20.000 efectivos, y tuvieron que retirarse a la Tarraconense. La Bética y la Cartaginense debieron quedar a merced de los vándalos.

Entre los años 423 y 424, los vándalos siguieron esforzándose por el control de la Bética, ya que la poderosa ciudad de Córdoba se convirtió en un importante bastión independiente hasta su conquista por Leovigildo. En el 425 los vándalos se dirigieron a Cartago Spartaria, las Islas Baleares e Hispalis, al tiempo que hacían la primera incursión en Mauritania. En 426 Gunderico gestionará para hacerse con el control de Hispalis, ciudad en la que murió en 428 y fue sucedido por su hermano menor Genserico (Gaisariks), que significa “príncipe de la jabalina”.

Los vándalos habían aprendido a navegar, aunque entre los romanos había una ley que condenaba a muerte a quien enseñara a cualquier bárbaro el arte de construir o pilotar una embarcación.
Situación de los reinos del Mediterráneo a comienzos del siglo VI

Reinado de Hilderico (523-530)

Como miembro de más edad de la familia real, Hilderico era nieto del rey Genserico y del emperador Valentiniano III, lo que le convertía de facto en aspirante al vacante trono imperial del Imperio Romano de Occidente ( lo que quedaba de él ). Influido grandemente por su madre, Hilderico (que tenía cerca de 60 años cuando ascendió al trono vándalo) adoptó una política de acercamiento político y económico con el Imperio Bizantino y con los católicos, permitiendo el regreso de los obispos católicos a su reino y la reapertura de templos que sus predecesores en el trono habían obligado a clausurar.

Hilderico también andaba en buenos términos con el emperador de Oriente y continuaba enviando a Constantinopla el tributo anual de dinero aceptado por Genserico en el tratado que ratificó sus conquistas.

Este acercamiento a romanos y católicos desagradó profundamente a los integrantes de la nobleza vándala, que se pusieron a la tarea de intentar colocar a la princesa ostrogoda Amalafrida (viuda de Trasamundo) como reina vándala. Había traído consigo, como dote, una guardia de 6.000 jinetes ostrogodos y la soberanía del Lilibeum, que es un promontorio en el occidente de Sicilia a 180 kilómetros de Cartago.

En el año 525 estalló la guerra civil entre Hilderico y los nobles vándalos, aliados con los ostrogodos de Amalafrida, que además contaban con la colaboración de algunas tribus bereberes del sur de los montes Aures. Ambos ejércitos se encontraron en Capsa (actual Gafsa), a 500 kilómetros al sur de Cartago, y el ejército de Hilderico fue el claro vencedor. El rey ordenó encarcelar a la princesa Amalfrida en Cartago, siendo posteriormente estrangulada y ejecutar a todos los supervivientes del contingente ostrogodo. Esto ofendió muchísimo a Teodorico el Grande, que rompió su alianza con los vándalos, pero no quiso arriesgarse a lanzar contra ellos una expedición militar.

Hilderico no tenia espíritu guerrero o interés imperialista, y prefería dejar los asuntos militares en manos de su sobrino Hoamer. A finales del año 528, los jinetes del rey bereber Antalas comenzaron a atacar granjas y poblaciones de la provincia de Bizacena. La caballería vándala de Hoamer expulso a los bereberes al sur de las montañas, pero no logró derrotarlos por completo. Los bereberes se reagruparon, y cuando Hoamer y sus jinetes estaban aprovisionándose y descansando en Theveste, los jinetes bereberes rodearon al contingente vándalo y lo aniquilaron.

Cuando la noticia llegó a Cartago, comenzó el descontento. Para un pueblo guerrero como el vándalo, que el propio rey Hilderico hubiera renegado de sus obligaciones militares y hubiera pasado el mando del ejercito a su sobrino Hoamer era una absoluta deshonra, y si además Hoamer había sido derrotado, la deshonra era aun mayor, y podría dar una señal de debilidad a otros posibles invasores del reino. A la cabeza de los conspiradores se encontraba el siguiente príncipe vándalo en la línea sucesoria, Gelimer, hijo de Geliaris (hermano del rey Trasamundo), y por tanto, bisnieto de Genserico. Gelimer nunca había destacado como soldado, pero era un astuto conspirador y logró convencer a los nobles vándalos de la necesidad de sustituir a Hilderico, que había sido derrotado por unos cuantos jinetes bereberes. Asi, Gelimer tomó el poder encarcelando a Hilderico y a Hoamer, y se coronó rey de los vándalos el 15 de junio de 530.

Reinado de Gelimer (530-534)

El depuesto rey Hilderico había intercambiado gran numero de misivas con el emperador bizantino Justiniano, y las relaciones políticas y comerciales entre ambos reinos habían aumentado durante el reinado de Hilderico, principalmente debido a su indulgencia con los católicos, pues los anteriores reyes vándalos los habían perseguido salvajemente. Justiniano y Hilderico se conocían personalmente, ya que éste había pasado unos años en Constantinopla como rehén y habían trabado amistad.

Pero, con la llegada al poder de Gelimer, a la cabeza de los nobles vándalos más virulentamente anticatólicos, las esperanzas de una paz duradera se evaporaron. Cuando llegó a Constantinopla la nueva de que Hilderico había sido depuesto y encarcelado por su sobrino Gelimer, Justiniano lo tomó como un agravio. El emperador Justiniano comenzó a enviar mensajes diplomáticos a Gelimer, instándole a que enviara a Hilderico y Hoamer a Constantinopla.
Gelimer se encolerizó, y ordenó cegar a Hoamer y mantener a Hilderico en la celda más obscura con el mínimo alimento para su supervivencia. Gelimer replicó que Justiniano no tenía derecho a inmiscuirse en la política interna del reino africano; que Hilderico había sido depuesto por traidor, una acción aprobada por el Real Consejo Vándalo de Cartago; y que antes de lanzarse a la guerra, Justiniano tendría que recordar lo sucedido con la última flota oriental que habían enviado a Cartago.

Justiniano tenía por entonces unos 45 años, llevaba apenas 5 años sentado en el trono bizantino y acaba de terminar una guerra contra los sasánidas. Las fronteras del Imperio Bizantino estaban seguras, y no había disturbios internos en Constantinopla y el ejército bizantino estaba mandado por el magister militum Belisario, que había derrotado a los persas y había sofocado la revuelta del año 532 (la rebelión de Nika) de los ciudadanos de Constantinopla contra el emperador con una eficacia brutal, masacrando a 30.000 rebeldes en el hipódromo de Constantinopla.

Comenzó la reunión de una flota de 500 barcos de transporte tripulados por unos 30.000 marineros, en su mayor parte egipcios y griegos del Asia Menor, al mando de un almirante alejandrino. Además había una flotilla de 92 galeras ligeras con una sola hilera de remos, con 20 remeros en cada galera, que estaban instruidos como combatientes. Juan de Capadocia fue el responsable de pertrechar esta flota, y se enviaron los oficiales a los campos de pastoreo reales de Tracia para reunir 3.000 caballos y tenerlos preparados en Heraclea, en la costa septentrional del mar de Mármara, cuando la flota hiciera escala allí.

Se reclutó un ejército de 10.000 infantes imperiales, 4.000 jinetes imperiales, 1.100 bucelarios, que formaban su guardia personal de Belisario, 400 jinetes hérulos al mando de Faras el hérulo y 600 jinetes hunos al mando de Althias.

Batalla de Ad Decimun, 13 de septiembre de 533
Aparentemente, la fuerza terrestre parecía un poco pequeña para atacar a los vándalos, que disponían de un ejercito estimado en más de 30.000 efectivos. Pero el autor era Procopio de Cesarea, un historiador bizantino y biógrafo oficial de Justiniano, que acompañó a Belisario en la campaña del norte de África.

Justiniano aprovechó, o incluso instigó, rebeliones en las remotas provincias vándalas de Cerdeña y Tripolitania. Para distraer las fuerzas vándalas y debilitar sus fuerzas en África. Gelimer envió a Cerdeña de la mayor parte de la flota vándala y una gran parte de su ejército mandados por su hermano Tzazo.

En la primavera estalló una revuelta contra los vándalos en Trípoli (Libia), el ejército bizantino de la Cirenaica avanzó y conquistó las ciudades de Leptis Magna y Trípoli.

Las fuerzas de Belisario partieron en el equinoccio de primavera 533 desde Constantinopla, embarcaron los caballos tracios en Perinto, y siguieron viaje por el mar de Mármara hasta llegar al Helesponto, anclando una noche frente a Abidos. Alli dos hunos fueron empalados en la colina de Abidos, por haber matado a dos oficiales en una trifulca. Partieron de Abidos con un viento fuerte y constante que les impulsó por el Egeo hasta la isla de Lesbos, allí se redujo a casi una calma chicha y tardamos tres semanas en bordear la costa meridional de Grecia. Las galletas que llevaban como alimento comenzaron a enmohecer, y unos 500 hombres murieron a causa de la ingesta. Belisario ordenó un desembarco general en Metona, una ciudad en el promontorio sudoeste de Grecia, allí requisaron pan fresco. La siguiente escala fue isla de Zante. Nuestro viaje de Zante a Sicilia por el mar Adriático se prolongó dieciséis días por las calmas repentinas; era mediados de junio y el calor era agobiante, como resultado, al agua que transportaban se echo a perder, además hubo peleas entre los embarcados.

Envió por delante a su secretario, Procopio de Cesarea, en una galera ligera para que se dirigiera a Siracusa, la capital, y llevara agua y suministros al puerto de Catania, donde se podía anclar con más seguridad. A su llegada a Sicilia, Belisario envió a varios espías por toda la isla para recoger noticias de la situación de los vándalos. En Siracusa encontraron a un comerciante que acababa de llegar de cartago, que les contó que la flota vándala se encontraba en Lilibeum para aprovisionar antes de reanudar la travesía hasta Cerdeña con los 5.000 mejores soldados vándalos, bajo el mando de su hermano Tzazon, a sofocar la rebelión producida en Cerdeña, y que el rey Gelimer se encontraba en la ciudad de Telepte (cerca del paso de Kasserine), y que los generales vándalos desconocían los movimientos de las tropas Bizantinas.

Belisario, al saber esto, embarcó de inmediato su ejército y zarpó hacia la costa africana, hicieron escala en las pequeñas islas de Gozo y Malta. Al cabo de aproximadamente tres meses de su salida de Constantinopla, llegaron al Caput Vada (Cabo Vada, en Túnez).

El ejercito desembarcó lo más rápido posible. Los primeros en desembarcar fueron los infantes, que inmediatamente cavaron una trinchera y colocaron una empalizada protegiendo el lugar de desembarco. Después de la infantería desembarcaron la caballería, los ingenieros, provisiones, etc.

Tras completar el desembarco, Belisario se reunió con sus generales para decidir su siguiente movimiento. Había dos opciones: Una era dirigirse directamente a Cartago atravesando el desierto tunecino en pleno verano, con muy serias dificultades de aprovisionamiento. La otra opción era dirigirse al oeste por la costa, con la flota siempre a la vista para ayudar en caso de necesidad. Se decidieron por esta última opción, pasando por Thapsus (Tapso) e Hadrumetum (Susa).

Inició la marcha precedido por una vanguardia mandada por Juan el Armenio con 300 jinetes bucelarios, que marchaba 4 kilómetros por delante del grueso de las tropas. El flanco derecho estaba protegido por el mar y la flota, y el flanco izquierdo estaba protegido por los 600 jinetes-arqueros hunos a caballo.

El primer día de marcha, los bizantinos llegaron a localidad de Silectos, que tomaron sin lucha, y donde obtuvieron gran cantidad de fruta fresca y otras provisiones, que Belisario pagó a los civiles, ya que estaba terminantemente prohibido saquear, con el fin de ganarse a la población civil.

Al día siguiente llegaron a Hadrumetum (actual Susa o Sousse) a menos de 100 kilómetros de Cartago, acampando a las afueras.

Cuando el rey Gelimer (que se encontraba en Telepte, a 4 días de marcha al sur de Cartago) recibió los informes que indicaban que el ejercito de Belisario se encontraba a solo 100 km de su capital, no perdió el tiempo. Lo primero que hizo fue enviar un mensajero a toda velocidad hacia Cartago, con la orden de hacer ejecutar inmediatamente al anterior rey vándalo, Hilderico, que se encontraba en prisión. Con Hilderico muerto, los bizantinos no tendrían la excusa de afirmar que estaban ayudando al rey legítimo, ya que Gelimer era en siguiente en la línea sucesoria, y, por tanto, el rey legitimo del reino vándalo.

También mandó regresar a su hermano Tzazon desde Cerdeña con la flota y los 5.000 efectivos que habían mandado para reprimir la rebelión.

Después, ordenó a su hermano Ammatas o Amato (que estaba al mando de guarnición vándala en Cartago) que se dirigiera hacia Ad Decimun Miliarium, (décimo hito, que era como el décimo punto kilométrico, en este caso milla romana) de la calzada que partiendo de Cartago se dirigía a Adrumentum, hacia el sudeste, para entablar allí combate. El plan era muy complicado, cuando el enemigo hubiese entrado en el desfiladero, lanzaría un ataque combinado contra él siguiendo tres direcciones de ataque. Mientras Ammantas salía de Cartago y presentaba combate a la vanguardia bizantina, él con el núcleo principal se lanzarían contra el grueso, su sobrino Gibamundo aparecería por las alturas de occidente y atacaría el flanco izquierdo. En aquella época no había relojes para sincronizar semejante ataque.

Ammatas salió de Cartago el 13 de septiembre y llegó antes que las otras dos columnas. Inmediatamente se puso a la cabeza de un grupo de su caballería y cargó contra la vanguardia bizantina de Juan el Armenio y sus 300 bucelarios, que detuvieron la carga vándala con facilidad, obligándoles a retirarse. En la refriega murió Ammatas y otros muchos.

Gibamundo con sus 2.000 efectivos intervino a continuación, siendo recibidos por los jinetes-arqueros hunos, que los asaetaron en la distancia sin llegar al choque.

Belisario, que no sabía lo que había ocurrido unos kilómetros por delante del grueso, marchaba con su caballería en vanguardia, compuesta de los feodorati, y detrás los 800 bucelarios al mando del general Uliaris y la infantería a retaguardia. Cuando llegaron a Ad Decimuin vieron multitud de cadáveres, mientras dilucidaban qué hacer, vieron una gran nube de polvo que anunciaba la llegada del grueso de las tropas vándalas de Gelimer, desde el sur.

Gelimer también desconocía lo sucedido y proseguía su avance, encontrándose con la caballería de los foederati, mandó cargar de inmediato para tomar posesión de la más alta colina que dominaba la llanura. Los vándalos pusieron en fuga a los feodorati, que en su huida arrastraron a los bucelarios del general Ularis, y todos se dirigieron al galope hacia la infantería de Belisario.

De haber iniciado la persecución su victoria hubiese sido total. Pero al encontrar el cuerpo de su hermano, Gelimer retrocedió para proporcionar las pompas fúnebres a su hermano.

Belisario reagrupó sus fuerzas y contraatacó poco antes de la caída de la noche, los vándalos creyendo que la batalla había terminado, habían desmontado y estaban inspeccionando el campo de batalla y los cadáveres que allí se encontraban, mientras Gelimer estaba ocupado en organizar los ritos funerarios para su hermano. Belisario cargó sobre ellos, los vándalos desorganizados, apenas pudieron oponer resistencia, y la caballería de Belisario terminó con la vida de más de 2.000, mientras el resto, con Gelimer entre ellos, huían hacia la llanura de Boulla, en dirección a Numidia.

Al anochecer, los bucelarios de Juan el armenio y los hunos se unieron al contingente principal de Belisario en Ad Decimun, donde acamparon esa noche.

Batalla de Tricamerón, 15 diciembre de 533
Al día siguiente, los bizantinos llegaron a las puertas de Cartago, las tropas vándalas se habían retirado de la ciudad y sus habitantes el 15 de noviembre abrieron sus puertas y fueron recibidos con júbilo. La primera disposición de Belisario fue reparar las murallas que llevaban un siglo en ruinas.

Entretanto, Gelimer se había retirado a Bulla Regia, donde recibió el refuerzo de las tropas de su hermano Tzazón procedente de Cerdeña, con lo que formó un ejército unas cinco veces mayor que el de Belisario. Trató de conseguir que los hunos se pasaran a sus filas, pero no lo consiguió, con esta fuerza avanzó sobre Cartago. En su avance destruyó el acueducto que suministraba el agua a la ciudad. Se detuvo en la localidad de Tricamarum (Tricamerón) situada a 27 kilómetros de Cartago, levantando su campamento fortificado.

Belisario envió de avanzada a Juan el Armenio con 500 jinetes y él con otros 500 jinetes y la infantería partió al día siguiente hacia Tricamerón. Detrás marchó el resto del ejército.

Gelimer sacó a sus jinetes (unos 5.000) y los formó en tres divisiones, la central mandado por su hermano Tzazón, la derecha mandada por él mismo y la izquierda mandada por Gara, los vándalos tenían orden de emplear solo la espada.

La batalla tardó mucho en iniciarse, Gelimer dejó la iniciativa a Belisario. Juan fue el primero que se lanzó al ataque contra el centro mandado por Tzazón, siendo obligado a replegarse. Lo intentó de nuevo, pero fue rechazado. Lo intento por tercera vez, esta vez reforzado con los soldados de la guardia y arqueros, que hicieron retroceder el centro, Uliaris mató a Tzazon de una lanzada, lo que significó que el centro vándalo se partiera.

Eso fue suficiente para que Gelimer, cobardemente, abandonara a su ejército y se retirara al galope al campamento. Toda la caballería bizantina se lanzó al ataque, poniendo en fuga a sus adversarios, que se replegaron al campamento fortificado.

El encuentro de las caballerías no había durado ni una hora, y la batalla campal estaba aún por decidir. Las bajas habían sido 50 jinetes bizantinos frente a 800 vándalos.

A última hora de la tarde llegó la infantería bizantina, Belisario la hizo avanzar hacia el campamento fortificado vándalo. Gelimer, al ver a todo el ejército bizantino montó en su caballo y huyó del campamento, este acto de cobardía provocó el desconcierto y después el pánico entre sus soldados, muchos huyeron en todas direcciones.

Cuando los soldados de Belisario asaltaron al campamento vándalo, encontraron que este estaba plagado de riquezas; desobedeciendo a sus jefes, se dedicaron al saqueo sin respetar ni al mismo Belisario. Sólo al día siguiente, restablecido el orden, Juan el Armenio con su caballería pudo emprender la persecución de los enemigos, produciéndolos 3.000 bajas entre muertos y prisioneros. Durante la persecución resultó alcanzado Juan de Armenia, una flecha le había traspasado el cuello muriendo poco después. La persecución del rey Gelimer terminó por un tiempo.

Trató de huir a España, donde tenía un aliado, el rey de los visigodos. Pero un viento contrario le obligó a regresar a Hippo Regius, y pidió refugio a una tribu de moros amigos en una escabrosa montaña llamada Pappua, no lejos de Hippo y frente al mar. La embarcación con los tesoros cayó en manos de Belisario, que encargó a Faras el hérulo la misión de capturarle. Mientras Faras y sus hérulos acampaban al pie de la montaña e impedían la fuga de Gelimer, Belisario continuó la tarea de capturar y desarmar a los vándalos fugitivos en toda la diócesis.

Reunió a los prisioneros en Cartago y los usó como obreros en, las fortificaciones. También despachó expediciones a los diversos confines del Reino Vándalo, para obtener nuevamente su lealtad, y engrosó su ejército con levas de africanos romanos. Despachó una expedición a Córcega y Cerdeña, que llevaba la cabeza de Tzazo como prueba de que no mentía al declarar que había conquistado Cartago; y otra a Marruecos con la cabeza de Ammatas, quien había gobernado esa comarca; y otra a Trípoli; y otra más a las fértiles islas Baleares. Todas estas islas o regiones se sometieron inmediatamente a su autoridad, excepto en Lilibeum, donde los godos se negaron a entregar el lugar, y ayudaron a la pequeña guarnición vándala a echar a los hombres de Belisario.

Luego, Belisario escribió una enérgica carta al gobernador de Sicilia, reafirmando el derecho inalienable de Justiniano a ese lugar, y amenazando con la guerra si rehusaban entregárselo; pues comprendía que una base en Sicilia sería una garantía contra una posible invasión de África por los godos.

Mientras Galimer al principio rechazó rendirse, pero después de un invierno particularmente crudo, se rindió a Faras. El emperador Justiniano le perdonó la vida y le asignó una pensión de la que vivió decorosa y tranquilamente hasta su muerte, en Constantinopla.

Todas las riquezas de los vándalos, acumuladas durante siglos de saqueo de Roma y sus provincias, fueron llevadas ante Justiniano junto con Gelimer, constituían un fabuloso botín que jamás había desfilado en un triunfo: miles de lingotes de plata y oro, cofres de monedas de plata y oro, y millares de objetos de oro y plata tanto religiosos como de lujo.

El reino Vándalo de África se terminó y sus provincias en Cerdeña, Córcega y las Islas Baleares cayeron bajo el control de Justiniano, que consiguió el dominio del Mediterráneo occidental.

Los soldados sobrevivientes fueron enrolados en el ejército imperial y enviados a servir en la frontera persa; sus mujeres, tomadas como esposas por los combatientes romanos o rebajadas a la condición de esclavas.

El norte de África pasó a denominarse el Exarcado de África con su capital en Cartago, siendo una región en paz y próspera hasta su conquista por los árabes.

Lista de reyes vándalos (asdingos):

Visumar, siglo IV d. C. d. C. Coetáneo del rey visigodo Geberico
Godegisilio (¿?-406)
Gunderico (Gundaric/Gundioc) (407-428), Unión de los Silingos en 417
Genserico (428-477)
Hunerico (477-484)
Guntamundo (484-496)
Trasamundo (496-523)
Hilderico (523-530)
Gelimer (530-534)

IDIOMA.

El idioma vándalo fue una lengua germánica oriental y probablemente muy relacionada con el idioma gótico. Fue hablado por el pueblo vándalo, con sus ramificaciones de asdingos y silingos.


Fuentes:
  • https://arrecaballo.es/edad-antigua/suevos-vandalos-y-alanos/los-vandalos-en-hispania/
  • Wikipedia.



















LOS BURGUNDIOS.

Los burgundios fueron una tribu germánica oriental originaria de Escandinavia.

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Alrededor del 1200 a.C. A la derecha Bornholm, supuestamente origen del pueblo burgundio.


Entre el 500 y el 50 a.C.


Expansión de los pueblos germánicos o protogermánicos:      Hasta el 750 a. C      Hasta el 500 a. C      Hasta el 250 a. C      Hasta el 1 d. C


Distribución de los pueblos germánicos o protogermánicos (entre 750 a. C. y 1 d. C.)

Grupos germánicos en torno al año 1 (germánico septentrional, germánico del Mar del Norte, germánico del Elba, germánico del Wesser-Rin, germánico oriental).


Distribución y expansión de las tribus germánicas o protogermánicas (entre 50 a. C., 100 d. C. y 300 d. C., etapas anteriores a la época de las migraciones o invasiones). Extensión del Imperio romano (en 68 a. C. y 117 d. C.).


Localización de los burgundios a mitad del siglo I d. C.


Tribus germánicas y asentamientos romanos hacia 50-100 d. C.

Invasiones bárbaras. Todos los pueblos señalados, excepto los hunos, son germánicos.


Regiones que ocuparon los alamanes y que posteriormente, al desplazarse al este, fueron ocupadas por los burgundios. (Las fechas señalan los enfrentamientos contra los romanos y la línea negra gruesa, el limes (frontera).


Situación hacia el año 460: el Imperio huno de Atila domina el centro y el este de Europa. Dentro de las fronteras del Imperio romano de Occidente, ya se han asentado varios pueblos germánicos: vándalos en el norte de África, suevos en el noroeste de Hispania, visigodos entre Hispania y el suroeste de la Galia, burgundios en la zona alpina, francos al noreste de las Galias y sajones al sureste de Britania. Anglos, jutos, alanos, ostrogodos y lombardos aparecen marcados en otras zonas.


A partir del año 200 inició una migración masiva hacia Europa central, seguida por los vándalos, hacia Pomerania (actuales Polonia y noreste de Alemania). Luego se instaló en la Galia, entre los francos y los alamanes, a orillas del Rin. La tribu estableció su capital en «Borbetomagus» (actual Worms) y arrebató «Mogontiacum» (Maguncia) a los romanos.

A principios del siglo V, los burgundios se asentaron pacíficamente en la zona del valle del Ródano, en un área entre las actuales Suiza, Francia e Italia, que por ellos acabaría tomando el nombre de Burgundia (y más adelante evolucionaría a la actual Borgoña). En el año 534, los francos derrotaron a Gundemaro, el último de los reyes burgundios, y se anexionaron su territorio tras la batalla de Tolbiac.

Sus leyendas y sagas, base del Cantar de los nibelungos, editado por vez primera en la Edad Media en el Sacro Imperio Romano Germánico, les dieron trascendencia mitológica. Como muchas tribus germánicas, se convirtieron al arrianismo, aunque los católicos dominaron tras la conversión del rey Gundebaldo en 500.

IDIOMA BURGUNDIO.

El idioma burgundio fue una lengua germánica oriental, hablado por el pueblo burgundio desde su supuesto origen en Bornholm, pasando por su migración a Pomerania (actuales Polonia y noreste de Alemania), hasta su establecimiento definitivo en las regiones galas de Burgundia y Sapaudia (aproximadamente los territorios de las actuales regiones de Renania, Borgoña y parte de Saboya).


Poco se sabe de esta lengua. Se conservan algunos nombres propios de los burgundios, y algunas palabras de dialectos actuales de la zona parecen derivar de la antigua lengua burgundia, pero a menudo es difícil distinguir éstas de las palabras de otro origen germánico; no obstante, de la forma moderna de estas palabras raras veces es apropiado deducir mucho sobre este antiguo idioma. Existen muchas especulaciones sobre la influencia germánica que tuvo el burgundio sobre los modernos dialectos franco-provenzales tras la incorporación al reino de Francia de su área de influencia.

POBLACIÓN.
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En tiempos del emperador Graciano, cuando se establecieron en las orillas del Rin, los burgundios eran 80.000 según la crónica de San Jerónimo pero no especifica si contaba sólo guerreros o también a los no combatientes. La primera opción la toma Albert Jahn en su Die Geschichte der Burgundionen und Burgundiens (1874), donde estima que en total debían ser 300.000 personas (80.000 hombres en el Rin, 20.000 hombres quedaron en sus hogares, 50.000 mujeres casadas y 150.000 solteras, ancianos y niños).​ Dominique Jamet en 1996 sostiene que la cifra se refiere al total de personas, fijando en 20.000 en número de combatientes, aunque el se refiere al año 406. Otros cronistas dicen que eran 40.000 a 50.000 guerreros al conquistar los territorios galos donde formaron su reino. Por último, el calculo más bajo lo da Jean Décarreux, quien dice que eran apenas 25.000, de los que sólo unos pocos miles eran guerreros.

Orígenes tribales.

El primero que los cita es Plinio el Viejo, que los veía como una tribu integrante del pueblo vándalos, y luego Ptolomeo, en su obra Geographia, en la segunda mitad del siglo II, los cita como vecinos de los semnones. La primera referencia romana a su procedencia es simplemente el Rin (entre otros, Amiano Marcelino, XVIII, 2, 15), ya que para ellos los burgundios no eran sino otra tribu germánica oriental.

Actualmente se cree que los los burgundios procederían de la isla de Bornholm, ya que, hacia el año 300, la población había desaparecido en gran parte de la isla. La mayoría de sus cementerios habían dejado de utilizarse, y los que aún se usaban tenían pocos enterramientos. El nombre de la isla, en noruego antiguo, es «Burgundarholmr» («isla de los burgundios»), lo que corrobora tal procedencia.

Nicolás Maquiavelo, en su Historia de Florencia, reseña que los pueblos nórdicos tenían la tradición de que cuando la región donde vivían no daba suficiente para mantener a toda la población que había ido aumentando, un tercio de ellos, hombres, mujeres, niños y ganados, junto con sus autoridades, se ponían en marcha buscando nuevas tierras donde asentarse. En el caso de los habitantes de la isla de Bornholm, no tenían otra opción que emigrar hacia el sur.

Las excavaciones arqueológicas en Alemania en los últimos cincuenta años han puesto de manifiesto la existencia de dos emplazamientos burgundios en Germania anteriores a su contacto con el Imperio romano. Se han dado dos explicaciones sobre su existencia:


  • Nuevamente, que los cronistas romanos de las campañas militares no distinguieran a los burgundios de otro de los pueblos germánicos, los alamanes, al escribir sus anales.
  • Que tal contacto no se produjese porque los burgundios se separasen de la liga de los alamanes en el momento en que el Imperio romano estaba debilitándose y en desintegración y ocupasen territorios de las actuales Suiza, Austria, el Franco Condado y los Alpes.

Primeras relaciones con los romanos.


Las primeras migraciones burgundias los llevaron a establecerse en la margen izquierda del curso medio del Óder, aunque algunas tribus llegaron hasta las costas del lejano mar Negro. Más tarde se trasladaron a la cuenca del Vístula, según Jordanes, el historiador de los godos de mediados del siglo VI. A mediados del siglo iii, los burgundios habían estado a punto de desaparecer, derrotados por otro pueblo que habitaba la misma zona, los gépidos, que, encabezados por su rey Fastida, casi los aniquilaron.

Hacia la década de 270 d. C., los burgundios comenzaron nuevamente a emigrar y entraron por primera vez en contacto con los romanos; hacia el final del siglo III, una población bastante numerosa de burgundios había ocupado las antiguas tierras abandonadas de los alamanes a orillas del Rin y el Meno. El pueblo alamán había empezado a desplazarse hacia el este, hasta la frontera del imperio (limes germánico), que atravesaban con cierta frecuencia para hacer incursiones en gran parte de la Galia (hacia el 259/260), hasta que fueron derrotados y se retiraron al otro lado de la frontera del Rin. Durante casi un siglo, no ocasionaron más problemas a Roma, pero hacia el año 352 retomaron las incursiones. Al final del año 367, cruzaron por sorpresa el Rin y saquearon «Moguntiacum » (Maguncia).

En el año 369, el emperador Valentiniano I solicitó la ayuda de los burgundios en su guerra contra los alamanes (Amiano Marcelino, XXVIII, 5, 8-15), pero al final la campaña no se llevó a cabo, ya que los romanos empezaban a ver en la llegada masiva de los guerreros burgundios una amenaza incluso mayor que la que suponían los alamanes. Valentiniano contraatacó en «Solicinium» y, con ayuda de otros pueblos, los derrotó pírricamente, pues las bajas del ejército romano fueron tan numerosas que tuvo que abandonar la idea de continuar su campaña contra ellos. En 374 los romanos firmaron la paz con Macriano, rey de los alamanes, que desde entonces fue un fiel aliado suyo. Los siguientes tres años Valentiniano reorganizó las defensas de la frontera del Rin, supervisando personalmente la construcción de numerosos fuertes.

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Al final del siglo IV, los burgundios expulsaron a los alamanes de la región entre el Taunus y el Neckar y alcanzaron el Rin. Aproximadamente cuatro décadas más tarde, los burgundios aparecen de nuevo en las fuentes. Tras la caída en desgracia y posterior cautiverio y ejecución en Rávena del general y magister militum romano Estilicón, las tropas visigodas de Alarico I volvieron a luchar (406-408) contra Roma, acompañadas esta vez por las tribus del norte, que cruzaron el Rin y penetraron en el Imperio. Entre estas tribus se encontraban los alanos, los vándalos, los suevos y, posiblemente, los burgundios, que se supone habían emigrado hacia el oeste y se habían establecido en el valle del Rin, en la zona próxima a «Borbetomagus» (Worms).

En 436 fueron derrotados por los hunos, perdiendo a 20.000 guerreros y su rey Gundahario.

Cuando el Imperio romano se debilitó, autorizó a los pueblos germánicos a asentarse en su territorio como «federados» (fœderati). Estos pueblos recibían tierras y una parte del impuesto sobre la renta a cambio de garantizar la seguridad del territorio. Entre ellos estaban los burgundios que, a pesar de su condición de foederati, parecen haber tenido una relación tormentosa con los romanos, pues irrumpieron en las regiones fronterizas y extendieron su influencia todo lo posible.

Al parecer hubo a veces una relación amigable entre los hunos y los burgundios. Una costumbre huna para las mujeres les llevaba a alargar artificialmente el cráneo de las niñas mediante fuertes vendajes cuando eran tan solo bebés. En algunas tumbas germánicas, se han encontrado adornos hunos y también cráneos femeninos tratados de esa manera; al oeste del Rin, solo las tumbas burgundias contienen un gran número de esos cráneos.

Los siguientes años vieron el nacimiento del primero de los reinos burgundios en torno a Worms y su posterior destrucción en el año 436. Luego, ya dentro de los límites del imperio, en el año 443 recibieron una región llamada Sapaudia (la Saboya actual y gran parte de la meseta de Suiza) y se expandieron luego a la Burgundia, donde lograron crear un segundo reino que fue el más duradero y el que abarcó más territorio. Este desapareció en el año 534 tras su definitiva conquista por los francos.


















martes, 12 de marzo de 2019

LOS ALAMANES.




Eran un conjunto de tribus germanas establecidas en el curso superior, medio e inferior del Elba y a lo largo del Meno. Fueron mencionados por primera vez por Dión Casio en 213.

Según Asinius Quadratus, su nombre indica que eran el agrupamiento de varias tribus, y significa "todos los hombres":

Bucinobantes
Cuados
Hermunduros (Hermiones)
Jutungos
Lentienses
Semnones y
Teutones.
También se les engloba dentro de los suevos junto con otros pueblos.

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Los alamanes estuvieron en conflicto permanente con el Imperio romano. Inicialmente situados al norte de la provincia de Recia, fueron contenidos por los romanos hasta la mitad del siglo III, tras dos siglos de enfrentamientos. Logran desplazarse poco a poco hacia el oeste para instalarse definitivamente sobre el territorio que comprende una parte de las actuales Vorarlberg (Austria), Suiza, Baden-Wurtemberg y Alsacia.

De esta tribu germánica deriva el nombre de alemán en español y otros idiomas. El nombre de Alamania es la latinización de una expresión en alto alemán antiguo: Alle Mannen (“todos los hombres”), que engloba a todos los pueblos que habitaban esa zona en tiempos de Julio César (teutones, bucinobantes, etc.) y fue transmitido a varias lenguas modernas, como el árabe (ألمانيا), catalán (Alemanya), galés (Yr Almaen), córnico (Almayn), francés (Allemagne), gallego y portugués (Alemaña/Alemanha), español (Alemania) y turco (Almanya), frente a los derivados del latino Germania, como el inglés (Germany). El nombre Germani es la latinización de una palabra en lenguas renanas: Germanen (“de este lado del Rin”), que fue usada por Julio César para referirse específicamente a los eburones de la Galia Bélgica (al oeste del Rin).

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Cronología
213: primera aparición de los alamanes en Germania Superior.
253: los francos y los alamanes invaden la Galia.
277: el emperador Probo libera la Galia y hace retroceder a los alamanes allende el Rin.
352: los alamanes y francos derrotan al ejército romano, toman cuarenta ciudades y se instalan entre el Mosela y el Rin.
378: los alamanes invaden la actual Alsacia.
496: los francos derrotan a los alamanes en la batalla de Tolbiac.
512: fin de la guerra entre los francos y los alamanes.

LOS FRANCOS.

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Origen de los francos.

Los francos (del latín Franci o gens Francorum) fueron una comunidad de pueblos procedentes de Baja Renania y de los territorios situados inmediatamente al este del Rin (Westfalia), que al igual que muchas otras tribus germánicas occidentales entró a formar parte del Imperio romano en su última etapa en calidad de foederati, asentándose en el Limes (Bélgica y norte de Francia actuales). Las poderosas y duraderas dinastías establecidas por los francos reinaron en una zona que abarca la mayor parte de los actuales países de Francia, Bélgica y Países Bajos, así como la región de Franconia en Alemania.

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La palabra franco (Frank o Francus) significa «libre» en la lengua de los francos, ya que los francos no estaban dominados por el Imperio romano ni por ningún otro pueblo.​ Dado que la raíz frank- no es una raíz germánica conocida, se piensa también que podría derivar de frei-rancken (libere vacantes) que significa libres viajeros.

Ferdinand Lot en Les Invasions germaniques dice que solo los salios eran 100.000 a 150.000.3​4​ Dominique Jamet en 1996 dice que los ripuarios eran cerca de 100.000, de los que un cuarto eran combatientes.


Algunos calculan que pudieron ser en total entre ciento cincuenta y doscientas mil personas las que conquistaron un territorio poblado por seis o siete millones.​ Posiblemente solo 30.000 fueran guerreros.​ Según Jean Décarreux ambos grupos francos sumaban 100.000 a 150.000 gentes, con un total de 30.000 guerreros, posiblemente muchos menos.


Migraciones de los francos entre el 400 y el 440.

ORÍGENES. 

Los estudiosos modernos dedicados al período de las migraciones han sugerido que el pueblo franco podría haber surgido de la unificación de grupos germánicos anteriores más pequeños (usípetes, téncteros, sicambrios y brúcteros), que habitaban el valle del Rin y los territorios situados inmediatamente al este. Esta unión podría estar relacionada con el aumento del caos y las insurrecciones acontecidas en la zona como resultado de la guerra entre Roma y los marcomanos, que había comenzado en el año 166, así como de los conflictos derivados de ésta durante la segunda mitad del siglo II y el siglo III.

La primera vez que los autores clásicos de la antigüedad nombran al territorio de los francos es en la recolección de relatos laudatorios de emperadores romanos Panegyrici Latini (Panegíricos Latinos), a principios del siglo IV EC. En esa época tal territorio se correspondía con el área situada al norte y al este del Rin (la Renania actual), con unos límites difusos encerrados en el triángulo entre las ciudades de Utrecht, Bielefeld y Bonn de hoy día. En el citado territorio se situaban las tierras de la confederación de pueblos francos de los sicambrios, los salios, téncteros, usípetes, vindélicos, brúcteros, ampsivaros, camavos y catos. Algunas de estas tribus, como los sicambros y los francos salios suministraban tropas a las fuerzas romanas que protegían el limes (las fronteras del imperio).

En un principio, se dividían en dos grupos, cuyos nombres derivarían, según algunas interpretaciones, de sus asentamientos en torno a dos ríos:

los francos salios habitarían, a mediados del siglo III d. C., el valle inferior del río Rin, en los actuales Países Bajos y noroeste de Alemania. Su nombre estaría vinculado, según unos, al río Ijssel (forma antigua Isala, como otros cursos de agua: Isère, Yser, Isar); según otros, al vocablo germánico «see» (mar), o también al germánico «i sala» (aguas oscuras).
los francos ripuarios habitarían el curso medio del río Rin, y su nombre derivaría del vocablo latino «ripa» (río), en el sentido de la gente del Rin.
Ya en el siglo IX la división entre ambos era prácticamente inexistente, pero durante algún tiempo continuó siendo aplicada en el sistema legal que definía el origen de las personas.

Por su parte, Gregorio afirma que los francos vivieron originalmente en Panonia, pero que más tarde se asentaron a las orillas del Rin. Existe una región al noreste de la actual Holanda (al norte de lo que una vez fue la frontera romana) que lleva el nombre de Salland, y podría haber recibido ese nombre de los salios.


Hacia el año 250, un grupo de francos, aprovechándose de la debilidad del Imperio romano, llegó hasta Tarragona (en la actual España), ocupando esta región durante una década antes de que las fuerzas romanas los doblegaran y expulsaran de territorio romano. Unos cuarenta años después, los francos tomaron el control de la región del río Escalda (actual Bélgica), interfiriendo en las rutas marítimas de Bretaña. Los romanos pacificaron la región, pero no expulsaron a los francos.

Entre los años 355 y 358, el emperador Juliano intentó dominar las vías fluviales del Rin bajo el control de los francos, y una vez más volvió a pacificarlos. Roma les concedió una parte considerable de la Gallia Belgica, momento a partir del cual pasaron a ser foederati del Imperio romano, aunque el emperador forzó el retorno de los camavos a Hamaland (un distrito ahora holandés en la actual Güeldres). De este modo, los francos se convirtieron en el primer pueblo germánico que se asentó de manera permanente dentro de territorio romano.9​ El holandés hablado en Flandes (Bélgica) y Holanda tiene su origen en las lenguas de origen germánico habladas por los francos (ver fráncico antiguo), también el limburgués tendría el mismo origen.

Algunos francos prosperaban en suelo romano, como Flavio Bauto y Arbogastes, militares que apoyaban la causa de los romanos, mientras que otros reyes francos, como Malobaudes se oponían a los romanos dentro del Imperio. Después de que la caída de Arbogastes tras su suicidio en la Batalla del Frígido, su hijo Arigio logró establecer un condado hereditario en Tréveris, y después de la caída del usurpador Constantino III, algunos francos apoyaron al usurpador Jovino (411).

A pesar de ser aliados de Roma —de hecho contribuyeron a defender las fronteras tras el paso de las tribus germánicas por el Rin en el 406— desde la década de 420, los francos aprovecharon la decadencia de la autoridad romana sobre la Galia, para extenderse al sur, de manera que fueron conquistando gradualmente la mayor parte de la Galia romana al norte del río Loira y al este de la Aquitania visigoda.


La invasión de los francos presionó hacia al suroeste, más o menos entre el Somme y la ciudad de Münster (en la Renania del Norte-Westfalia actual), y avanzó por la región parisina, donde terminaron con el control romano que ejercía Siagrio en el 486, y prosiguió hacia los territorios al sur del río Loira, de donde se expulsó a los visigodos a partir del 507.




Gregorio menciona a Clodión (Chlodio) como el primer rey que inició la conquista de la Galia al tomar «Camaracum» (actual Cambrai) y expandir la frontera hasta el río Somme, esto es, su territorio incluiría la región de la Toxandria (en el Brabante actual, entre las desembocaduras de los ríos Mosa y Escalda) y tendría como centro la ciudad y obispado de Tongeren (civitatus Tungrorum), desde donde se ampliaría hasta Cambrai (Camaracum) y el río Somme. Sidonio Apolinar relata como Aecio tomó a los francos por sorpresa, haciéndoles retroceder (probablemente alrededor de 431). Este período marca el inicio de una situación que se prolongaría durante siglos: los francos germánicos se convirtieron en soberanos de un número cada vez mayor de súbditos galorromanos.

En 451, Aecio pidió ayuda a sus aliados germánicos en suelo romano para repeler una invasión de los hunos. Mientras que los francos salios le apoyaron, los renanos lucharon en ambos bandos, dado que muchos de ellos vivían fuera del Imperio. A su vez, los francos se vieron obligados a invadir Galia ante el avance huno de Atila, donde lucharon con Aecio en la batalla de los Campos Cataláunicos. Cuando Atila se marchó, a los francos que se hallaron en posesión de la zona nororiental se les conoció como salios, por vivir a lo largo del llamado río Sala, que es en realidad una de las corrientes del delta del Rin.


Los sucesores de Clodión son figuras poco conocidas. Las fuentes de Gregorio identifican sin demasiada seguridad a Meroveo (Merovech o Merovaeus en latín) como el rey de los francos, epónimo de la dinastía y posible hijo de Clodión. Meroveo fue sucedido en el trono por Childerico I, en cuya tumba, descubierta en 1653, se encontró un anillo que lo identificaba como rey de los francos. Este gobernó un reino de francos salios en Tournai,​ en la moderna Bélgica, como foederatus del Imperio romano.