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miércoles, 5 de enero de 2011

El pueblo de los Vacceos.


Los vacceos pueden ser considerados como el primer pueblo con presencia estable en la Meseta Norte documentada en los tiempos históricos. Su existencia está probada al menos desde el siglo III a. C. Polibio relata —aunque él no fue testigo directo— la toma por Aníbal, en el 220 a. C. de las ciudades vacceas de Helmántica (Salamanca) y Arbucala (Toro, provincia de Zamora).

Los vacceos, el más culto de los pueblos vecinos a los celtíberos, como señalara Diodoro (V, 34, 3) siguiendo a Posidonio, entran en la historia de la mano del historiador griego Polibio (3, 13, 5) quien, tomándolo de una fuente anterior, narra la incursión de Anibal por las tierras del interior peninsular, el verano del 220 a.C., y la toma de las ciudades vacceas de Elmantiké y Arboukále.
En el año 178 a. C. el pretor Lucius Postumius Albinus celebra su triunfo tras la conquista de los vacceos y lusitanos durante su mandato en la provincia de Hispania Ulterior.

Vaceos224.jpg

Fotografía: http://www.pintiavaccea.es/spip.php?article89
Información
IdiomaCeltíbero
Principales ciudadesPallantia Ocalam, Arbucala,Intercatia, Pintia , Rauda, Cauca
RegiónCentro de la Meseta Norte
Correspondencia actualZona centro de Castilla y León(España)
Pueblos relacionadosCeltíberos, ¿belóvacos?



Orígenes y pertenencia étnica.
Los vacceos están habitualmente considerados dentro del grupo de los celtas peninsulares y su origen hay que buscarlo en los pueblos centroeuropeos de la cultura de Hallstatt.

Otras teorías más recientes hablan, sin embargo, de los vacceos como un pueblo de origen celta, perteneciente al grupo de los belóvacos, quienes habrían partido desde el norte de Europa en torno al año 600 a. C. junto a otros pueblos del grupo celta de los belgas, a consecuencia de las presiones ejercidas por los pueblos germanos, alcanzando las tierras del interior peninsular en la primera mitad del siglo VI a. C., junto a otros pueblos como los arévacos (nombre que no significa otra cosa que "vacceos orientales").




En el estudio de los yacimientos se encuentran elementos propios de la cultura vaccea sobre los restos de culturas anteriores (como en el caso del Soto de Medinilla, en Valladolid), donde existen evidencias de poblamiento desde el Neolítico hasta la II Edad de Hierro, es decir, el periodo vacceo), lo que permite estudiar con cierto detalle la evolución de los grupos humanos de esta zona de la meseta, dando paso a la teoría evolutiva de esta civilización.
La valoración de los aspectos culturales relacionados con el sur de España, apenas tenidos en cuenta en las primeras investigaciones, así como los datos que aportan los estudios realizados sobre la ruta interior del estaño, han posibilitado a partir de 1970 avanzar notablemente en el conocimiento de la formación de la civilización vaccea. Actualmente parece probada la existencia de una vía terrestre para el comercio del estaño en la época de apogeo de la civilización de Tartessos. Esta vía coincidiría con la que posteriormente sería utilizada por la Antigua Roma y conocida como Vía de la Plata. El tránsito durante siglos de esta vía puso en contacto a los pueblos del interior con los más evolucionados del sur de España.



Área geográfica.

La civilización vaccea se extendía sobre el centro de la Meseta Norte por ambas orillas del río Duero. Ocupaban la totalidad de la provincia de Valladolid y parte de las de León, Palencia,Burgos, Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora.

El territorio o la región vaccea ocupó grosso modo la Tierra de Campos, los Montes Torozos, el valle del Cerrato y las campiñas meridionales del Duero, un amplio espacio geográfico delimitado al occidente por los ríos Cea y Esla, que actuarían de frontera con los astures; entre el Esla y el Pisuerga una banda imprecisa, aproximadamente por el norte de Carrión de los Condes, marcaría el límite con los cántabros; al este, siguiendo el curso del Pisuerga hasta su confluencia con el Arlanza, se localizarían los turmogos, y aún más al sureste los arévacos; por el sur la frontera con los vettones se halla peor definida, pero se ciñe bastante al curso del Duero con ciudades como Cauca, Colenda, Nivaria y Arbucala.

Actualmente sus fronteras son difíciles de precisar, ya que variaron a través del tiempo. A la llegada de los romanos, los ríos Cea y Esla los separaban de los astures por el noroeste, mientras que la línea que se puede trazar entre los ríos Esla y Pisuerga al norte de Carrión de los Condes sería la frontera con los cántabros. Al este, los ríos Pisuerga y Arlanzamarcaban el límite con los turmogos y un poco más al sur, ya en las provincias de Soria y Segovia, los arévacos eran su vecinos y aliados. Por el sur y sudoeste la frontera con losvetones resulta más difícil de precisar (tal vez la zona de los ríos Trabancos/Guareña). Es probable que llegaran a tomar contacto con los lusitanos al oeste de la provincia de Zamora.

Los Oppida.

En términos generales podemos hablar de grandes asentamientos, cuya extensión ―referida al hábitat residencial principal― puede fluctuar entre las cinco y veinte hectáreas, e incluso alcanzar las cuarenta, y distantes, con separaciones entre núcleos que van de diez a treinta kilómetros, aspecto este último que dio pie para hablar de los denominados “vacíos vacceos”, los cuales han de entenderse no como amplios espacios deshabitados entre ciudad y ciudad, sino como territorio de explotación, eso sí, libre de cualquier asentamiento satélite menor.
Ciudades grandes que, haciendo caso omiso de las sesgadas y abultadas cifras de las fuentes ―como en el caso de Intercatia, en el 151 a.C., donde se habla de 20.000 hombres de a pie y 2.000 jinetes―, podrían, sin embargo, alcanzar valores muy elevados de hasta 300 habitantes por hectárea, lo que para enclaves como Pintia con sus veinticinco hectáreas de extensión intramuros, por ejemplo, representaría una población de unos 7.000 habitantes.
En cuanto al número de ciudades que vertebraría este territorio vacceo, de seguir a Plinio, estaríamos hablando de diecisiete; sin embargo, la arqueología ofrece un número mucho mayor que oscilaría entre treinta y cuarenta núcleos, según incluyamos o no algunos en los territorios más extremos; discordancia que, en cualquier caso, podría explicarse porque algunos de ellos no alcanzaran la romanización o porque únicamente se destacaran aquellos más relevantes.
Un estudio de detalle sobre el modelo de poblamiento permite señalar la adaptación de las ciudades vacceas a la red fluvial, controlando los principales corredores naturales, al tiempo que los páramos y las llanuras arenosas constituyen un freno evidente al modelo económico de sostenibilidad para estas grandes concentraciones de población. De igual manera, se deriva la escasa jerarquización entre estos núcleos que contrasta con otros territorios aledaños como el de los arévacos o el vettón. Se trataría, en suma, de ciudades que controlaron amplios espacios y que muestran tres tipos principales de ubicaciones: en el borde de los páramos, en cerros-testigo y en fondo de los valles en la terraza inmediata al río.

Economía.

La característica más destacada de este pueblo es su conexión con los pueblos del sur de la península, como Tartessos, debido a una ruta comercial de estaño, que sería conocida posteriormente por los romanos como Vía de la Plata, ya que éste era el metal que se importaba desde el sur. Este contacto pudo posibilitar la evolución cultural de los pueblos del interior.

Leer más: http://www.historiaymitologia.com/2010/08/los-vacceos.html#ixzz1ACPEk15C
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Se dedicaban al cultivo de cereales, teniendo incluso excedentes en ocasiones que compartían con los numantinos. 
La bellota era también un producto importante.


También eran ganaderos, de vacas y ovejas.  Con la lana de las ovejas se fabricaron los saga o mantos de lana de que se hacen eco las fuentes, pues sirvieron en ocasiones para hacer frente a los tributos impuestos por Roma ―10.000 de estas capas recibió Lúculo tras su asalto a Intercatia-.
Algunos toros estaban castrados lo que indica que se usaron para carga o tiro. Cerdos y caballos eran menos usados. Existían perros, que en algunos casos se comían.


A ello hay que sumar las actividades cinegéticas; la captura de ciervos adultos proporcionó no sólo carne sino pieles y astas, en tanto que los porcentajes de conejos, liebres u otras especies no parecen haber significado aportes culinarios importantes.




Aspectos sociales.



Evidentemente en la definición del rango vertical los extremos resultan más fáciles de identificar. Así tumbas como la 28, 32, 75 o 109 de Las Ruedas, con las panoplias más completas, incluyendo armas damasquinadas, espadas, arreos de caballo, o servicios de bebida, se situarían en la cúspide, mientras que las llamadas “tumbas pobres” sin más evidencia que los restos cremados, incluso depositados directamente sobre el suelo, estarían en la base de la pirámide social.
Sin entrar al detalle en la reconstrucción de los rangos, tanto en su dimensión vertical como horizontal, resultan especialmente importantes algunos conjuntos dobles como las tumbas 30 y 50 del cementerio citado. Nos referimos a enterramientos sincrónicos que han sido objeto de depósito en un loculus único o común y que, por tanto, debieron de mantener en vida algún tipo de vínculo muy estrecho. Así, en la sepultura 30 una pequeña laja caliza enhiesta servía de separación a sendas urnas cinerarias y sus ajuares y ofrendas correspondientes, cuyo análisis antropológico ha identificado un varón de 40-50 años y una mujer de 18-20. Los diecisiete objetos que incluye el primero frente a los siete de la segunda, de los cuales los elementos metálicos muestran una proporción de siete a uno, nos indican con claridad diferencias de rango horizontal entre un guerrero de estatus elevado y una mujer estrechamente vinculada a él.
En términos generales, los enterramientos de mujeres incluyen fundamentalmente recipientes cerámicos, siendo siempre minoritarios los objetos metálicos, normalmente de bronce ─broches de cinturón, fíbulas, agujas de coser, etc.─. Los niños por su parte, encuentran buena representación en tumbas como la 14, 90 o 127, con una auténtica juguetería, a base de recipientes cerámicos e incluso metálicos miniaturizados ─cajitas, sonajeros, botellitas, parrillitas, etc.─; la riqueza de algunos de estos conjuntos plantea sin reservas el carácter heredado de la posición social en estas sociedades de la Edad del Hierro.
La imagen social del pueblo vacceo transmitida por el registro arqueológico, encuentra cierto apoyo en los autores clásicos, si bien estas fuentes resultan reducidas y parciales con respecto a otros grupos étnicos mejor documentados. En cualquier caso, la confirmación de una jerarquización social se hace patente en la distinción entre equites e infantes. Además, algunos personajes ancianos, como el enterrado en la tumba 28 de Pintia, con varios símbolos de excelencia en su ajuar ─espada, puñal damasquinado, urna cineraria decorada a peine─ evocan los personajes más ancianos descritos por Apiano para Cauca, con su papel conciliador buscando la negociación de la paz con los romanos, en contraposición a los iuvenes en edad de combatir y más proclives al ejercicio de la guerra.



Vestían con lana negra seguramente de cabras salvajes.

Los mayores que habían sido soldados tenían mucha preponderancia en la tribu.

Existía jerarquización social y diferenciación entre equites e infantes, o sea guerreros con caballo y los que no lo tenían.

Al parecer tenían esclavos.


Tumba 28 de Las Ruedas (Pintia)









Costumbres funerarias.


Por lo que a las creencias de ultratumba respecta, el pueblo vacceo desarrolló un triple ritual: uno de carácter normativo o general, basado en la cremación de los cadáveres, y otros dos diferenciales, practicados únicamente a los niños de más corta edad y a los guerreros muertos en combate. En efecto, por lo que a estos últimos se refiere, hace extensivo Eliano (Natur. anim., X, 22) a los vacceos el ritual que Silio Itálico (Pun. III, 340-343) menciona entre los celtíberos, según el cual los cadáveres de los guerreros muertos en combate eran expuestos a los buitres que, al devorarlos y levantar el vuelo, transportarían su alma a los cielos. Los niños no natos o de muy corta edad eran inhumados bajo el suelo de las viviendas; en principio cabe pensar que el diferente ritual y distinto lugar de enterramiento obedezcan a que no eran tenidos todavía por miembros de pleno derecho de la comunidad, pero visto que en ocasiones dichos depósitos contienen en su lugar ovicaprinos, asimismo jóvenes, no faltan quienes se inclinan por considerar a ambos sacrificios fundacionales.
Reconstrucción del puñal damasquinado de la tumba 28 de Las Ruedas






































A la llegada de los romanos a la Meseta, los pueblos que la habitaban, no sólo no estaban en declive, sino que estaban viviendo momentos de gran vitalidad y expansión cultural, es por ello que en principio la conquista fue militar, pero no cultural, siendo la romanización por estas tierras menor que en el Levante, Valle del Ebro y sur de la Península. La romanización, no fue un hecho cultural y militar homogéneo.
Tras diversas pequeñas batallas, en el 154 a.C., estallan las llamadas "Guerras Celtibéricas" las cuales concluyen con la caída de Numancia en el 134. En esta época, la cultura indígena no sólo no se destruye, sino que se autoafirma como respuesta a la ocupación militar de Roma.
En el año 98 a.C. se levantan de nuevo los pueblos celtibéricos y en Roma se produce una guerra civil, tomando partido los pueblos indígenas de la Meseta por Sertorio, pero finalmente, este es derrotado por el bando "oficial" de Roma en 72 a.C. Ciudades como Clunia y Uxama se mantuvieron fieles a Sertorio hasta el fin de sus días. Estas guerras supusieron un punto de inflexión del dominio de Roma sobre la Meseta, ya que estos, los romanos, asediaron y destruyeron con gran barbarie las ciudades, sometiendo vilmente a los pueblos indígenas.
En el 56 a.C. vacceos y arévacos dan sus últimos coletazos nacionalistas, destacando la sublevación de Clunia. En el año 29 a.C. los vacceos se unen en su última batalla a los Cántabros y Astures dando lugar a las "Guerras Cántabras".
Roma tenía la necesidad de cerrar bajo su dominio toda la Península, sólo quedaban libres de su yugo los pueblos del Norte, Cántabros, Astures y Galaicos.
Es así como los romanos, centran todo su poder militar en el norte peninsular. Al principio, todos sus ataques eran repelidos por los rudos cántabros, los cuales, mediante "las guerras de guerrillas" combatían con gran destreza y maestría, conocedores además su abrupto territorio, el cual fue, junto con su gran amor a la libertad, sus máximos aliados en una lucha desigual.
Tales fueron los fracasos de las tropas romanas, que el mismísimo Augusto tuvo que venir en persona a Hispania para doblegar a estos pueblos indígenas. Montó dos campamentos, en Segisama y Astúrica y con siete legiones, atacó por tres frentes. Uno de los frentes cayó sobre los pueblos galaicos, otro sobre los astures, y finalmente, un tercer ataque sitió a los cántabros finalmente, en su última ciudad libre, Aracilum.
La fiereza de los cántabros, era temida por los soldados romanos. El gran error de los pueblos indígenas, fue su desunión y el no haber sido llevados a la guerra por un mismo cetro, aunque conocemos por los historiadores un líder de los cántabros, Corocota. Augusto llegó a poner precio por su cabeza, y Corocota, en un acto que resumía las cualidades de valor de estos pueblo, se presentó el mismo a los romanos pidiendo la recompensa que por el daban.
El geógrafo griego Estrabón, nos relata asombrosas historias de esta guerra: " ...la táctica y el número obtuvieron la victoria final, pero los vencidos dejaron pruebas impresionantes de su amor a la independencia. (...) las madres que matan a sus hijos para que no caigan en el poder del vencedor, el mozo que viendo a sus padres y hermanos prisioneros, los mata a instigación de su mismo padre, el guerrero que invitado a un convite, se arroja a las llamas, la mujer que se suicida después de acabar con sus compañeros de cautiverio, los que se envenenan con el tóxico de hierbas que llevan siempre consigo en previsión de la desgracia, y aquellos otros, más heroicos todavía, desde las cruces donde expían el castigo glorioso de haber defendido su patria, insultan a sus enemigos y cantan alegres canciones de guerra.


Los vacceos fueron en su momento, junto con las demás tribus celtiberas, los que llevaron el peso de las guerras de independencia, primero contra los púnicos y luego contra los romanos.




Fuentes: 

  • Wikipedia.
  • http://www.pintiavaccea.es.
  • http://web.jet.es/vliz/prerro.htm

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